Nunca volveré a escribir mis sueños.

 
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Empieza con un silencio apacible, luego se va formando de redondas palabras prounciadas lentamente, cada una más curva que la otra, y envuelta en sí.
A veces es la luz que dice cosas con sus trayectos.
El sabor de las frutas invisibles de la carne.
Los animados dormitares de los hombres maduros en sus camas.
 
Puede ser todo, cualquier cosa, un ritmo se apodera de los dedos, ya no importa mi nombre, ni mi historia, frente a mi las palabras se van acomodando. Unos llaman a ese quehacer poesía. Otros prosas idílicas, le escarban por debajo de las letras, la comezón les llama a atiborrarse el cerebro de acotaciones, para forjarse un nombre y un sabio mundo de alusiones y borboletas de páginas y pies de página y argumentos.
 
Yo no tengo más que unos cuantos días de soledades, de sonrientes incertidumbres. La vida que señala caminos y tropiezos algunas ocasiones se voltea, me mira discretamente, me susurra cosas en las manos, y yo la miro muy quieta, para no espantarle la vista que me posa en los pensamientos, y dejarla abrazarme sin órdenes ni cuentos.
 Me quedo callada frente a tí, diciéndote todo con las manos. Te hablo para que escuches el ruido sabio de mis silencios cuando me voy muriendo complacida, y me extingo en las sábanas tibias de la noche. Parece que conozco lo que piensas, y escucho incluso los sonidos que hace tu sangre al correr por tus venas. Sabes que sé que estas leyéndome, y ya desnuda de toda explicación te dejo seguir con tu misterio y tus diarios anonimatos.
Pero me sé tu barba y tus preguntas de memoria. Y tu llanto escondido de todos los días, bajo ese manto de caricia y agradecimiento con que miras un color verde en otros prados. Sin querer desmenuzo tus paredes, te encuentras tan insolitamente desprovisto de palabras, no nombras tu pasado, ni tus sueños, a tu presente le adjudicas un aire de canción y solamente somos viento.
 
Me anticipo, sin darme cuenta me resbalo al futuro, te sé pensándote una vida que avanza. No noto que tu cuerpo que cada vez se hace más y más delgado me calla tu verdad mientras te vas muriendo. Así de frágiles somos y vivimos, la hora azul nos trastoca los espíritus.
Yo te quería escribir un cuento, algo esta tarde me ha dictado otra cosa. Nunca sabemos en qué van a devenir éstos intentos de narrarnos una historia que no cabe en los cuadernos de ésta lengua.
 
 
 
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