Soplo

“era el gran Shah, a quien todos veían sin aspaviento ni envidias, quien coordinaba los filtros del tiempo que removían los hechos de la ciudad. Con mirada oscura y en aparente ausencia exhalaba el destino; le había sido dada la facultad de dirigir, como si de la vela de un barco se tratara, los accidentes, lo imprevisto, lo que perfumaba el canto de las vasijas, lo que detenía la mirada de las mujeres bajo los velos, sobre las bocas impacientes de los hombres. Y uno de estos soplos del viento fue el responsable de que una mañana, entre mercaderes, Nadha se perdiera para siempre, sin saberlo, en los espejos de una tienda de la medina. Allá, en las lejanas arenas del desierto cuyo nombre olvidado, hoy apenas circula en los sueños de los hombres que saben soñar despiertos.”
fragmento de Nadha o La pequeña muerte de la sombra,  (o como sea que acabe por llamarse)  Querétaro, abril del 2010
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