el pájaro maldito

No resulta dificil de creer

se desbocan erguidas tus palabras
y tus explicaciones, la causa y el efecto
en tu tan admirado contrapunto.

pero no miras cómo
caes en eso que piensas la antítesis de tu deseo.
Lo ejemplificas mejor que ese reporte específico que entregas,
día a día ante el verdugo comedor de corazones.
Te comieron el corazón,
te queda un leve palpitar de noches excitantes,
un parpadeo de voces femeninas
que anteceden al aplauso, al interno, al número.
A veces me das miedo.
Temo ser como tú.
Pensarme en ese río de acciones que concretas
dan pauta a una larga ramificacion de golpes contra la vida breve.
Así de humano y tienes miedo de morirte,
y de verte vacío.
Giras el rostro hacia el horizonte
que tiene más cercana la mañana.
Construyes cada día palabras suspendidas sobre otras palabras.
Los hombres necios, los elocuentes locos que lograron crearte esas historias,
los que salieron del molde y se atrevieron
a romperse en mil pedacitos para armarse otra vez,
sobre sus ruinas,
para un mundo nuevo
en el que tanta fe tuvieron…
Les haces una oda de correcciones propias.
Bien, elaboras una argumentación paciente
te concentras
el ritmo disciplina, te vuelcas en la fuerte mansedumbre
del la rutina diaria
tu nombre sobre hojas
la gris bufanda gris erosionada
el tiempo
su canción
donde te eriges hombre, rigor, pausa,
continuum de ambiciones
cómo buscas allá en las enredadas
en las cómplices parcas erudiciones
un espíritu que anda volando sobre el mundo
el que viste de niña
el que te abrió de un soplo el alma, las manos
la cordura, la humanidad que bulle medio rota
ésa consupiscente errática verdad
que duele
que te araña con sus misterios las líneas de la espalda
ese espíritu sombra que guardaste en un minuto-infancia
llena de nada
luminosa y perdida…
te despide
porque tu aliento ahora se mece en una historia llamada
órdenes, tajantes palos de madera rompen nuestro silencio
marcando con sus azotes y sus moiras ésta ínfima inocencia que es el tiempo
cuando tan sólo corre en unas venas
y nos mira con todas las preguntas reunidas en un negro tibio
el sin lenguaje
el vasto campo de caricias, viento
lo abriles furtivos que dan trigos
el pan y el alimento.
Te despides,
tu cuerpo de costumbres y compases
mujer, se nos revierten.
Le perteneces más a aquella fábrica de tuertos
y te vendes tranquilo a los humores, los nuevos combustibles
tu asfalto se disuelve en esos sueños… los rudos frontispicios
de las cavernas herrumbres encajadas de las otrora verdes callejuelas.
Te tengo tanto miedo
que me voy alejando de tus formas
aunque la salvación me dicte perderme muchas veces
y revolverme estúpida en la hiedra
en éste afán de no verterme en la costumbre
de creerme humana y sin embargo negarlo
y afirmarme control, calladamente
olvidarme silbar, ave nocturna,
no saberme soñada, apenas halo
apenas una espora en los posibles límites
de lo innombrado.
.
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