Madeja conductora

Día de cierto hastío, hace dos años, varios libros nuevos en la bolsa.
Calor.
Estoy cansada de caminar en Coyoacán, triste, como siempre, sudando y a punto de entrar a un horroroso café. Veo mis tenis cafés. Los mismos que me había llevado al norte escondidos en la mochila, puestos traía unos delicados trozos de piel y tela de color negro. Iguales a mi sólida e ingenua esperanza del abrazo prometido…. ¿ Qué ensoñaciones viscosas tan rancias y vergonozosamente femeninas.
El día que amanecí sola y vacía, lejos de mi papá y del rancho y la venada que ví bajo la galaxia lechosa del cielo de verano, me puse los tenis cafés y supe que sin aceptarlo, los había llevado para la huída, para correr.
Así que en Coyoacán, con un murmullo incesante de conversaciones en francés en la cabeza, y apenas un café incipiente en el estómago, Le Clézio rebotó al pasado inmediato y rozó el cuerpo que llevaba puestos esos tenis color chocolate. Le Desert se llamaba el texto del cual debía leer un fragmento para analizar y comentar en una clase de cultura francesa.
Decidí entrar en el café superfluo y con televisiones. Recordé la invitación que un amigo me había hecho para comentar una obra de Borges, en el mismo lugar y dentro de unos momentos. Y me tomé dos o tres expressos. el primero en llegar fue un tipo muy delgado y bajito, con ojos muy oscuros. Luego pasaría noches tratando de entender qué había en ellos, en el contraste amargo de su profundidad nocturna y la piel lechosa que los circundaba. Y aún más tarde, luego, más después, posteriormente, me quedaría otras noches viéndolos, tatando de entender… tantas otras cosas. La pregunta de salud, fue: Tu eres Isadora ?
Lo demás es historia. El devenir cambió las rutas, el desierto cobró forma de ciudad, una de las mujeres en la caravana de Le Clézio apareció misteriosamente en mi rutina, y empecé sin darme cuenta a escribir de ella. Luego Ella se apropió de mi vida. Hace poco, como muchos saben, decidí bautizarla. aunque si la nombrara ahora, parecería que es igual si la hubiera nombrado o no. Guiño.
Heme aqui, otra vez escribiendo futilezas. Hago un gran esfuerzo por no dejar salir la idea en forma de metáfora condensada y nebulosa, como acostumbro. Tengo esos viejos tenis cafés puestos. Escucho música que hacía muchisimo no oía. Juan Luis Guerra irrumpe en mi presente con escenas de mi niñez en el norte. Fiestas con música tropical, cervezas, el mundo adulto casi innaccesible, el misterio de mis papás, su perenne misterio… pero la vida gritándome cosas al ritmo del merengue. La alberca siempre llena. Yo imaginando historias creuntas de los amigos y familiares y haciendo gestos a los señores y señoras que me empalagaban con elogios rebuscados, o exageradamente clichés. Repugnantes los dos por igual. Gente insulsa pensaba yo. Pensaba ?
El caluroso abrazo de una vida común de mujer de clase incierta, casas comunes, escuelas pérfidas. el nochorno me aplastaba y era terregoso, pero era mío de cualquier manera.
Por fuera no he pasado de ser una persona ( detesto las definiciones ) ojos oscuros, introvertida, demasiado soñadora, seca y amargada. Al menos hasta la pubertad, cuando las texturas y valles y sos tópicos equilibraron el cuadro, y al menos a la vista era una mujer. Guapa. Cada dia menos cuerda. Más de la mitad de lo que he vivido, ha transcurrido siendo digerido por un tamiz hecho de deseos, temores y fantasías. con el tiempo cuando me empezó a provocar conflictos supuse que sería una especie de sicosis. La creatividad le llamó imaginación, multiformidad de posibilidades desde lo abstracto hacia la concreción. Desafortunadamente, para mis allegados, la definición más asequible ha sido la sicosis, enfermedad, y en mi mente un pegoste de papel con la palabra insane me arranca los vellos de la frente mientras quiero quitármelo.
El día del café insípido y el hartazgo empezó una historia que hace poco llegó a su fin. Atiborrada de literatura y música y cuentos que no han visto la luz, me dije: ” es La Historia ” y oh! bendita, amada realidad. El paraíso y lo verdadero tañían sus campanas ( ya sé, ¿ no tantas metáforas ? ) bueno una más : vi un terreno fértil, me dije; tratemos de sembrar. Entonces ahora pienso… y si lloré demasiado por cosas que nunca sucedían, y tanta agua pudrió la tierra ? Pues es así. Locura no es sinónimo de nada. Es lo nombrable que decimos por que no queremos, ni podemos aún, saber lo amorfo. Era locura, pero sobre todas las definiciones, todos sabemos que se trataba del querido, tormentoso, sin adjetivos: amor.
