La nueva yo

otra vez es otoño

Por alguna razón, no puedo dejar de ser, (desde niña me pasa esto) solemne y clavada. TODO es materia de análisis y reflexión, todo es sublime, cualquier cosa me hace llorar, todo es trascendente.

Y así no se puede vivir. Siempre hay que filosofar, darle vueltas a las cosas, me caigo gorda. De nada me sirvió pasar por mi etapa de animadora.

Tenía que relajarme, me dije, Isadora necesitas algo ligero.. hueco.. llevártela leve. Y me puse a recitar el bingo en traje de baño en un mega hotel en el caribe. Luego, como era tantito más inteligente que la media de animadora, es decir hablaba francés e inglés y etc.. me ascendieron a animadora francesa.

Así que ahí me tienen enseñando a viejitos retirados franceses a estirarse y a hacer pilates light, scrabble vespertino y demás fruslerías…

Una vez llegaron unos gitanos al hotel y tuve que recibirlos como parte del comité de recepción.. y pensaron que era una puta mexicana que se emocionaría si le ofrecían 2000 euros al mes por ser “damadecompañía”. fue la gota que derramó el vaso.

Nunca pude relajarme, sólo me obsesioné con aprender a nadar, bucear, snorkelear y sortear todos los riesgos que implicaba infiltrarme en una red de prostitución hotelera, SIN prostituirme.

Porque la realidad de esos hoteles y esos animadores, (muchos) es que es muy fácil venderse por unos dólares por noche cuando se tiene un mercado potencial de extranjeros cuyos mayores atractivos turísticos mexicanos resultan ser los cuerpos de los nativos mexicanos…

Casi me vomito. Salí huyendo. Mal intento de aligerarme la vida. Imagínenme con mis lentes de pasta, el cabello relamido en un chongo ñoño echándome un clavado ñoño, en unas luchitas de surfers de alberca y dejándome atacar por una niñita hiperactiva francesa que pensaba que yo era un flotador viviente o algo así…no lo logré. No dejaba de pensar y de replantearme cosas.

Es más en este instante empiezo a filosofar, y eso que trato de evitarlo, acerca del porqué de esa experiencia de mi vida.

Ni hablar, hoy me pasé el día en cama, produciendo dinero desde abajo de las cobijas, como últimamente me ha sido posible hacer, mientras me pregunto, si la gente sabrá que detrás de mis brillantes (ja, ja) intervenciones textuales hay una muchacha sin bañar adicta al café y al internet.

Leí un poco mi novela policíaca ( las novelas policíacas son lo máximo, vulgares, mundanas y cochinas) otro poco a Virginia Woolf, o otro poco a roma Jakobson quien me hace seguir detestando la carrera de letras… Vendí algunos cuadros, cosa que me hizo muy feliz y anduve cavilando el hecho de pensarme feminista y sin embargo sentirme soñada cada vez que mi novio me promete madrearse a todo aquel que ose faltarme al respeto/verme las piernas/molestarme etc…

Tengo una fantasía rara desde niña en que llega un tipo a salvarme de alguna circunstancia fatal, como un tsunami o algo así, o una revuelta estudiantil. No sé, se me hace como muy caliente que alguien arriesgue el pellejo por ayudarte y luego desfoguen sus ímpetus juntos en un lugar secreto y oscuro. Pero el caso es que mientras hablaba con ciertos amigos pensé, por decimonovena vez, que la gente que se clava, que nos clavamos mucho con un tema o con una postura ideológica tal, en realidad padecemos de la postura ideológica contraria. Que los conservadores son más puercos que los liberales, y que los del PRD en realidad sólo quieren dinero y los del pan se persinan con las manos llenas de fluidos sexuales. Y que los escépticos esconden el deseo de que haya un Dios que los salve de sí mismos, y los creyentes se la han de pasar dudando de si en realidad alguien los vigila mientras se tocan y tienen pensamientos perversos.

Y que, oh, pequeño detalle, las feministas en realidad tienen el oscuro deseo de ser sometidas de alguna manera. bueno, esos e me ocurre aveces. Y que los ecologistas se han de sentir culpables porque ensucian cosas, lo que seguro viene de su infancia y alguna sensación o complejo de culpa no resuelto porque sus papás eran muy pulcros o algo así.

Pero bueno, el otro día que estaba en la casa de la montaña de mi mejor amiga me puse a pensar en que tanto ajetreo social, de chamba y presiones prácticas me ha hecho abandonar mi vida creativa pseudo artística, y no he podido quedarme en silencio muchos días ni he podido imaginarme combinaciones de palabras bonitas qué escribir para luego decir que son poesía.

Todavía me muerdo las uñas y ando enamorada de mi novio grandote norteño sobreprotector. Y me alacié el cabello cosa que me devuelve mi aspecto original puesto que esos chinos que usé la mitad del año oh, gran revelación trascendente, eran falsos. Ahora que mi cabello es largo y lacio siento que ya se acabó mi momento ese que decidí tener cortándome todo el pelo diciendo que me quería transformar. (Otro de mis autodramas)

Creo que sigo siendo igual. Y sólo me compliqué la vida. Aprendí que hay hombres muy babas de los que uno se enamora, que es bueno estar loco y nunca hay que cortarse el pelo por un wey. Y que si vas a la playa te debes cuidar de las medusas. Y  de los turistas que piensan que eres una piruja, y que la gente, después de todo, como diría Ana Frank, es muy chida.

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