El aire es la violencia

El aire que respiramos todos es transparente. El agua que bebemos es
casi invisible. Si podemos ver las cosas es gracias a que la luz juega
con sus sombras.
Hay cosas que entiendo así, juegan conmigo, yo soy el recipiente de la
idea, solamente eso, nisiquiera antecedo a su existencia. El pensamiento
me visita, me transforma, pero yo no soy sólo mi pensamiento. Hay cosas
que el pensamiento no puede tocar ni conformar. “Lo que es la condición
de todo pensamiento no es reductible nunca a ningún pensamiento”.
Pensar, pensarme en mi cabeza, mis ideas tienen formas pequeñitas, cada
ruido que escupo es un mosaico solamente, un mosaico diminuto, con un
poco de aliento y un poco de vida. Pero es todo.  A veces las palabras
forman agujeros negros en el pecho. Poco a poco, atesorarlas se vuelve
en contra nuestra; construimos un altar, armamos una nueva torre de
Babel, cada uno escalando cuantos libros haya acumulado, cuantos ensayos
haya comprendido, entre más se pretende poseer la verdad del mundo de
allá afuera, oponiéndonos a un otro, llenos de un dolor inexplicable,
temerosos del feroz espejo; sólo nos engañamos. El conocimiento se
vuelve mentiras cuando se usa de escudo, duele, yo sé que duelen cosas
porque se es humano, pero leer acerca de la vida no nos enfrenta a la
verdad desnuda, dominar, volverse maestros de las cosas, es eso, sólo
cosas, sólo maestros, dominando, temiendo ignorar, pero de todas formas
ignoramos.
Tienes miedo de mirar. No nos enseñan a observar en la escuela, no nos
dicen toca aquí; abre acá, SIENTE. Pareciera que el mundo de adentro es
un tabú, pareciera que sólo contiene ideas, y unas cuantas formas; amor,
temor. La naturaleza humana se encapsula, como si fuera posible reducir
la vida, sus sorpresas, golpes, tersuras, a unas pastillas.
Tómate tu mentirita, las que quieras, aquí hay un vaso de agua que va a
apagar por un momento tus temblores. Que va a adormecer tus gritos, a
cerrar la garganta que dirige su voz hacia ti misma, ellas te harán
hacer como que no pasa nada. Son inmediatas, como comprar un jitomate
“fresco” como encender la televisión y conocer la “verdad” de la guerra,
después de todo has pagado su precio, como lo tiene todo, quién lo
fija, porqué, quién podrá pagarlo no nos importa, no nos toca, la
realidad del otro está muy lejos, no te preocupes, puedes cerrar tus
puertas con candado y protegerte, has comprado el candado y has comprado
la puerta.
Pensémoslo bien, nadie nos enseña a mirar al otro. No es
importante, toma mucho tiempo conocerse, la vida requiere concreciones,
levántate temprano, báñate, almuerza, ve a la escuela, vuelve, lee,
resume, trabaja, gana tu dinero, aliméntate, sólo tienes que pensar en
tu alma una vez a la semana, aunque no tengas, aunque no creas, aunque
la tengas y la ignores, porque no la tocas, como no se tocan los amores,
los recuerdos que te conforman, el agua que sacia tu sed, el aire que
te mantiene viva, el aliento que vive en la poesía, ésos no se tocan
tampoco, por eso no existen.Por eso tampoco existes pues eres para mí sólo un manojo de
pensamientos, decisiones, pero un manojo seco, uno marchito, decorado,
tampoco nos enseñaron a hacer más que decorrarnos, es necesario, aunque
no nos guste, aunque no sepamos porqué la forma y la armonía vienen
implícitas, yo te doy forma de personaje, te mantengo viva, te he dado
puntos claves en mi escaleta; te gusta el arte, eres jóven , hermosa, he
querido que tengas un desierto secreto bien adentro, ese desierto que
me vino al pecho un día, el que ha tenido cosas que decirnos desde hace
eones, ¿sabes qué es un éon?
Son muchos años, muchos recuerdos de personas, tormentas, diluvios y
catástrofes, caminos recorridos, pequeñísimos pies humanos recorriendo
dunas, praderas, selvas, montañas, cañones, cuencas, estepas y unas
cuantas casitas de ésas que él hombre se empeña en erigir. Así, erectas,
detenidas, estáticas para que lo contengan, y sean fuertes, eternas,
invencibles, porque dicen que toda creación se parece a su dueño, y así
somos eternos, invencibles, estáticos, como el tiempo que por cierto
contiene en sí todos los eones y más de aquello que pudieramos alguna vez  enumerar.

