¿Qué soy aquí?

¿Qué hago aqui? Me pregunto todos los días.

Trato de ser conrguente, como si la congruencia en los actos me quitara la sed de libertad que he tenido siempre. Aunque hoy no sepa muy bien qué significa la libertad, sé que tengo sed de algo. Algo que no está aquí, en ésta ciudad, en medio de tantos coches.

Hace unos días en la cooperativa se presentó un documental acerca de Wirikuta. Como en miles de lugares del mundo, en México se realizan actividades económicas sumamente nocivas para el medio ambiente, en Wirikuta una empresa canadiense quiere instalar la minería a cielo abierto. Los pueblos indígenas están sufriendo directamente las consecuencias de la avaricia humana, perdiendo la tierra donde viven, sus recursos naturales, y su cultura. Cuando era niña escuchaba la palabra “indígena” muchas veces al día. Hoy esa palabra es un recodatorio, ¿dónde están mis valores? mi compromiso, mi respeto, mi reconocimiento para los seres humanos que aún son respetuosos con la tierra, con miradas transparentes y corazones humildes.

Desde hace mucho intuyo que son los indígenas los últimos eslabones humanos que aún comprenden y respetan a la tierra. Siempre sentí que lo que llamamos logros, ciencia, civilización, espiritualmente no representa ninguna evolución. La mente crece, el ego se construye un pedestal de ideas, y el corazón, que late con el centro de la tierra se menosprecia, se menosprecia a la mujer, a lo que da la vida. No sé porqué, vivir en la ciudad nos hace entrar en una espiral que nos aleja del centro de nosotros mismos. Cuando vivía en la playa y estaba rodeada de naturaleza y más naturaleza me sentía viva. Viva de una forma diferente a estar aquí en el asfalto y sentirse vivo cinco minutos al día mientras se observa la danza de los coches y el tránsito de las personas. La vida en la naturaleza es distinta, recuerdo una escena en la película de Seraphine de Senlis, en la que ella observa los árboles bailando con el viento y sólo observa, y su mirar es un éxtasis. Cuando caminaba junto al mar, escuchando el grito de las olas sentía que el mar también estaba en mis venas, y mi sangre también gritaba agua y vida. Eso era todo. Después extrañé la cultura, el arte, las personas interesantes, y regresé a la ciudad. Ahora estoy rodeada de todo lo que quería. Me gusta mi trabajo, y me gusta quien soy, me gusta la libertad creativa y el esfuerzo que he aprendido a emprender para lograr cosas. Me gusta dar clases, hacer arte, hablar con personas, muchas, acerca de muchas cosas, y pensar que lo que hago tiene algún tipo de impacto positivo.

Pero no es suficiente, la espiral de inercia autómata me alcanza, me encuentro todos los días teniendo prisa, usando vehículos de combustibles, generando basura, dándole importancia a detalles que ya no sé si tienen sentido. Es mejor trabajar de forma autogestiva a servir a un corporativo injusto y nocivo para la tierra. Poder ser creativa que sólo seguir órdenes. Sentirme libre, hasta cierto punto, porque puedo tomar decisiones, separar la basura, no consumir tanto. Pero no sé qué sentido tiene. Sueño con un ejército de personas amorosas y consciente que se esfuerzan y se comprometen, y ahora no sé si mi compromiso es con una idea, o conmigo misma, o si  ya lo abandoné. Mi corazón me dice que no pertenezco aquí. NADIE pertenece a esta vida absurda, la distribución de los recursos es absurda y la riqueza de verdad nisiquiera se valora como riqueza. Se nos va la vida entre las manos, nos divertimos, bebemos alcohol, y avanzamos hacia un futuro común, pensando que estaremos solos y que las consecuencias de nuestros actos son nulas. No entiendo, si mi corazón escucha lo que le dice el corazón de la madre tierra abandonaría todo, buscaría otras tierras, olvidaría la ropa, el maquillaje, el trabajo. Pero las personas que quiero están aquí, y me digo; quizá necesito trabajar aquí, quizá necesito aprender a trabajar con más personas. No sé, cuando veo cómo suceden cosas a mi alrededor, cosas positivas pienso que quizá sólo puedo aspirar a vivir pequeños paraísos en medio del mundo absurdo. Cuando veo a las mujeres jóvenes haciendo círculos de apoyo, chicos con iniciativa y esperanza que quieren aportar algo al mundo, en vez de sólo consumirlo, y cuando veo sueños pasados hechos realidad regresa la esperanza, y siento que quizá no cambiaré el mundo, pero seré parte del grupo de idealistas que cuando viejos, podemos vernos a los ojos y decirnos; nosotros lo intentamos, y estamos felices por eso. No sé a dónde voy, pero ya estoy yendo.

