Narrar eso que no es dicho.

El día que nace de la noche, el agua que cae de la cascada, una notra tras otra que llora la música en el centro. Mi cuerpo que ha nacido de otro cuerpo, y luego, mi conciencia. Y abrir los ojos, desenvolver la vida con las palabras, como si ésta fuera un botón de flor que se va abriendo y nace, y luego muere. Y siempre hacia adelante, envejezco, sigue rodando en caída libre el pensamiento y la luz se ha ido. Cansancio. Plenitud adormilada. Hoy sentí que no tenía manos ni brazos ni palabra. Mi voluntad habita todavía un hueco que desconozco. Pero la sé.

Hace poco estuve en medio de una noche fría, mirando el pavimento con las piernas cansadas. Primero las sonrisas, el ruido, bailar en medio del bullicio de la vida, habitar otros cuerpos, deshabitar la rutina. Pensé que era de nuevo yo. Ahora sí, me dije, yo tal y como soy realmente, sin ataduras, ni reservas, como hace años, puedo ser yo. Y soy libre, y joven y cuántas promesas y gritos y euforias. Y la existencia llena de colores. Y amado reciente olvido.
Horas después me encontré en unos brazos conocidos, mis pensamientos comenzaban y aunque intentara ya no podía hacer una línea de una sola idea no podían terminar.  El mundo me daba vueltas, bocas abiertas, vestidos, manos que se deslizan, reconocerme en otros, la tarea, todo se compondrá, todo vuelve a su sitio eventualmente. No pienses más Isa, te pierdes sin efecto en los laberintos que tú sola te creas. Deja los juicios. Pasaron muchas cosas indecibles, ruidos que no recuerdo, luminiscencias.

Entonces se repitió la escena de hace años. Yo con la cara mojada, el maquillaje corrido, los ojos grandes preguntándole cosas al espejo de un baño vacío. Tenía las manos frías aunque mi sangre corría muy rápido. ¿quién era yo? ¿quién era él? ya ningún por qué cabía porque siempre he sabido que para  esos momentos no hay respuestas. Salí  a la calle escabulléndome de amigos, y supongo que de mi misma también. Tenía en las manos una cartera que no era mía. Cómo había llegado ahi? la abrí: credenciales de una mujer joven, no podía leer el nombre pero no importaba. No pensé en devolverla. Todavía la tengo. Caminé afuera de la casa y me senté en una jardinera, devolví al piso las bebidas, una y otra vez sin pensarlo mientras un tipo desconocido fingía ayudarme y sólo me manoseaba aprovechando la situación ya de por sí patética. Hice caso omiso. Me omití. Se fué. en otro momento, de haber tenido sentimientos habría llorado respondiendo a lo desagradable que era la situación.

Me quedé sentada una hora en el piso. Yo, con un vestido de lana, con lentes, con mi cara de mujer de 18 años. Con la misma actitud que tengo siempre, las cejas levantadas como preguntando algo a alguien. La boca cerrada, las rodillas juntas y el mentón sobre mis muñecas. En mi mente un vacío igual al del estómago que ardía y se revolvía. Tenía mucho frío. Y sed, y no había nadie alrededor. Casi me desmayo. Estuve inmóvil hasta que sin pensarlo me paré y avancé hacia la casa donde era la fisesta. Dejé atrás de mí un charco de vómito y yo espero que una isadora que se quedó ahi con él, en la pestilencia.
Mi habitual dramatismo comparó el frío, el peligro de una noche sola en la colonia roma, la flaqueza de mis pasos y de mis piernas y el dolor con una noche fatídica donde mi nihilismo de entonces me habría hecho lanzarme frente a un coche para no sentir más dolor. Y fueron sólo unos tragos. Algo me hizo desconectar todo juicio y toda interpretación. No pensé palabras.  Algo me hizo pararme, buscar a mis amigos y volver a mi casa, a mi cama, a mis cobijas, y mi pijama. Al cómodo nido que hice de mi cuarto.
El día siguiente fue espantoso. Había olvidado detalles, caras, hechos. Pero tenía en el cuerpo unas huellas invisibles que ardían y se removían y no me dejaban dormir, descansar, nada.

Hay cosas que determinan quien soy. Cosas fuera de mi, asaltos externos, fatídicos y placenteros. Las demás son efecto de mis pensamientos y mis impulsos. Ultimamente parece que no hay diferencia entre los efectos de las cosas que yo provoco y los efectos de las cosas ajenas a mí. Supongo que todas son lo mismo.

La vida es una narración, enunciada no sé por quién. Nos damos vida y muerte con las palabras, y una tras otra se acomodan y aparecen los días, y el tiempo y los porqués. Pienso en el poder de las palabras. Hoy traté de no pensar, no nombré mis sentimientos, ni tuve ideas, muchas. Qué podría contar del día de hoy? o del de ayer, o de todos los de mi vida. Soy Isadora por que me cuento todos los dias quién soy. Nombro las cosas, mi pasado, mis recuerdos. Y se acomodan, en cierto orden que no sé si yo defino. La vida tiene sentido por que se lo doy. Y si no se lo doy, y no nombro y no juzgo, a dónde van a irse mis días? sobre qué terreno plantamos nuestra identidad? en serio en serio soy yo? ésta que escribe ? Quizá todos dudamos profundamente de nuestra existencia. Desde esa parte de nosotros que conoce  desde un mundo donde no hay palabras todavía.

En un mundo donde no hay palabras todavía no importa si lo que se dice es te quiero, o te detesto, o yo soy yo, y tu no eres yo. Desde ese mundo quiero decir cosas, ya no decirme, recordar más bien con la paz de este nihilismo, el olvido de aquello que queremos, fallidamente llamar amor.

Anuncios

Have you been there?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s