La mente te ha enseñado, personaje mío, que los extranjeros que vienen y
se van asustados son débiles, son ingenuos, son extraños que no han
sabido vivir la vida como tú. Son pequeños, han preferido adormilarse en
hermosos sueños planos y conformes, según nuestra ficción, han
preferido la cama, un colchón dulce y sereno, porque no nos es fácil
mirar el dolor de otros, tampoco conocemos hasta el último momento la
realidad, somos tan contingentes como un suspiro, diminutos en este
universo, es mejor, si la vida nos viene pesada adormilarnos -un
psiquiatra te mostrará mejor ese camino-, el dolor es innecesario,
hagamos como que un cuento es una cápsula, todo es posible encapsularse,
si un día decides adentrarte en el laberinto filosófico, paga a un
maestro que te venda encapsulado en unos cuantos cientos de párrafos el
intenso latido que ha sido ésta humanidad, ése puede comprarse también.
Puedes comprar el respeto que los otros no aprendan a mostrarte al
instante si te cuelgas la toga azul que venden también allá, en la
tienda gigantesca post babilónica, donde sólo unos pocos compradores
tendrán la suerte de caer gracias a una extraña oferta, accesible sólo a
unos pocos valientes albañiles del mundo. Todos te respetarán,
habiendote comido la derrota del vacío al que temen, dioses, curas, y
mercaderes. Luego de esa batalla serás un asesino, matarás al dragón, a
la serpiente, habrás comido valientemente del fruto del árbol prohibido,
como nos enseñaron los padres que llegaron a tierras más fraternas,
pero agresivos se mostraron creativos de maneras para comprar los
secretos de nuestro paraíso.

No te asustes si un día sientes un vuelco en el estómago personaje mío,
será un poco incómodo, no entendrás porqué, pero a veces nos pasa, a
veces miramos un pequeño rincón del paraíso del que nos explusaron los
padres guerreros salvadores. Se llama de muchas formas, es una enfermdad
como aquellas que hemos aprendido a contarrestar con la razón, esas
pasiones malignas ensordecedoras, que hacer tener visiones y romper los
límites bien insertados del tiempo y el espacio, la mayoría lo llamamos
amor, y no se cura todavía con pastillas, supe de un hombre allá, lejano
en este mismo reino que quiso multiplicarlo y contagiarlo, pero los
doctores hicieron su trabajo, por suerte mintieron y cambiaron su voz,
terminaron matándolo en una cruz para que el próximo no fuera a mover un
poco el vientre de los otros, ni a romper esos límites que permiten que
tu tierra sea sólo tu tierra, y que la mía sea solamente mía.
Cuando te pase debes hacer como que es nada, como que en los ojos del
otro no estás tu realmente, pretenderás no ver el universo, ni luces, ni
aquel lugar sin límites en el que no creemos. Te mantendrás segura. No
te preocupes, nada invisible vertiré en tu mundo de ficciones, no te
daré poesía, pues ésta libera al ave de su jaula, tendrás un apiario
lleno de virtudes, será de oro como tu vestimenta, será pesada, un poco
torpe, un poco dura, pero va a protegerte.
Nunca sabrás del mundo de allá afuera, no es paraíso como dicen, nos
expulsaron, ya no existe, es otro mito, falso, que logramos derrumbar
victoriosamente para ganar éste placer, y ésta dicha profunda que debes
estar sintiendo por el simple hecho de existir sin que nada perturbe o
modifique tu cauce.
Nunca creas en la magia, no existe, no creas en tu madre, en tus
palpitaciones, si escuchas una voz no es intuición, es ser esquizo.

Ahora sentirás un pequeño corte, en tus dos brazos, uno, y aqui va el
otro, ¡resiste!, aqui tienes otra pastilla para esa pena. No necesitarás
las alas, en tu mundo el aire es invisible, no necesitarás volar, lo
invisible no existe.

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