Reflexiones acerca de mis dias en la duela.

Recuerdo que el primer dia de clases en la escuela de danza contemporánea yo llevaba un pantalón negro y una camiseta verde. Ese día hacía un poco de frío. El cielo estaba nublado y mi corazón estaba nublado tambien.
Subí las escaleras que llevaban al salón 17,  el que sería mi salón ese semestre, habían corrido las cortinas y me asomé a ver al grupo que estaba dentro. Unos cuantos desplazamientos y unos giros, y mi amor por la danza y los espejos ya había dejado un poco más atrás a mi tristeza.
Me sentí aliviada cuando entré al salón , me quité los zapatos y entonces entre esas paredes encontré un refugio. Supongo que la historia de por qué estaba triste es importante, pero por el momento es muy fuerte y como ya no tiene un lugar en mi presente, su sentido es nulo y doloroso tambien, aquel hombre vale tan poco, que no diré más su nombre mientras esté viva.
La maestra era pequeña, menuda, de cabellos oscuros y tez morena. Su mirada me impresionó desde el pirncipio, era profunda, blanca, como la mirada de esas personas que parece que acaban de llegar a este mundo. Mientras escuchaba cada palabra que decía me iba convenciendo de que era en ese lugar y no en otro donde tenía que estar yo.
Las clases constaban en un principio en  la concientización de cada parte del cuerpo, cada músculo, hueso, articulación, y en el uso de la respiracón y el ritmo natural del cuerpo para su acondicionamiento.
Algunas veces en la barra, la maestra ponía una música que constaba de un piano y una voz extraña andrógina pero muy emotiva. Cada movimiento me removía el estómago y el alma, y me daban ganas de llorar. Eran los pliés, los brazos en el aire, y todo mi ser frente a mi, en el espejo, con mi tristeza y toda mi historia adentro. No podía huir de mis ojos cansados de llorar o de mi mente cansada de pensar. Las lágrimas salían silenciosas en los ejercicios de piso, de diagonales y de barra. Era mi espíritu el que se arremolinaba y respondía a la armonía de mis movimientos. Por dentro, en esos momentos, no había mucho en mi de armonía.
Los días pasaban, y me dolía el pasado y mis sentimientos estaban oscurecidos, y crecía cada vez más una nueva historia y una nueva alma que enfrentar, que dejar de esconder. Respiraba, mis piernas y mis brazos, mi torso , se estiraban, en el suelo , a oscuras, en clase, yo me repetía en voz baja, hacia dentro, “vas a sanar isadora ” ” tenemos que sanar” “todo esto va a estar mejor algún día”.
En las noches escuchaba música, por cierta razón tenía que dormir bien, pero yo me quedaba en mi cama, moviendo los brazos e inventando canciones de cuna.
Algunas veces escuchaba a los diablos, muy debajo de mí, que llegaban de noche y pasaban de largo como si nada y lloraba.
Y todo pasó, y un día me encontré a mi misma sonriendo por el sol sobre los árboles, o por las flores en los mercados, o por mi movimiento.
La vida se construye a sí misma, es la ley del universo, con las estaciones aparecieron nuevas personas, y desaparecieron otras, y yo era la misma, con mi alegría y mi pena.
¿ Entonces la felicidad vino del cuerpo ? de la belleza de sus formas ? de su danza por el espacio ?
¿ o fue al revés ? la felicidad se descubrió a sí misma, y usó la danza para dibujar belleza?
Un día me levanté muy temprano, puse algún concierto de Bach, y salí de mi casa cuando todavía estaba oscuro camino a la universidad. Me encontré en la calle con ese aroma de rocío que siempre me ha prometido historias nuevas. Y aparecí en una clase de Historia económica donde el profesor Bendesky nos hablaba del excedente económico y yo miraba con detenimiento a mi amigo Diego.
Una hora más tarde estábamos en un café, el me daba un masaje en la pierna derecha, y yo hacía mi habitual táctica inconsciente ( y totalmente ineficaz ) de conquista:  osea ignorar totalmente  al objeto de mi admiración.
Cuando llegué a mi casa ese día, yo era otra persona, pero no lo sabía.
La danza han sido los durimentes donde pasa mi ferrocarril de la felicidad. Cuando estoy contenta bailo a la vida, a la música, cuando estoy triste bailo a la muerte, bailo desgarrada. En la duela de mi cuarto he bailado más veces que en un escenario, con el alma desnuda, para Dios, para mi mísma.
Cuando ya no me cabe el alma en el cuerpo, descalza, mi alma se escapa y me encuentro bailando. Cuando duermo mi cuerpo está bailando en mi mente, si escucho música,
¿ Es que puede el ser humano , ante la belleza innombrable de la existencia, resistirse a bailar ?
Isadora
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5 comentarios en “Reflexiones acerca de mis dias en la duela.

  1. Hola… solo dire me que gusta la forma en que cuentas las cosas, esta lleno de dramatismo, y tambien me disculpo si algo de lo que escribi la ultima vez que platicamos por intenet fue malo o grosero que hizo que me eliminaras de tus contactos, en fin, una disculpa.Cuidate y sigue bailando… au revoir…

  2. Pannicica: örülök, hogy kipróbáltad a lekvárt, annak meg még jobban, hogy átment a meón :)) Az almás puffancs lenyűgözÅ‘, azt hiszem, heti listára kerül :)Csíkos kalácsot már én is szerettem volna sütni, de egyszínű homogén kakaós lett 😦 Nagy duzzogva megettük úgy 😀

  3. A far, FAR better way to do it would have been a ref bump on another ref, maybe by Punk intentionally to prevent Ryback from pinning him, only for Maddox to run in as the 2nd ref. It’d look like he was going to cost Punk again, then do the screw job. Boom, better ending.

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