De nuevo Proust

Se me ha ocurrido escribir mientras preparo uno de mis tés en la cocina. El día ha sido lluvioso y la estancia ha estado mayormente oscura. Me he dedicado a leer como terapia ante la angustia que arriba desde tantos sitios al mismo tiempo. Puesto que sólo soy concretamente yo, el individuo cargado de significados atribuidos por otros cuando vivo en el diálogo y mi desorden mental se reconstruye y solidifica apenas empiezo a pronunciar palabra y conformo frases, y acabo contando a un otro lo que me sucede, lo que pienso y lo que siento, de mi puedo decir solamente aquello que dicen los demás.
Los otros dicen que soy un caos. Siempre en pos de una nueva empresa mientras me hallo enmedio de una, la anterior siempre resulta menos gratificante que la subsecuente así que vivo de comienzos. Pocas cosas he finalizado en su totalidad. Soy una “desorden” de deseos, presa de pasiones y apenas una nueva cuestionadora del destino. Antes el destino me parecía ineludible. La vida era un todo que ya estaba conformado con sus pequeñeces y sus trascendencias. Ya todo estaba dicho, a través de los sueños nada más podía asomarme a ese cúmulo de existencia totalitaria. La intuición era entonces, hasta hace poco una hendidura en el tiempo que me dejaba “conocer” amplia y profundamente lo real.  Ultimamente esa percepción se modifica. A veces parece que rompo uno tras otro varios patrones, lo que los otros esperan de mi, lo que yo me planteo como bueno, por lo que lucho o dejo de luchar. Las burbujas de palabras se rompen, y me encuentro ante un panorama desolador de historias escindidas todas. Lo único que me conforma es ese continuum de rasgaduras.
Por eso el gesto serio, el ensimismamiento, lo inuscitado de mi discurso, los silencios. La irreverencia de mis actos. Me significa el contorno de todas las roturas en mi historia. Todas son mías, las desavenencias, los pequeños logros, la ensoñación con que envuelvo el mundo de los objetos y lo moldeo al mundo de las ideas, la manera en que los espíritus del carácter se afianzan al físico de las personas y les confieren una vida, esos nichos cálidos repletos de narraciones en primera persona que somos, que aunque haga frío como hoy se presentan como destellos luminosos en medio de una vida a punto de cosificarse. El aroma de los perfumes recobrados del olvido, las miradas acompasadas de viejos transeúntes, los nombres, todo vive en la nube que me cubre y me asombra todos los días. Afuera en la calle de luces difusas antes la mirada de muchos soy una madeja de recuerdos, tejo complejas ensoñaciones que acarician poco a poco lo concreto, lo palpable se me devela como una tierra prometida, mientras llego al sólido espacio lo que soy es esto; siempre ante un otro, un nudo de palabras flotando, a la espera de caer al tímpano, y desafiar el tiempo donde efímeros nos resignamos a la muerte, la que insulto contenta cuando escribo.
He regresado a mi lectura de Proust, lo había abandonado muchos meses y otra vez el infinito mundo de memorias me vuelve al tacto. Estoy feliz de habitar otro pellejo, porque además en mi escritorio, con el pequeño universo de papeles la multitud de vacíos cobra un sentido, y en una página desahogo y me rompo, y luego vuelvo a reconstruirme nueva, peor que nunca, más arraigada aún a mis defectos, menos provista de posesiones y en cambio más ataviada con palabras.  Las únicas que me permiten tomarlas de las mano y llevarlas a pasear, acostarme con ellas y contarnos juntas todos los cuentos, decirnos al oído lo necesario. Demoler el orden del universo con la rebeldía de un oxímoron y plantearle una nueva luz de conocimiento. Heroína del tiempo que se diluye ante la vastedad de un texto, perfecta asesina de las horas, cuento universos nuevos, de los que explotan con un grito; el grito de las crisis y los llantos, y la dicha de saberse todas las palabras imposibles.
Proust devela su interior através de su mundo más próximo, en Por el camino de Swann nos hace disolvernos con él sobre ua almohada; de pronto no es una mujer sino uno mismo quien nace de su muslo.. quien se promete como protador de un placer infinito y se recrea a sí mismo através de sueño, lo que nos deja desgarrar las horas, burlar la línea y encontrar buscando el tiempo que se cree perdido. Me han dicho muchos que vivo en el pasado. No es así, el pasado vive en todos nosotros.
Hoy estuve escuchando a Satie, los días de lluvia vienen bien a la mente, los conceptos salpican; la humedad difumina las superficies de las cosas, una hermosa melancolía se vuelve cuento, la poesía invade todo aquello que es capaz de invadir. Amo los gigantescos párrafos de Proust. Su niñez nerviosa, la manera en que observa el detalle de los lindes breves de una hoja, el dejo amaderado de un vino bailando en los últimos soplos del viento otoñal. El saludo a la historia propia compartida. Su apertura.
-” Unicamente desafiando a los dioses el héroe es héroe” rompiendo las cadenas del destino, lanzándose en la desnudez total al fuego del vacío, inquieta el orden, pone en peligro el antiguo universo. Se arriesga ante la muerte, pero tiene fe en un mundo nuevo.
Mi té está listo
-A mis queridos cófrades
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