“Doctora” por favor…

Salimos juntas de su oficina. Había guardado sus cosas en su bolsa Vouitton, miraba su reloj constantemente y durante la entrevista apenas si me miró a los ojos. La llamaron tres veces por teléfono, sólo me habían concedido 20 minutos de entrevista y tuve que saltarme la mitad de las preguntas.

La profesora investigaba desde hacía años una relación entre el carácter antropológico y la filosofía, a través de los registros literarios. Las preguntas que le hice no eran importantes, la gaceta tiene una función interna; demostrar qué trabajo se hace detrás de las paredes de los institutos. Tampoco era muy emocionante para mi entonces entablar conversación con alguien así.

Ahora sé porqué. Antes de entrar a su oficina a escuché hablar con su secretaria/adjunta. La señora investigadora tenía un tono adusto, regañó a la joven estudiante  por no seguir al pie de la letra unos lineamientos de registro de no sé qué cosas. Pero el tono con el que lo hacía era exagerado. Le tomó después, diez minutos enumerarme sus múltiples diplomas. Carreras, cursos, diplomados, y casi cada una de sus publicaciones. Eso lo había leído ya en su currículum, pero parecía que le gustaba recordar todo eso que había hecho.

La señora investigadora “X” tenía una hermosa colección de pinturas en su oficina. Gracias a la casualidad, uno de mis tíos resultó ser el pintor de uno de esos cuadros. Le pareció relevante y luego me invitó a desyaunar. Por eso me subí a su coche esa mañana de mayo, y la oí proferir comentarios racistas y despectivos hacia las marías de la calle y uno que otro lavaautos. No quise juzgarla al principio. Llegó el momento en que, estando en el café sentí que quería quedar bien conmigo por mi tío. Se reía viéndome con una falsa ternura y preguntándome mis planes. De repente hacía muecas cuando le decía cosas como mis planes de periodismo alternativo, mi preocupación por la situación política, por la educación… y hasta cierto punto lo entendía.

Hasta que oí por tercera vez de boca de un académico; “No te metas en problemas” La literatura no va a cambiar el mundo, es el mundo el que hace la literatura. Pensé; ¿!Qué’!? Pero traté de calmarme, luego me dijo que el altruísmo era la puerta para los humanistas cuya carrera no era lo suficientemente brillante y sobresaliente. ¿altruísmo? ¿No es preocuparse por el mundo una cualidad natural que nos hace humanos?

No, era vanidoso pensar que era mejor ayudar a la sociedad que buscar tener prestigio en un gremio literario. Y lo siento, pero debo decirlo; el gremio literario es un gremio elitista. No le veo el humanismo a querer sobresalir por una obra novedosa, como si lo que necesitara el mundo fueran innovaciones artísticas , y no la aplicación eficaz del conocimiento y las teorías y perspectivas que YA se crearon.

En fin. Dieron las 12 del día y yo tenía los nervios de punta, la señora investigadora de pronto me contó que se había divorciado dos veces, que lo más importante de su vida era su carrera y que nadie se había interpuesto entre “ella y el conocimiento” trató de forma despectiva al mesero y tuvieron que traerle sus huevos rancheros dos veces. También me contó que venía de una familia humilde, pero que eso no había sido un pretexto para blablabla…

-Oye tú, aquí está mi ticket, trae mi coche. -le dijo al valetparking del vips.

El valetparking me miró extrañado y yo torcí los ojos hacia arriba. Vaya humos de investigadora.

No dejé que pagara mi café. Me despedí y le dije un “Hasta luego Victoria”

Y contestó; “Doctora” por favor. …

Debe haberle costado muchísimo estudiar y trabajar como para pensar que nadie elige esa vida que ella eligió. No digo que esté mal la academia, es que ahí las personas, muchísimas piensan que las calificaciones institucionales son aplicables y vigentes para el mundo de afuera también. No es así. Un título no es garantía de un ser sabio, ni de alguien que sepa actuar de manera ética ni útil para el mundo. Ojalá las cosas importantes de la vida como la humildad y la compasión también fueran materias a desarrollar en una escuela. Pero no lo son. Una de las ramas de estudio de ésta investigadora era el feminismo. La señora investigadora no sabe que el autoritarismo, y la despectividad hacia los subalternos son algunos de los reflejos en nuestro carácter que obedecen al sistema patriarcal, que el feminismo tanto critica.

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