La cueva

Nos habían prohibido gritar. -Me dijo. Nos llevaron a todas a esa casa grande, nos vistieron igual, todas correctas, correctamente llegábamos al salón a tomar clase, luego comíamos, todas al tiempo, en silencio. Nunca grites, nunca levantes la voz. Lo sé, yo estaba ahí, no me veías, todas nos íbamos volviendo un poco ciegas. Nos lavamos demasiado, olvidamos cómo olernos el cuello entre nosotras, lo sé, -le respondí. La vi frente a mi. Estaba rota, era el espejo que nos separaba, en el salón de los espejos nos pusimos todas a gritar. Afuera sé que alguien se asustó. Era demasiado duro, mirarnos tendidas en el piso, llorando confusiones que no pueden pronunciarse, ella dijo; si te dejas caer se cae el universo, se muere el mundo. Y sí, nos estamos muriendo, siempre llegamos a una tumba donde nos exigen entrar limpias y tranquilas. No entienden, es sólo una caída, la despedida, el grito, reconocerse hechos pedazos, se llama vida, la muerte no existe.

La cueva en el salón de los espejos

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