El letargo de Andrómaca

No hay tal cosa. No hay perfume de gloria, ni flores de recibimiento. Cuando finalmente gracias al tropiezo caes en el fondo de tus coladeras pútridas, no se ve más brillante el cielo. La sustancia que te contiene es una brea anacrónica, y el origen de todo desperdicio es para el presente una pústula que sangra sin descanso.
Leonora advierte una tormenta con el ligero tono de su voz ahuyentando el silencio.  Antes de levantarse y preparar el café que toma ahora a sorbos cadenciosos junto a la ventana, se revolvió  en su cama con las sábanas y las cobijas, con la batalla de hormiguero que le hacían las ideas, los vacíos en la memoria. No pudo dormir en absoluto. Escondida en la noche, canción eterna resonaba, y las manos blancas corrían, no en las curvas caderas, más ajenas, entonces en dirección opuesta a la del cuerpo. y la nostalgia en forma de cortina llora su viento acento de falta de cordura. Todas las tierras desconocidas, las nuevas aersiones a lo viejo, y la insomne madre que responde, en el sueño, las preguntas del hijo no encontrado. Y el pentagrama engaña, se despejan las horas en la cuna del timpo, con la nana de lobos y lunas llenas.
Antes creía que el coro desconcierto cesaría con lecturas bien estructuradas, historia, lógica, nada de poesía.Pero las palabras nuevas desataron nuevas canciones malditas, y en el conocimiento encontró vestigios que pulsaban, de la historia indecible que quería, sin lograrlo, olvidar.
El amacijo de viajes a pueblos taciturnos, la rosa blanca de todas las mañanas, y los nubarrones humeantes
de la primera juventud. El viaje en tren cuando descubrió sus piernas, y los correcaminos anunciando la noche al lado de las vias. La casa ardiente y los jarrones de cantera. Los gritos desde el fondo de la alberca, y la higuera con luces nocturnas, y las tantas mentiras que quiso no creerse a sí misma. Tda su infancia se perdió en las páginas de un sólo libro deshojado, cuyas letras parecían apenas los ultimos sonidos de una voz que pronunciaba vida a punto de apagarse.
México dejó de ser el país con miles de etnias florificantes, y platillos colmados de paciencia en la historia. Los museos decantaron el dolor.  ¿Qué dolor? se pregunta ella, ninguno, su recuerdo de vidas que no existieron, y volátiles mantos de certeza ensombrecieron el cielo, en parvada de cuervos  vigilantes.
Todo sucede, y se sucede a sí mismo en su cabeza todo el tiempo. no hay mañana ni ayer, es hoy el beso inuscitado frente al coche, y la pena de abrazo último en aeropuertos, y el saludo cordial, ajeno en la cafetería. Y las manos muertas entre sus piernas, y él, que duele tanto en el trino de sus razonamientos. Así asesina la zarza del caleidoscopio el deseo de verter congruencia sobre el aire.
Ella no duerme, ni respira, ama desde la oscura base de hierbas hervidas, que la espera en el fondo de la taza. Ates de la muerte, antes del día.
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