and then we met

Una mañana hace seis años mientras estaba limpiando mi cuarto antes de salir a la universidad, escuché en el radio un cuento de derviches. Nasruddin era el personaje, yo tenía 2o años y una nube de vacíos y vapores idealistas en la cabeza, de pronto cuando el cuento terminó pasó por mi mente una historia sin contar. Supe que era una historia, porque sabía que tenía que contarla pero no sabía cual era.

Quizá era mi propia historia porque cuando me vi al espejo vi a mi personaje; mujer joven. Y supe que cualquier cosa que ella fuera a vivir sólo yo podría contarla. Para quienes escriben, sabemos que la relación de un escritor con su personaje no siempre es una mera condición literaria. A veces establecemos vínculos con ellos, se vuelven los depositarios de nuestras inquietudes, acciones, deseos, agresiones. Había escuchado vagamente términos como sufismo, seda, ruta de la seda, rutas de comercio, lapislázulis, especias. Había empezado a construirme un mundo alterno, escenarios abiertos de arena, escenas inspiradas en imágenes suculentas de “Le Desert “de LeClézio, Pasajes tomados de poemas sufis, escribí muchas historias inconexas, leí mitologías, escuché cuanto pude cosas en lengua árabe y quise escribirlo todo en esa sola historia.

Ella es hija de comerciantes, pasa toda su infancia aprendiendo que no se pueden tener eternos amigos; siempre viajando está de paso, es sólo visita, nada le pertenece, ni ella pertenece a nada, aprende todo acerca de las especias y las medicinas, escucha a escondidas las lecturas de Avicena y Averroes y conoce de memoria las canciones de los poetas místicos. Pero nunca le es permitido hablar. Su historia es bastante sencilla. En este momento, hoy seis años después de empezar a escribir de ella todavía no sé qué va a pasarle en la historia. Esa historia se ha vuelto un entramado de pequeños cuentos que aún no puedo unir, es demasiado larga, a veces caigo en contradicciones de tiempo, espacio, los personajes están desdibujados.

Cuando ella habla en mi novela me dice cosas que me provocan lágrimas. ¿Quién habla cuando escribimos? Ella me habló de la sangre de las mujeres corriendo en ríos por el mundo, gritando la injusticia de una tierra donde lo pequeño no tiene valor, ni el corazón, sólo lo gigantesco, el poder no nace de la vida sino de la muerte, también me dijo que cerrara de una vez los ojos, que no servía ver sólo la superficie de las cosas y las personas, que hay que mirar con el corazón. Me dijo que todas las mujeres somos hermanas, que estamos rotas y separándonos, olvidando la quietud y el reposo, que confiara porque ella estaba allá, en el futuro, esperándome con una sonrisa porque al final su historia estaría escrita, y yo estaría ahí, con ella y con todas. Entonces no sabía de feminismos, matriarcados, ni nada de eso que hoy leo en los libros.

Algunas noches mientras trato de escribir a través de su voz siento el calor de los desiertos ( esto es cierto ) sueño con aceites, siento que ella existió y me sabe, como si me soñara en un futuro que no se imagina y que sé que no estará feliz de presenciar. Sé que ella fue un ser compasivo, que anteponía el corazón a cualquier otra cosa, y murió joven, esperando a que el silencio dejara de ser silencio.  Una vez la dejé de lado, por dos años, hasta hace poco. Como si ella ya supiera todo, no me despedí, y me dijo que buscara la libertad, una libertad adentro. Una de las primeras cosas que escribí de ella fue su primer contacto con el mar. Conocía los mares de arena, pero no los de agua, el agua había sido toda su infancia un tesoro cuyo valor era incalculable. Y cuando lo encontró hecho mar brotaron lágrimas de sus ojos y tuvo miedo, y yo pensé entonces que su mar era mi amor, pero yo no sabía que el amor que yo conocía entonces era pequeño, y su mar era infinito, y ahora busco un amor infinito donde sumergirme, sé que ella sabe que el mar existe, y su fe es más grande, porque una mujer en el desierto nunca es libre, pero el agua del mar sí, y ella dejó su corazón ahí una vez, hace muchísimo tiempo.

Cuando me fui a vivir al mar pensaba en ella. “Nadha” como pienso que se llama, supo de toda mi tristeza, yo no hablaba con nadie, ni siquiera seguí escribiendo la novela, pro cuando pensaba al mismo tiempo en los amores dolorosos, la sangre, el exilio, el silencio, y el hecho de ser mujer, quizá sólo me hubiera entendido ella, y pensaba contándole mi ira y mi odio, y mi incomprensión del mundo.

Si ella vive en el futuro y en el pasado sé que ella ya lo sabe todo. Su voz a través de mis letras es casi un murmullo, pero aún así confío en sus palabras, que como gotas o lluvia llegan cuando las necesito. Supongo que esta novela habla principalmente del amor, aunque esa no era mi intención al principio. Yo quería hablar de especias y pintar con palabras imágenes bonitas. Y me encontré en un laberinto de espejos y sueños, y ahora esa novela es una vida alterna de onde no sé qué vaya a salir.

Hace poco buscaba textos de Omar Jayyam, un poeta persa,

“Si por un instante la forma de la naturaleza se ajusta a ti,                                 vive alegre aunque alguna injusticia te alcance.                                                         Se con los sabios, que el origen de tu cuerpo,                                                     aliento es y polvo, y brisa y viento.”

Encontré un libro de Maalouf, encontré un nombre, personajes ya conocidos, mendigos en Damasco, imams en Samarcanda, mujeres jóvenes sin identidad ni tierra. Ahora mi realidad toca la ficción de mi novela, y me pregunto cosas, fui al mar a llorar con libertad, y ella lo supo, ahí conocí a una mujer que después vino a mi casa y fue mi invitada, los musulmanes dicen que los invitados son grandes bendiciones. Un día esa mujer conoció a un personaje de Maalouf, un ser casi de aire que vino lleno de tristeza a mi ciudad. La mujer del mar me dijo que tenía que ir a una reunión, el mismo día que él festejaba su cumpleaños, con alegría por fuera y melancolía por dentro, la misma noche que lloré entera, en que traté de escuchar a Nadha, cuando me decía;

Confía, el viento sabe lo que trae y lo que se lleva. Tu eres un pájaro que vuela, no te quedes tirando lágrimas en tu nido.. sal… no te cierres al mundo, no maldigas…

En mi novela los personajes sueñan con encontrarse, a veces ni siquiera saben a quien buscan, pero encuentran, encuentran un tejido complejo, una red de pájaros de aliento, la sangre corre, los aceites alumbran con su fuego lechos de amantes que viajan en las noches de los tiempos, a veces todos se mueren y sólo quedan fantasmas en las ciudades, o maldiciones repiten la muerte de una joven en un hamam, la tinta salta del papel, las letras vuelan de la pantalla, y ahora amo a un hombre que vino de lejos, a despertar mis dedos y su canto, y que sé desde adentro, siento la encontré a ella y puedo mirarla de frente finalmente, y que eso me hacer estar completa, él respira conmigo, el mundo sigue su tren sin freno y Nadha me susurra al oído cosas que aún no entiendo.

En el círculo que es nuestro ir y venir ,

cuyo principio y fin son invisibles…

Nadie en este concepto halla verdad.

que este venir ¿de dónde viene? y este ir ¿a dónde va?

Omar Jayyam

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