Entonces nos citaron en un fuerte para estudiar el producto de aquellas radiaciones.

Era un edificio profundo hacia la tierra, de gruesas paredes. Sólo se llegaba al fondo pasando por chequeos cada diez metros de robots, robots que hablaban, el último de ellos me invitó a subir en él, cual si fuera carrito de campo de golf, y me llevó cuatro pisos abajo, en un sótano´. Qué sentido tiene todo esto ? yo me preguntaba, me van a desaparecer como parece convenir a todos siempre. A mi y a los otros que matamos a esa mujer, por instinto de supervivencia, o por la locura que nos causó el encierro de tantos meses. y la visión del monstruo sentado en la silla de observación todas las noches.
Nada tiene sentido, ni la pisina donde esos niños todos hijos de mis recuerdos de infancia nadan contentos. ni el instructor que me pide dejarme caer al fondo oscuro y frío de la alberca, sin saber nadar. Pero me lanzo al agua con mi traje de baño azul, y ya no sé si soy una niña o una mujer grande o yo, pero los instructores dicen que soy fuerte como los demás, más fuerte fisicamente que la población del mundo, y más inteligente. Pero confundida igual.
Mi nombre es Teo, lo he reconocido por que así me dicen, y cuando me ven miradas puras la forma de mi cuerpo es la de una sirena, verdiazul, que flota por los pasillos y los grandes salones de este edificio, colmado de albercas en las salas, las habitaciones, y los techos. y por qué tengo cuerpo humano d emujer no lo sé. y por qué he vuelto a este sitio veintiún años después no lo sé, pero los conozco a todos, como si mi madre soliera traerme cada día uno tras otro hasta el día en que nací. Los demás niños se perderán en el recuerdo o la premonición. En este sueño de martes en la mañana que me desconcierta. Toda la infancia que nadaba en las albercas, nadaba, respiraba con el sentido intacto de ocupar un lugar en este espacio, más especial que la posible idea alguna vez concebida de sí mismos. Ahora aquellos niños son promesas, experimentos de mi mente, compañeros de juego que yo reconocía como iguales en mi infancia, como genios perdidos en este mundo de huecas fieras.
Qué triste me siento, qué confundida, qué adentro del mundo!. Ayer mi padre fue a la marcha de López Obrador, mi madre habría ido si no se lo hubiera impedido el frío, como a mi, como a Diego.
Aún asi, una vez más asistieron cientos de miles de personas.

El resto de mi familia piensa que pertenece a la clase social que se dice panista, que pretende que pretende así hasta el infinito.

Me siento ajena a ellos.

Amo miles de veces más a mis antepasados negros que lucharon cada día de su vida, para hacerse de tierras y poder trabajarlas en el norte de el país. No a la familia mexicana que se pinta el cabello de colores y cree que por ser medio blancos, medio franceses se pueden distinguir mejor de los demás mexicanos. Aquellos que señalan a la gente pobre y dicen “nacos” y que juzgan la cantidad de billetes, la cantidad de diplomas en administración, que ven la marca del coche, que no pagan impuestos. que menosprecian tanto el arte. Ya no sé ni lo que creo. el mundo de las ideas juega conmigo y yo solo me confundo, una otra y otra vez hasta la saciedad. Qué vertiginosos días!
De izquierda he sido y seguiré siendo.
Hasta laVictoria Siempre.
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