POEMA DE RUMI

Hoy me topé con este poema de Rumi que bailé hace muchos años. La nostalgia se vuelve un eco que se pierde, que se va. Pero celebro aún lo transitorio del mundo y de la danza.

 

 

EL DESPERTAR

 

 

En el alba de la felicidad,

Me diste tres besos para despertar

A ese momento de amor.

Traté de recordar en mi corazón

Lo que había soñado durante la noche,

Antes de estar consciente

De este movimiento de la vida.

Encontré mis sueños

Pero la luna me alejó,

Me elevó hacia el firmamento

Y me dejó allí suspendido

Viendo cómo mi corazón había caído en tu camino,

Cantando una canción.

Entre mi Amor y mi corazón

Sucedían cosas que lentamente

Me hicieron recordar todo.

Me diviertes con tus caricias,

Aunque no pueda ver tus manos.

Me has besado con ternura,

Aunque no haya visto tus labios.

Te escondes de mí,

Pero eres tú por quien sigo viviendo.

Quizás llegará el momento

En que te canses de besarme,

Y estaré feliz aunque me insultes;

Sólo te pido: mírame siquiera.

 

Rumi

 

 

 

 

 

 

Hoy por fin aprendí todas las letras del alfabeto árabe, con su caligrafía, mientras las repetía una tras otra y formaba ecos de dibujos y alófonos sobre mi cuaderno caí en un sopor que me llevó a la época en que aprendía a escribir. Vivía en esta misma casa y tenía tres o cuatro años. Repetía cada letra, irregularmente sobre las paredes, un pizarrón, libros y cuadernos. No recuerdo qué pensaba. Recuerdo que mis manos eran muy pequeñas y mis dedos muy delgados y todos los lápices parecían toscos a mi alcance. Entonces aprendí a escribir y con el tiempo la escritura se volvió un habitual cofre de secretos. Escribía en mis diarios desde los cinco años, si deseaba poner algún veneno en el jugo matinal de una maestra, si tenía miedo de que mi papá se fuera, si soñaba con ir al mar y viajara dónde Alfonsina jugaba con delfines. Luego no sé que me hizo empezar a escribir cuentos. A los doce años quería escribir un libro para cambiar el mundo. Quería mejorarlo todo, estudiar política, destrozar la corrupción que tanto me repugnaba. Hasta que me enamoré.

 

Desde entonces empecé a escribir cursilerías. Hoy mientras practicaba letra por letra empecé a construir un caligrama. Y el alfabeto y las olas de signos árabes parecían cantar en silencio. Sé que es posible que sus grafías escondan una música secreta, accesible para quienes tengan un poco de vacío en las venas, y aún sigan viviendo. Me dijeron algo que no puedo repetirme a mí misma. Recuerdo el ruidode las hojas de los libros que leían las personas en la biblioteca. La lluvia coloreando la vida con una húmeda melancolía, unos ojos mirándome, mis ojos cansados viendo al vacío. Y la música. Que venía de todas partes y de ninguna. Cada átomo producía un canto, sensible a los demás. Mi corazón lloraba pero yo sonreía. Estoy viva, me dije. Y continuó la noche. Y la grafía aún se escribe con mi dedo meñique que baila mientras callo. 

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