Era

 
 
Allí estaba ella con su bastón de lino y sus piernas de primaveras.
En su silente armonía de encuentros había un dejo de despedidas. Hola Dolores, cómo has estado? sigo escribiendo poesía, la novela.. la novela siguió su propia ruta y ahora son varias historias que no tienen que ver, sí es difícil, te cuento que desde que te vi la vez última los meses se van volviendo negros, sí, más negros pero entonces lo que se ilumina se convierte en instante milagroso, imagínate, me he aferrado a momentos diminutos cada día, la hora del té mi escritura, el momento en que el sol se asoma por un rato al escritorio..en todos busco una luciérnaga de vida que siento que he perdido..
 
Sigo escribiendo, – me da muchísimo gusto, recuerdo tus poemas y tus intervenciones, – sabes, nunca te dije como me iba yendo poco a poco mientras visitaba cada viernes la casa del poeta, dejé mi jardín nuevo que apenas si crecía, mientras te escuchaba en tu largo canto amoroso iba cosiendo como una manta de regalo para el hombre que amaba una a una tus valiosas simplezas. Todo para contarle, y ella es tan viejamente sabia y pura y plena, sabes? quisiera que vinieras uno de éstos dias a escucharla..
 
Darás otro taller próximamente? – sí, cada año me invitan, me daría tanto gusto verte ahi, – Me corté el pelo sí, quise ofrendarlo todo para acercarme a un posible final feliz, pero no pasa, las cosas tienen una gramática misterio.. estoy triste sí, quisiera ir al taller pero estos dias he decidido dejar todo, la familia, la vieja mujer que yo quería nunca dejar de ser, ésta ciudad con todo eso. Lo dejo todo Dolores. Nada me queda aqui que no se mezcle con un día de sábanas y risas que hoy nadamás  es llanto.
Es tu visión lo que te hace entender, ya llegan otros, la sala va volviéndose más concurrida, creo, que todos hemos venido a escucharte a ti solamente. Es tu visión de las cosas lo que dejas salir al mundo, lo que te vuelve madre de tantas prosas tan pequeñas, cosas tan simples tan humanas, lejanas de las imágenes vacías que no me llenan los ojos de lágrimas.
 
Has dejado de hablar tu vida, te interrumpen aplausos. Sé que no son las flores ni cómo reciben otros lo que dices lo que te hace escribirte. Es algo más, aquello que me dices es lo que nos salva a ti y a mí de este mundo que aterroriza a tantos. Lo que a todos nos salva.
 
 
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