explicación

En la plaza
 
( fragmento )
 
Las personas pasan como copos de nieve que se suceden unos a otros en la banqueta. Es como una letanía de pasos, ires y venires que el otoño pinta de vestidos volátiles y zapatos de ciudad. La mayoría finje no mirarse entre si. Aqui desde mi mesa en este pequeño hostal puedo ver las secciones interiores de los transeúntes.
 
Ciertas mujeres llevan las pantorrillas desnudas, balancean sus bolsas del mandado en un paciente paso que las lleva a preparar comida, planchar la ropa, sentarse a esperar a que sus vidas se consuman en un servil parpadeo aparentemente predestinado. El sol les derrite la memoria.
Otras mujeres, las más jóvenes, apresuran con fuerza sus trayectos. Listas a acometer el último golpe para el día que se les va, el que ya se escapa, terminar la tarea, sus anhelos de vida se revuelven en un grito incesante de rutinas, ajetreos, sospresas citadinas que no llegan realmente a iluminar la estancia ni las expectativas. Hay hombres ancianos avanzando en este río de gente, los que más escudriño con hambre de saberles, los hombres viejos que regresan a sus casas con las manos sucias de tierra, con una bolsa de plástico que guarda sus herramientas, sus trastes ahora sin frijoles ni nopales que preparó cada mujer cada hija. Usan sombreros que parecen tener casi cosidos al cabello, como recuerdo factible de sus vidas abandonadas allá en la sierra. Tienen los ojos rodeados de piel de cedros y corteza, arrugas insodables, una esperanza que se distingue por ir desvaneciéndose en lo constante. Los pies cansados, las piernas fuertes como casi de atletas. Me gusta verlos cuando no son las siete de la tarde, cuando e temprano y llevan sus camisas planchadas, el cabello arreglado y una férrea voluntad de supervivencia casi inherente a ellos. Pero no me gusta mirarlos a esta hora en que vuelven cansados a sus casas. Hambrientos, con el cuerpo molido por el sol, cediendo el asiento del vagón del metro a una mujer joven y arreglada. Tambien están los jóvenes que estudian, con una mochila que parece cosida a sus espaldas andando como peces que se saben cardumen y no más en este mar de gente de la existencia urbana. Las ancianas que llevan invariablemente una bolsa de mercado y un mandil de cocina.
Los monstruoos habitantes de las oficinas, que observan su reloj y entonces aprietan el paso y la mandíbula. Los extranjeros con sus bermudas caqui y sus backpacks for traveling.
 
Hay un río de seres que se atraviesan unos con otros, cruzan un vistazo, se saben vivos y es todo. A veces ni siquiera se plantean que efectivamente están vivos. Cansados que se tropiezan con uno que otro enamorado que observa el mundo como un jardín pleno de promesas y frutos.  Así se escucha el fresco crujir de las suelas sobre el asfalto, en un prudente gesto de miles de solitarios que hacen la música de este sitio a las cinco de la tarde. Empieza a llover, se acaba el transitar de las personas frente a la puerta del hostal.
 
Sentada en esta mesa no me queda más que observar al hombre que se sentó al fondo en la última mesa. Levanta su mano para llamar la atención del mesero, se quita su saco, pasa una mano por su frente y me pregunto, ¿ Cómo detengo las imágenes que vuelan todas al rededor suyo ? Lo que lleva en las manos, la página donde se ha quedado en el libro que ahora pone sobre la mesa, la razón por la cual ha pedido un  café express, su rostro preocupado, sus treinta años bien dibujados en los pliegues de su camisa, ¿ Cómo habrá sido su infancia ? ¿ Cómo será su muerte ? ¿ Tendrá hijos un dia ? si está casado con alguien y no lleva hoy su anillo en el dedo de la mano será por que está molesto, por que tiene un affair con alguien más. Qué pesado casarse seguro se pregunta si no habría sido mejor no preguntarle: Lucía te quieres casar conmigo ? y solamente un dia vivir juntos y entonces, hace tres meses cuando se dió cuenta de que el amor era ya sólo un recuerdo todo hubiera sido menos complicado. Abogados, familia, compromisos. Renta. Como sea tiene cara de hombre triste. O soy yo la triste.
 
¿ Es posible que no me vea obligada a escribirle una historia, otra, si cuando se levanta de la mesa y me mira y sus ojos se vuelven ventanales ? si tiene alrededor nubes de escenas y secretos, espíritus que rondan su memoria. Debo fingir no verlos.. y callar. O todos pensarán que me he vuelto loca.
 
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Un comentario en “explicación

  1. Interesante… Muy interesante escrito, Me recuerda, por su estilo de descripción, a un viejo cuento que leí hace años de Gibran J. Hace que recuerde mis tiempos de antaño con tanta facilidad, que me asusta.. jaja.
    Saludos!

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