Oficio

Llevo ya varios días aquí en la capital.
Hoy salí en la mañana y encontré la ciudad abismada, no sé si exista esa palabra. Me había levantado muy temprano con el ruido de mis papás hablando por teléfono y yendo y viniendo de un lado a otro. Desperté al final de un sueño absurdo, como todos, en donde yo estaba en un aeropuerto e iba al baño ( seguro si tenía hartas ganas de ir ) y en el lavabo encontraba un el viscoso de color rosa que ponía al sol y al que le recitaba una oración con la que cobraba vida. Se volvía una masa viscosa más grande y se alejaba por la cañería como agradecida.
Luego al subir al avión en dirección a Istambul, nos informaban por los altavoces que en varias ciudades del mundo una masa rosa gigante se estaba dedicando a comerse a las personas. Tambien andaba en el mar y se tragaba los barcos. Yo me quedaba callada y me sentía muy culpable por haberle dado vida, y de Istambul me iba en tren hacia el Tibet, donde en una ceremonia el Dalai Lama me daba un beso en la frente. Ahi tambien estaba Valeria y alejandra y otras amigas de las que nos parecemos todas.
Desperté casi con risa por lo abusrdo de mi sueño. Y Empecé a oír a mi mamá hablando por teléfono, a las siete de la mañana, diciendo palabras como cerco sanitario y zona de riesgo. Me paré a escribir lo que se me ocurría, me bañé, tomé un cafecito y concerté las cita de “trabajo” de hoy.
Cuando salí, la avenida que colinda con la calle de mi edificio estaba en su diaria transformación a doble avenida con puente y sin árboles.  Ví al guardia de la notaría que siempre saludaba y no me reconoció. No lo saludé, me puse los audífonos y caminé hasta llegar a mi destino.
La gente llevaba unos tapabocas y andaban como de costumbre serios, apresurados y nerviosos. El tráfico era menos pesado, pude disfrutar un pcoo del ritmo y los cruces. Iba oyendo a Piazzolla y me sentía feliz. Luego me contaron que la influenza, que las clases y las congregaciones estaban suspendidas hasta nuevo aviso.
Me vale madres, seguro es un ardid del gobierno y mañana nos enteraremos de una recesión peor, o de un golpe militar o de un aumento o venta de algo que antes era o gratis o público.
Me encanta este país surrealista, y mientras me disfrazo me veo ya guiñándole un ojo a Breton, llegando al cielo infernal de los tartistas con mi falda rota y borracha de vino, diciéndole; hola André, creo que estoy muerta, o más viva que antes, o sigo en el mundo de enmedio de los dos mundos o peor, me siento un poeta. Antes antes antes de dejar la carrera, la casa, mi pelo y todo eso, tenía una cosa llamada prudencia ( no en gran cantidad ) reserva, respeto quizá, hacia ciertas cosas. Ahora luego del viaje y los cuentos y los títeres, y el mar que a Ethel también le habla, creo que he perdido toda cordura y sigilo.
La ciudad estaba hecha una polenta de smog aderezada de ruido y construcciones incesantes. Hoy el día me recuerda lo que relata Saramago en su ensayo sobre la ceguera. Quieren poner un cerco sanitario ( o para estas horas ya lograron ponerlo ) y no se recomienda reunirse ni asistir a lugares llenos de gente. cunde el miedo y la inseguridad, hay por ahi gente enferma de un virus que se come los pulmones, no es súper poético?
Y luego me vienen a contar de ficción, de poner lo pies en al tierra, de ser cuerda y sensata… y yo me pregunto, ser así, para que? para qué planeta ? para qué ínfimo resquicio en el nudo de dimensiones y mundos posibles? el orden apesta
al carajo la cordura
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