De la vigilia en el entendimiento

 
¿Cómo le haría esa mujer que respira en otras lenguas para dar aliento a quien tan lejos se transforma y se quita las cáscaras? Hace muchas decenas de años una mujer sabía que hacer al respecto, cuando del otro lado del mundo mi amigo llora y se va muriendo por capítulos.
 
Por otro lado, ésta ciudad esta llena de influenza. Me encanta decir eso. Suena bien, armonioso.
 
– Ya sé que vas a explotar. Rompe cosas, respira. Si atraviesas calles corriendo fíjate a los dos lados…
 
Hay una pieza de Anouar Brahem, La nuit des yeux. Es una pincelada con color Kora y lienzo de Túnez. El laúd parece una cascada que apenas va naciendo y deja entre ver en su caída una mañana pacífica. La melodía se va desbaratando y multiplicando en otras melodías hijas.
Como el cuento de un anciano que relata pausadamente con una sonrisa una pequeña historia de simplezas. Los argumentos suavemente se van dando paso en medio de imágenes y ruidos de arena. La conclusión se pierde en la belleza de la música que emerge de sus labios. Y no está cantando.
 
Y la música sigue, pareciera que relamente no hay nada importante qué decir. Como hoy conmigo. Pero en la canción la melodía perdura y se convierte, y se retoma a sí misma. De pronto aparecen al mismo tiempo todas las cuerdas, y la habitación se ha llenado de otras predes lejanas y de otros pies descalzos que me recuerdan los besos frente al mar. Y todas las historias de Turquía, Istambul y la gracia de las apariencias.
Por ejemplo mientras canta el laúd quisiera decir a aquel que vive en una constante ofrenda hacia los dioses que el Dios verdadero no pide ninguna ofrenda. Que los misterios de la vida no se resuelven mostrando un paisaje nunca antes visto, unos ojos lumínicos ni un portal milenario. La maravilla está donde menos se la busca, pues es tan real y concreta que no necesita ser buscada allá afuera.
 
Hace unos días visité la que será mi nueva casa. En la sala vacía había una fotografía panorámica de Estambul. Ningún mueble. No dije nada. Pronto todo, de nuevo cobrará nuevas formas. Mis almas compañeras lloran algunas. Y allá tan lejos. Qué dificil es saber que alguien sufre y no se puede star ahi para abrazarlo y darle todas las frases vacías de certezas y llenas de cariño que necesita. Tengo miedo a las muertes que no producen más vida. Las hay.
 
Anoche soñé que había una ciudad perdida en el desierto de México, yo llegaba en una camioneta y el aire estaba lleno de polvo.
 
-Uy la cascada tomó otra dirección y ahora parece que se sube a una montaña.
 
Buscaba trabajo en un edificio. Estaba triste por que me había casado y la noche de bodas él había desaparecido y lo encontraba en una tienda berebere siendo velado. De todas formas no era el indicado -pensaba . Me disponía a hacer de niñera mientras escribía mi novela, que por cierto tenpia que ser publicada antes de mi muerte que iba a ser pronto – by the way- ( éstas epidemias sólo encarnan el generalizado temor común a la muerte de nosotros los humanos urbanos ).
Encontraba la casa de una mujer lesbiana que tenía un hijo pequeño, a quien yo me encargaría de cuidar. Con el tiempo me daba cuenta de que de su boca, mientras ella  hablaba salían bocanadas de humo café. Su voz era chillona y era como si todo el tiempo dijera cosas falsas, cada vez que me hablaba, aunque el humo representaba su falsedad, me abrazaba y me veía con ojos de compasión. 
 
Ella era capaz de hacer aparecer con magia juguetes para su hijo. Siempre rodeada de flores y objetos y mujeres. Cuando se enojaba hacía caer gotas de sangre del cielo, y de los muros salía un líquido verduzco muy tenebrosamente. Yo por alguna razón no tenía miedo. Un día me había pedido entrar a su casa por una puerta secreta, desde la calle habia una ventana que daba al sótano, se suponía que yo no tenía las llaves y debía ir a dar de comer a su hijo, y cuando entraba en el sótano había millones de libros agrupados por épocas, como atesorados y venerados. Algo de ese lugar me empezaba a parecer horrendo y sentía coraje y odio. al final decidía irme, no sin antes soplarle hasta que se alejaba el salmo 23. Lo recité en sueños y ella se volvió una voceita chillona todavía, tan sabia, tan hermosa, tan falsa y endiablada.
 
El diablo ni existe, y si existe, ha de ser mujer…
 
Espero a que vengas, o a que en un punto todos coincidamos, aunque no sea al mismo tiempo. Esperoa que pronto vengas a mi casa y veas las pinturas que aparecen poco a poco en los lienzos gracias a tus palabras. Y a tus pinturas y a tus cortometrajes y tus marionetas. Y tus investigaciones acerca de Dios.
Me contarás de tus viajes y yo te contaré del mío.
 
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