Crisis

De regreso a casa a las 10:45, hora de hacer la primera entrega. el comienzo; café que hierve listo en la mesa, una compulsión casi frenética me hace dejar todo en pos de la tarea principal; escribir. 

Pero algo no me deja, la nueva manía neurótica de saber acomodar el escrito en la libreta indicada. Será la grande con papel resbaladizo y margen azul cielo francesa, la diminuta acompañante testigo de asaltos repentinos de ideas en la calle, el metro, una restaurante, donde sea, o la sagrada libreta autoencuadernada forrada de seda rosa fucsia que se entera de los devenires inestables de mi caligrafía, mis viajes y los análisis llevados al límite y lo absurdo que descubro sentada en la banca de cemento del parque, donde jugaré ajedrez de nuevo luego de muchos años. Antes de la partida general.
No me decido dónde construir la ficción de antes de las doce del día. Por eso vengo a escupir breves tonterías aquí. Los días se articulan entorno al papel y a las letras, a veces al golpeteo de mis dedos en el teclado de la computadora. Aunque prefiero las libretas, donde puedo si me siento aturdida tomar un lápiz y hacer veinte esbozos de lo mismo, la misma persona en distintas posiciones. como para desnudarla y atraparla en mis hojas, como si mis libretas fueran un hogar para desamparadas identidades, donde pueden vagar desnudas y libres como seres habitantes de un paraíso. 
La literatura es la reinvención de una sola voz. Toma distintas formas. Se encarna según las circunstancias, que son a pesar de lo que se cree insignificantes. Cuando escribo fluidamente, sin detenerme, hasta ver delante de mí páginas y páginas ordenadas, utilizo una voz que he recordado. 
La vo que nos dicta es una voz que debe recordarse. Leer a ciertos autores que en su momento fueron capaces de oír la voz abre la puerta para comprender la tesitura y el sentimiento profundo de la canción mayor. No se trata de autores, ni de estrellas creadoras. Se trata solamente de escuchadores atentos, personas con los ojos bien abiertos, que conocen el valor de quedarse quietas. Si no la voz no se devela, cuando se escribe de obedece al dictado, una voz habla, y con las letras que se plasman se hace otra, un eco. 
La vida no está llena de misterios, todo está ahi delante, las voces nos han contado formas, tragedias donde podemos aprender a jugar con el drama, nuestra ideas de destino. Podemos aprender a tener a la locura de acompañante, dejarla susurrarnos cosas al oído, y tal cuals e aprende a bailar en la cuerda floja de la ficción y la realidad, aprendemos a cantar con la voz, casi al unísono. Como ahora en que el tiempo se desgarra, y lo que yo escucho que te cuento en éstas líneas tu lo vas pronunciando con tu propia voz hecha de tu silencio. A menos que me leas en voz alta.
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