Nuestro cuerpo

Hace un par de días caminaba sola por la noche hacia mi casa, eran las once de la noche y la calle estaba vacía, caminaba un poco triste y cansada sólo esperando a que el día se terminara. Sentí de pronto que alguien se acercaba por detrás, luego una mano que se deslizaba entre mis piernas y me tomaba, me dijo unas palabras al oído, y grité. Nunca me había escuchado gritar así. Me enojé tanto que corrí detrás del tipo, corrí cinco cuadras gritando y maldiciendo, no era justo, ¿por qué alguien tiene el derecho de hacerme eso? ¿qué debo sentir? Sentí ganas de matar al tipo, pobre ignorante, pobre hombre cuyo mundo es tan vacío y superficial, falto de satisfacciones que tiene que hacer algo así a alguien por diversión. Me sentí triste e impotente, pero después me sentí fuerte. Si alguien alguna vez intenta hacerme daño, supongo que tengo un instinto poderoso, y al menos podría intentar defenderme. Pero no siempre tenemos tanta suerte. Las mujeres tenemos que vivir este acoso todos los días, a toda hora en casi todas partes. Y hay miles de millones de mujeres que sufren abusos todos los días, violadas, torturadas, asesinadas. Por ser mujer. Fue una buena manera de recordarme que en el mundo hay mucho por hacer en materia de género, ¿cómo? ya no sé… no tengo respuestas.

Pensé mucho tiempo en eso. Nunca han abusado de mí, por suerte, pero ¿y todas esas mujeres que sufrieron abusos? ¿se sentirán solas? ¿no deberíamos unirnos más y tratar de ayudarnos a superar éstas cosas? Cuantas mujeres en el mundo sufren, no pequeños abusos como el mío, sino mayores impensables vejaciones… y afuera, durante el día, en la calle, en el transporte público el mundo sigue su vida igual. El mundo parece vivirse sólo desde la superficie, eso es lo que nos hace la ciudad, caminamos juntos en las aceras pero apenas nos miramos. Nos tocamos en el transporte público y nos asustamos, defendemos nuestro espacio, nuestro asiento, queremos llegar rápido al trabajo. El otro día llegué temprano a la Cooperativa, me gusta ser puntual, caminé muy rápido, en la banqueta había personas detenidas y me molestó que no se quitaran, me molestó su falta de prisa. ¿Que no ven que tengo que llegar temprano? ¿ Que no ven que tengo que correr para ser puntual?, para encontrar un local vacío, puertas cerradas que hay que abrir a tiempo, tengo que vivir con prisa porque si me detengo, escucho a mi corazón, y sé que no quiero estar aquí. Quizá muchos de nosotros tampoco queremos.

Pero volviendo al tema de las mujeres y nuestro cuerpo; en la semana ví La sconosciutta , una película de tornatore que no puedo dejar de relacionar con las mujeres, lo femenino, la energía femenina del mundo. Pocas veces una obra de arte nos toca tanto, porque se conecta perfectamente con el momento que vivimos. Pero el arte verdadero, justamente es poderoso porque puede hacer eso. Puede TOCAR y transformar algo. Muchas cosas han pasado ultimamente, positivas y negativas. Todas hermosas, pero dificiles de entender, lo único que puedo hacer a veces es dejar que suceda el día, soltarlo, no tratar de entender, la mente es maravillosa, pero un corazón débil en una mente fuerte es un ego que habla. Así que a veces mejor es no pensar. ¿En qué transformo todo esto? Creo que espero a que pase el tiempo para que el corazón entienda a su tiempo. Es dificil hacer eso cuando se tiene tanta prisa siempre. Quizá eso somos las mujeres, más corazón, una subjetividad que está en conflicto con este mundo de concreciones y reglas. Debe ser esa la mujer salvaje de la que habla Clarissa Pinkola, una que ha abandonado el mundo que no sirve, y que puede reconstruir todo, de nuevo, desde el principio, porque conoce el secreto de la vida, y sabe que luego de las pequeñas muertes hay un mañana. No sé, ¿quien nos enseña a vivir con esta mente? Es muy extraño pensar, llevar a sus últimas consecuencias la tarea de ser seres humanos. Bueno, hasta aquí mis reflexiones, al menos desde el caos podemos todavía compartir.

isa

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