El recuerdo de una carta

Mi querida espiral. Todas las historias que crujían efervescentes sobre el mantel ahora duermen. Todas las cosas quietas de pieles suaves y tersas, como  mejillas de bebé descansan. Afuera los coches silban un rodar de rutas sobre el esfalto. Y el cielo oscuro quieto nos observa, apenas si respira en su expansión de lunas y de estrellas. Nada nos detiene ante el umbral de la inconciencia. Los bastones de hielo y caramelo se agitan en un hondo y pulcro canto de danza somnolienta, los cofres de madera labrada en oros y rubíes, y los sillones de telas de lejanas tierras, con escenas de fista en sus tapices, con patas de quimeras y respaldos de velos de doncellas, todos me miran despertar a la vuelta de este pequeño instante en que te veo, espiral querida alumbrando el silencio con ésa lámpara tuya de cabellos negros, hilos de tiempo, lianas para los balances nocturnos de la concupiscencia.

Eres ciencia y artífice de la verdad oculta entre pesados rieles y registros antiguos de certezas. Esto es aún una secreta historia debajo de las cobijas. Es una historia hecha para los días de frío. Por eso no se cuenta a sí misma a través de las letras, sólo calla y se encierra. Y desde ese hueco insomne de los sueños sonríe al desierto del anhelado abrazo. Quien la escribe tiene los pies fríos y habla por un hilo de voz que viaja en la madeja de una doliente Ariadna que se busca, y que en el laberinto, ya con cuerpo no se encuentra. Las nueces de labios que se encuentran pierden la noche de su espíritu. Haya llá afuera en tu memoria una infinita enredadera, una alfombra de hiedras y de insectos jamás vistos. Tu eres la danza del humo que se enreda en las aureolas tibias que a unas manos rodean, en principio, el hálito vencido de dos amantes en fraternal vestigio de actos elutados, de plácida fatiga sobre el lecho del frío. Y eres al mismo pensamiento un cerca de volutas ligeras que rocían con su amable caricia de vacío la distancia entre idea y exilio y nunca olvides. Bajo las faldas cobras una forma de dunas y desiertos. Y son volátiles nubes de carne las que dejan crecer en vilo el ánimo que como viento, desnuda la risa, la mirada, lo que lleno aún  no está.


Anuncios

Have you been there?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s