Más locura

Algunas veces, -he de confesarlo- sí me gustaría no sentirme como una loca. Por ejemplo en los días malos, que cada vez van siendo menos entre los buenos, cuando me levanto y me doy cuenta de que mi cabeza no logra concretar un sólo razonamiento, y empiezo a escuchar frases sueltas y a pensar escenas con imágenes, muchas al mismo tiempo como si se observara un panal de habitaciones con personas distintas en cada una teniendo diferentes conversaciones. Cada objeto que veo en mi camino desde la cama a la regadera.. luego mientras me visto, los perfumes, las formas, la intensidad de la luz, el ruido que entra por la ventana mezclado con mis esperanzas en el futuro y mi convicción de que pronto todo va a cambiar, la rutina, los nombres, la ciudad. La compañía.
El olor del café me revuelve las ideas, pienso en todas esas veces que he bebido café, en los zapatos que usaba, los lugares a donde he ido, el sabor amargo de algunos recuerdos hoy dulcificados, cualquier sonido llega y me arrebata de mi ensoñación, no puedo ni quiero detenerme, si camino, mientras esté en continuo movimiento no puedo angustiarme, así que atravieso las calles y llego al parque y empiezo a dar vueltas hasta que todos mi sonidos nternos de pronto se arremolinan y me aturden, y empiezo a correr hasta cansarme y sentr el corazón a punto de salirse por mi boca, hasta que se me ocurre que slamente soy un cuerpo más que se fatiga y respira, y caga, y cuya sangre corre igual que en todos los demás cuerpos..
Aunque si pienso en cuerpos comenzo a escuchar un salpicar agusanado de fluidos golpeteos de una piel contra otra piel, labios que se humedecen, sudores mezclados, gases internos, esporas de piel dramaticamente enviadas a la atmósfera que tantos compartimos, así como compartimos tantas cosas.
Se siente como si tuviesen que vomitarse millones de palabras.
Aunque me pregunte a mi misma para qué, tanta frase y tantas líneas escritas, y ésas que nunca nadie ve ni espero que lean. A dónde se va tanta narración? Es muy cansado, así; dos días sin detenerse pensar y repasar la última semana, las texturas hermosas y las nuevas voces extranjeras protno cercanas a volverse unas más familiares, familia, grupos, rebaño, granjas.
Palmeras, dátiles, azucenas, rompevientos, cursos.
Sábanas nuevas, personajes, clavicordios de antaño. Seguro hay por ahí un poco de miedo, después de todo es conmigo, una demente desquiciada capaz de gastarse todo, y abandonarlo todo y lanzarse a una búsqueda de algo que no sabe qué es.
Me gusta cuando se hace noche y escucho los coches allá afuera, y está fresco. Y cuando termino un texto, un poemita, un cuento y me emociono no sé porqué y me salen lágrimas. Y cuando preparo el agua para el té y el café. Cocinar para alguien. Dibujar rostros. Desahogarme aqui. Encontrar caras cocnocidas en la calle por coincidencia, carcajearme por bromas estúpidas con Valeria, ver a las personas en la calle formando rios de gente. Mirar por la ventana de un avión.
Cambiarle el lado a la amohada cuando se vuelve caliente. Encontrar nuevos libros que termino de principio a fin sin detenerme. Recordar que tengo dedos porque me duelen, por escribir y porque sigo comiéndome frenéticamente la piel que está cerca de las uñas.
Me gusta cuando hablo con alguien en el parque “el parque” y sentados en el kiosko donde jugaba de niña abrimos el corazón y dejamos todo al descubierto. Toda la fragilidad y aquello que nos hace ser humanos. Me gustan mucho los silencios. Imaginarme con cuerpo de anciana muy arrugadita que mete sus manos en una caja llena de cartas y recuerdos. Ver películas románticas con mi madre y suspirar las dos al mismo tiempo. También me gusta reírme por horas hasta que se me olvide de qué me estoy riendo. Y llorar por horas también hasta que sienta que lloro incluso por aquellos que contienen el llanto y no pueden, ni quieren abrirse el alma y dejarla bajo el sol.
Y creo que si me gusta también sentirme una loca, en mi pequeño mundo hecho de ojos y colores y música. Hasta hace poco descubro que ese universo propio, lleno de rincones oscuros y luminosos, y de simplezas, también se puede compartir. Y no hay nada más hermoso que eso.
Ya me siento mejor.
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