De la existencia de los ecos

http://es.youtube.com/watch?v=fsO-FTWewlI

Estaba en el piso, encogida y cansada y dijiste que había que agradecer al mundo por mantenernos envueltos en el aire. Antes nos hablaste del vacío, dijiste; duele, lo sabemos y lo palpamos, pero nunca deja de ser nuestro y por eso es hermoso. Me corregías los pies que se tornaban rígidos. El suelo se empujaba con los pies para elevarme, abrir los brazos era abrazar el espacio, y la columna y la mente y la tierra se volvían un: como es arriba es abajo.

Cada vez que te veía debo reconocer que tenía un nudo en el estómago, como una frase gigantesca, inaudible, anudada. Yo estaba tensa, erguida hacia ningún sitio, cuando me veía al espejo había detrás de la belleza que creía reflejar un alma que lloraba y se revolvía. Abre, acepta, corrige, esfuerzo. ¿ Bailar para qué? ¿ Bailar para quién ? Bailar el universo me decías, respirar, sentir las uñas en los dedos de las manos que eran mías, y la textura del piso y el desnudo cuerpo que adelante de mi hacía una secuencia.

Abrazar a un compañero no era rodearlo con los brazos, era cubrirlo con un manto tibio, conciente de sí mismo que era un cuerpo.
La danza apareció en el hombre cuando fue necesario hacerse de una identidad comunitaria. Algo que en lo colectivo dotaba de sentido al individuo al observarse a sí mismo, y reconocer su historia en el otro. En el mismo ritmo, casi un mismo cuerpo, así ya no había separación, el paraíso jamás había sido abandonado si quedaba un resquicio en la memoria de haber sido juntos, todos, una vez un mismo corazón latiente.

Un día de otoño salí a la calle a caminar y pensé sólo en el sol, y puse profundamente el aire en mis pulmones. Con el tiempo aunque llevaba cada vez más adentro un terrible conflicto, empecé a caminar sintiendo en el vientre un músculo que no sabía siquiera que existía. Tenía miedo como habías previsto, un miedo tan grande que era imposible verlo. Por eso cuando todos contaron sus temores yo negué el mío, como cuando tienes frente a ti una montaña tan grande que no notas dónde empieza y dónde termina.

Era un paralizante miedo ante la danza de la vida. Terror hacia el eterno movimiento. A ser quien soy. Y desde esa parálisis pasaba por mi rutina como desapercibida. A veces me aturdía la quietud de ciertas secuencias. La ligereza que parecía más falta de rigor y disciplina que trabajo alternativo del cuerpo. Pensaba sólo en mi, en una persona que desconocía, buscaba tu atención y tu aprobación, un contacto, una palabra cualquiera aún en contra de mi orgullo que me hacía fingir no atender a tus reflexiones. No bailé la última coreografía, pensé que sola haría una danza más limpia y más directa. Como si así pudiera mostrar a todo el público algo, lo que fuera. Y así bailaba pensando en la cáscara y la imagen del movimiento. Solamente la recepción era importante. Cómo pensar en una ejecución cuando no puedes ver quién es el ejecutante ? A veces bailando tenía ganas de llorar, bailaba a algo que tu tenías enfrente, una especie de enorme observador amable ajeno a todo juicio. Pero llorar habría sido mostrarme débil ante la falta de rigor y precisión que tanto criticaba. Y si mostraba incongruencia en mis actos, eso sugeriría incongruencia en mis pensamientos, quienes  se encargaban de determinar mi identidad, y si había un error en ése cálculo.. entonces ni yo misma sabría quién era yo. Y conocí la danza con el corazón roto, y el alma llena de orgullo.

Me fui sin despedirme de ti el último día. Con el tiempo me di cuenta de que estiraba la pelvis y el vientre al caminar, cuidaba mi postura mientras viajaba tomada de un tubo del metro, alineaba la espalda, dejaba caer los brazos, cuidaba cada paso que daba por las calles, y aveces en el piso de mi cuarto me quedaba acostada por horas pensando en un diminuto hueso de mi cuerpo y las cosas perdían y recobraban su dimensión incluyendo mis brazos, mi torso mi cabeza.
Empecé a pensar el tao de los alimentos, a conferirle un tiempo y un espacio casi sagrados a la comida, al baño, al sueño. Dejé de ver la danza como un espectáculo de belleza y de modelos. Un dia pensé que todo en el universo era danza, como la música de las esferas, en un incesante movimiento. No volví a bailar pensando que cada movimiento hecho con el alma podía ser bello.

He seguido cerrando los ojos por momentos para sentir las sangre correr por las venas. He bailado otras veces frente a espejos, pensando en la belleza, sintiéndola o buscando en ella un discurso, algo siempre para quien me estuviera viendo. He pensado en ti y en todas tus palabras, y me doy cuenta de que todas han hecho una especie de eco en cada dia. Decidí escribir esto por que hace un rato estaba oyendo a Wim Mertens, y miraba hacia un punto intermedio entre yo y el espejo, y no había nada sin embargo algo me miraba. A mi que ahora dejo atrás tantas cosas que me pudieron parecer alguna vez muy bellas,  que luego de que tantas máscaras tan cómodas se me fueron cayendo y me pensara ya perdida en el cuerpo de quien una vez pensé ser…algo me observa mientras apenas si muevo uno de mis pies con la certeza de ser alguien que habita en lo incierto, quizá, en lo errático, unos centímetros apenas y me veo bailando con una verdad apenas descubierta, simple y perfecta.


Todas las verdades viven adentro, la respuesta habita amorosamente en la pregunta.

A Beatriz, gracias

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2 comentarios en “De la existencia de los ecos

  1. Vaya… Me encanta esa especial atencion a los detalles, nada mejor para empezar una larga noche que leyendo vuestros escritos… Supongo esta de mas adularos, ya que me he dado a la tarea de hacerlo durante los ultimos comentarios… je.
     
    Saludos!

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