Nothing just words

La primera vez que besé a un fantasma fue debajo de un toldo verde, frente a un café, la noche oscura y profundamente vieja detenía las hojas de los árboles en sus ramas, el viento no corría,  yo no me preguntaba nada y sus labios eran un libro abierto con decenas de historias acerca de Paris. También en esa ocasión nos conocimos, yo lo observaba desde abajo, y sus ojos y su pasado descansaban sobre su cuello, un cuello delirio, cuello de abrazo soñoliento, camello lejano, arenoso de mis sueños. Cuando desperté comencé mi mañana nunca rutinaria y respiré el aire contaminado pero supuestamente fresco de la ciudad, salí a la calle, me dije a mi misma qué bella es la vida, y atravesando las avenidas con una baguette en los brazos recordé un instante la imagen de mi sueño. ¿ quién es ese francés ?- dije-  y luego me pregunté lo mismo que me venía preguntando las últimas semanas,     ¿ Qué va a ser de mi vida ? ¿ a qué vine a este mundo  ?  y ¿ por que no tengo buena voz ?

El día transcurrió tranquilo, mi música recorrió mi cuarto, el corredor, la sala y la cocina, emocionó la pasta que estaba preparando, vibró un momento en las copas de vino, y me sacudió las ideas, una vez más el beso tibio me desconcertaba, como cuando se sueña un amor muy fuerte y uno queda enamorado todo el día  de quien sea que haya estado en el sueño. Entonces la luz de las dos de la tarde apareció en las cortinas, pidiendo permiso para entrar, y con el aire repentino de las dos y cuarto de la tarde se escurrió hasta el comedor, me acompañó con una copa de vino y un poco de pan con ajo, mientras bebía le platiqué mi sueño, y la música entonces increpó con un grave silencio. Es una señal, pensé, es el silencio! Claro, es la infinita posibilidad en el quehacer artístico, la quietud, igual que en la música donde un silencio vale tanto como una nota o una frase entera, el vacío le da sentido al contenido no hay uno sin lo otro… ese tipo de cosas me asaltaron de repente, y entonces la música volvió a increpar, no es el silencio! – recapacité – es un hombre francés ¡ y entonces el viento descompuso las servilletas y me dijo, Isadora tampoco es un hombre francés, y al voltear mi rostro hacia la botella de vino, envuelta ahora por la servilleta malvada, lo descubrí todo. Es Francia.

 

Mi pierna se acercaba y se alejaba y se acercaba y se aljaba, la rodilla extendida, los músculos tensos, viene y va, se despide y me saluda y un piano repetitivo acompaña el aire que entra a mis pulmones y sale por mi boca. Afuera hace frío. Adentro todo está húmedo, y yo multiplicada doce veces juego a no ser la que soy, y soy cualquiera menos la que quisiera. Mi danza se expresa a través de el brócoli y el pescado, y el ají. Y yo mastico jettés, y bebo pliés, así sobrevivo. Dios, cómo puede haber tanta belleza en un salto ajeno y una quietud propia, hay tanta belleza en las preguntas – pienso – y tan poca certeza en todas las respuestas… Y la clase de danza acaba, era la última clase de danza del ciclo escolar, el final de un ciclo, y el comienzo de quién sabe qué. Todo recomienza una vez más, mis niñas crecen, cada una con sus historias y sus anhelos, miedo a no llegar lejos y a desvelarse demasiado, y no darlo todo en ésta , nuestra función en la escuela de danza, el salón dice Adiós y nadie quiere responderle. Cuando llego a mi casa con los ojos llorosos la ciudad se calma. Decido adentrarme en una de las burbujas de la bañera, una vela sola se apaga, y el agua se enfría. Yo sigo con mis preguntas, por qué una bañera ¿ por qué seguir bailando ?¿ qué hora es ?  y me voy a dormir pensando en aquel sueño indefinido que ya no sé si yo me estoy inventando, enciendo la luz de mi habitación, y no quiero saber del silencio de la noche por que dice más cosas que cuando habla. El piano repetitivo destiende mi cama, me adormecen las letras que sé he de leerme para descansar, poesía, que acompaña y adormece, poesía, mi soledad me extraña. Yo no lo quiero amada, los marineros aman y se van y una noche se acuestan en el fondo del mar. Todo estamos solos me digo. Miedo, ¿miedo de qué? Solo quiero respirarme, y a él.

 

 

Quién es él, ¿ la música me dijo algo el otro día, sí. Quién soy yo? Soy acaso ella, con este cuello diminuto quizá deformado por una desdichada tarde en un Bucatti? No, soy solo yo, aquí, en México, en el 2006, y qué soy? Y quién es él?

Pude defender mis pasos de la rapidez, soy solo yo. Yo, diminuta.  – Y ver que no es más espejismo la llama y ceniza de ayer – y en la alfombra hay huellas de sonrisas, esa guitarra, una voz que me arrulla, ya estoy felizmente solitaria, acompañada. En mis sueños acompañada, a veces los sueños llegan a ser suficiente, llenan el alma de tanto que no se distingue a apreciar durante la jornada. Época que se define a sí misma como el parteaguas de la no definición. Respetar la esencia de la vida es no requerir de etiquetas ni estructuras, cada día, momento, amor, adiós es único. No existe en el lenguaje un nombre para el minuto exacto en que oyendo un acorde me enamoré de un sueño.

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Un comentario en “Nothing just words

  1. mi nena
    la vida nos da experiencias vivas, que nos dejan casi sin fuerza, pero, despues nos levantan y somos mas fuertes que un arbol de cedro…..y seguimos volando tras sus ramas….y llegamos a lo alto, y de ves en cuando nos dejamos caer en pico como el aguila cuando ve su presa…..y de nuevo………prendemos el cuelo hacia lo alto y nada nos detiene
    te quiero mucho

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