Una de tantas relaciones sirvió de peldaño para el trampolín que me trajo hasta aqui. Fiebre. Perder el sentido, temblor en las rodillas. Cosquilleo en rincones. Vómito. Vértigo. Hoy vestigio. En años no he terminado satisfactoriamente una sola cosa. O quizá, haya terminado todas las cosas, no terminándolas. O quizá simplemente las cosas hoy, han querido ser así. ASí que el amor y la ternura, y el paraíso, se echaron a perder. Asesiné, con el deseo algo. Siendo yo. O quizá no siendo. Hoy nada es importante con respecto a él. El blanco estrecho conducto información y anhelo, y manos puntuales en el tiempo, su limpieza, el terreno en estricto compás a cuatro tiempos. Devorándose el mundo. Ordenadamente en su propia forma de locura. Él una línea, yo una esfera amorfa. Él linea recta, yo dando vueltas desde el centro, aperentemente en un mismo punto. Fallido intento de opuestos en sincera coniunctions mysterium. CAOS. Golpes. silencios. Deconstrucción. Qué peligroso parece este discurso: la razón y su principio de no contradicción, hoy es espíritu y comienzo de contradictoria razón.
——
Todavía tengo una voz terrible. Camino chueco, Cuando hablo me enredo, peor que aqui. Me enamoro demasiado. Apuesto al vacío. Amo la incapacidad que hace de Apolo, constructor. Siempre nombrará a Dionisos, aferrado al seguro castillo de fierros hecho con certezas, con sus cinco pilares de sentidos. Aunque Dionisos beba y se disuelva oh! perdición!! insanidad!! abismo de lo humano, ha conocido y sido, nada más libertad. Soy error. Desatino.
——
 El día de la pregunta crucial: ( me burlo ) tu eres isadora… detrás de mi fotocpia los ojos negros escribieron: Muerte y Transfiguración de Richard Strauss, también había algo así como una gráfica de barras que mostraba la relación entre la evolución de la conciencia humana en comparación con el detrimento de la importancia del instinto, cosas inversamente proporcionales según no sé quién.  Ese día discutimos el cuento La casa de Asterión, que hasta hoy, comprendí. Hoy pensé en Ariadna, el hilo … el laberinto, la monstruosidad.
Pensé mientras estaba en el seminario en el eterno Héroe mitológico que aveces todos encarnamos. El mediador entre el mundo humano y el mundo divino…
Ahora recuerdo que un día, Hermes volverá a hablarme al oído. Me imagino que algún día futuro, me asomé al hoyo negro de esos ojos, cuando el compás de la muerte se repita en el tiempo, y en un eco que diga que la música es la experiencia sublime que eleva y disuelve el espíritu humano, sentiré comezón en uno de mis pies, y pensaré en que pica el forro de piel de los tenis cafés.
Y pensaré que “cuántas cosas no hay aún afuera allá en el olvido de mi propia memoria, esperándome”. Como los libros cerrados que esperan tan pacientes a que los abra un dia y riegue de silencios su campo fértil de párrafos, para tomar los frutos prohibidos del conocimiento. Y claro, si fuera un texto erótico, el mito se cumpliría más cabalmente, ya que fue el pecado ” carnal ” lo que nos ha lanzado fuera , querido, de nuestro paraíso. … Pero ya estoy malversando la historia. Es lo más fabuloso.
Hoy estoy aún muerta. Me he tardado horas en teclear cada palabra, debido, como es comprensible, al rigor mortis. Si tuvieran alguna pregunta del dolor y de la muerte, pregúntenme, soy mujer. La transfiguración a la que Strauss invita parece todavía lejana. Solamente contigo me veo allá en la otra orilla. Mi mujer del desierto ahora tiene maneras, memorias, es un ser humano que vive, renace y se alimenta, aún desde mi silencio. El desierto es aún su territorio, aunque nunca deja de buscar el jardín que recuerda, que todas recordamos, del que nos queda una llave pequeña, oscura, para volver, entre las piernas.
Es el hilo de Ariadna de sangre? Eres un instrumento amoroso del destino? Si me lees me acompañas en este recorrido, son mis enredos de palabras paredes en mi laberinto. Y la historia es el conductor del hilo, y muero, y recuerdo. Al final está el monstruo, esperando. Cuando cante ante él se morirán los límites. Y tu. Y lo que nos separa. Hoy recordé el secreto, es la muerte la vuelta al paraíso. Y éste está lleno de hermosos laberintos.
Terminé los recuerdos dibujando metáforas. Suena una canción en hebreo que dice : ” How can you stay outside.. there’s a beautyful mess inside.. ” … Rompí las reglas que me había impuesto, y ahora que recuerdo, ese dia no llevaba ciertamente unos tenis, eran unas botas. Pequeño error.
Qué me dijo el venado esa noche en el rancho ? nada que no supiera ya.

 

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Un comentario en “Madeja conductora

  1. Te leo. Te acompaño.
    Podría preguntarte tantas cosas… pero dejo que las respuestas vengan solas. cuando ellas quieran. si necesitas algo, hermosa, toca la puerta.

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