Lo que al pañuelo de septiembre pertenece…

La madrugada se despedía.
Yo bailaba en el salón de danza completamente sola. Afuera hacía mucho frío, las calles húmedas apenas descansaban de la lluvia, una luz azúl, ambigua como la del atardecer pintaba mi cuerpo de un pálido indigo.
Sabía, mientras veía que en el espejo mis movimientos eran cada vez más fuertes, que el sol acabaría por salir. Que mi noche profunda tendría que irse, y yo callada, deslizándome como una pluma de ave que se mueve y deja huellas azules — sombras de una mano en el papel mientras se lleva acabo la escritura — me despedía tambien con cada salto, de cada segundo absurdo o trascendente transcurrido sobre la duela
De pronto he caído al piso, en el espejo la broma de mis brazos se convierte en un gesto de agonía, mis manos son las últimas que desfallecen. Luego del recién llegado silencio del cuerpo he comenzado a oír sonidos en el pasillo, algunos llegan a sus clases, quizá soñolientos, con el alma pendiendo de una taza de café, prestos a abrir los ojos a la mitad ella y después de media hora de clase, mañana que se ilumina entre el delirio y la apatía.
ahora que todos despiertan, acostada en el piso que se enfría, quiero dormir. Olvidarlo todo. Dejar a un lado el hecho de haberme vaciado el alma por los pies y los brazos para dejar de amarlo, amando el mundo en un abrazo agudo, cosido al canto ausente del clavicordio.
 
——-
 
martes 7 de noviembre
 
En mi ciclo de cumpleaños esta vez, obtuve aún en la víspera regalos, un reencuentro que no sabía deseado, los mismos besos, dulces, y muchas tardes extrañas y felices. Soy muy feliz. Sonrío incluso al chillido áspero del violín que recientemente llegó a mis manos. Son el amor de mi vida la danza, la literatura, tantas veces la música.
Hoy dibujé una mujer de cabellos enredados al viento. Ya no, y nunca más sobre la jiba de un camello. Luego de mi viaje al desierto, he vuelto como alguien más. Que aprende a respirar al compás de Debussy, y a verter flores en un lecho conocido, y a buscar en sitios desconocidos su destino. Nadie sabe que sucederá conmigo, ni yo.
 
Mi mejor amiga pronto traerá al mundo a un ser de luz. Y a Bruno todos lo esperamos con los brazos abiertos.
 
Y si sienten frío, prendan un cigarro con el fuego de su antipatía. jejeje
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