De amores imperfectos 1 “Norte”

Según yo, ya casi estamos en otoño. Siempre me anticipo al tiempo, (nunca pude vivir el presente) según yo, la luz de la tarde ya está lista para ayudarme a escribir. Los escritores flojos siempre tenemos pretextos para no cumplir con los renglones pero creo que bien podría hacer una enumeración de mis relaciones pasadas. No sé para qué… tengo una pierna quieta que me impide salir. Así que…

Yo tenía 22 años, y muchas ganas de tener aventuras. Cualquier tipo de aventuras. Estaba terminando una incipiente carrera de danza contemporánea y tenía un novio que estudiaba arquitectura. Bailaba muchas horas al día, veía a mi noviecito y en mis ratos libres trataba de pensar en mi futuro, pero siempre acababa distrayéndome. Leía, un poquito de poesía, un poquito de temas místicos, pero no profundizaba en nada. Siempre he sabido que mi camino son las letras (sí y no me pregunten el “entonces por qué” de todo lo que hago”) y estaba a punto de entrar a estudiar letras francesas a la UNAM. Tenía casi todo ya bien planeado y estaba medio contenta. Pero poco a poco se empezó a meter en mi rutina la presencia virtual de un músico regiomontano que me contactó por Hi5. Sí, Hi5, esa proto red que figuraba ya en la cotidianidad de tantos. Un día, “R” me contó que había vivido en Francia, que había estudiado música pero su familia insitía en que tuviera una carrera de verdad, y terminó dejando la música profsional y entrando al mundo de la ingeniería y el acero regiomontanos. Yo pensé seguramente cosas como; “oh, Francia, habla francés” (franco-fijación) “oh, arte, es músico” y un muy estúpido, “oh pobrecito, tiene problemas con su novia” y “oh, es trovador, qué lindo”. Grave error señores. Un día me mandó una canción que había compuesto para mi, decía algo así como; (claro la oí miles de veces y me la aprendí) “Isadora es un hada que baila al compás del silencio, el viento en su piel se renace [no sabía que renacer fuera verbo reflexivo] y se vuelve canción, Isadora enamora a la aurora que con su pensamiento se vuelve jardín” o algo así, y entonces pensé que eran buenas ideas las siguientes cosas; 1.-dejar a mi novio arquitecto con quien ya llevaba dos años de arrumacos y rutina, 2.-intentar algo con el músico regiomontano, 3.- creerle todo lo que me decía.

Aunque momento, uno siempre va a creer lo que a uno le dicen. Si nos dicen que somos hadas y que el viento en la piel y la magia y que transformamos el mundo con los ojos, ¿quién lo dudaría? “R” decidió venir a verme al D.F. Yo estaba esos días preparando la última función de danza y estaba nerviosa por varias razones. Me despertaba en la mañana con un restorte que me hacía saltar de la cama y me hacía tener taquicardia el resto del día. “R” me mandaba mensajitos al celular, que me emocionaban mucho, (qué aburrición) y me escribía cartas profundísimas donde los dos nos quejábamos de lo poco que el mundo entendía nuestra vena artística. Yo, como buena mini heroína urbana, atravesé por todos los obstáculos necesarios para despejar el terreno donde un día, a ritmo de Jorge Drexler florecería nuestro norteñísimo amor. Terminé con mi lindo novio, que quedó devastado, y luché contra toda advertencia de mi madre al respecto. Sí, la noche que llegó al D.F., lo fui a ver a su hotel, cerca de mi casa, apenas a tres o cuatro kms de mi casa. No pasó nada, nos saludamos, fue extraño verlo en persona, era bastante alto, llevaba una colonia cara y su ropa estaba muy bien planchada. Los norteños tienen una fijación rara por llevar bien la ropa por cierto. Yo estaba guapísima, creo, (despeinada  y con jeans) y esa noche sólo hablamos en el parque cerca de mi casa. Mi querido parque-telaraña, ñaca ñaca. Luego me fui a dormir.

Al día siguiente lo fui a buscar temprano a su hotel.  No recuerdo qué pasó… ¿o sí? o bueno, quizá no quiero recordar por qué no quiero recordarlo. Pero después, (¿después de qué? ) pues fuimos a Coyoacán a comer y a tomar café y dar vueltas, no recuerdo si se fue al otro día, ni si hablamos mucho, creo que no. Regresó a su ciudad, yo seguí con mis cosas y algunas semanas después fui al norte a ver a la familia, a algunos kms de Monterrey. A pesar de los ruegos de mi familia mexicana conservadora, yo, Isadora, a mis 22 años, fui a ver a “R” hasta Monterrey. tomé un autobús, sólo llevaba mi bolsa de mano y unas sandalias muy incómodas. Una pañoleta verde que conservo, y toda mi ilusión de mocosa impaciente. Pensé que todo saldría bien, que sería lindo, un gran detalle de mi parte ir hasta allá a pesar de la familia blabla… Segundo grave error de juventud. Cuando llegué a penas me hizo caso, en su cuarto había fotos de su ¿ex? novia, y fue bastante aburrido. Sí, “eso” fue bastante aburrido. Cuando llegó la noche fuimos a tomar algo con uno de sus amigos, luego me dijo que no podía quedarme en su casa, y que mejor fuera a dormir a casa de su amigo. ¿Qué podía hacer? Ya nada, dormí en una cama muy dura, sola, en un departamento extraño y casi vacío. En la mañana me llevaron a la terminal, en la casi madrugada, tomé un autobús, y “R” se despidió diciéndome; Isadora, tú sabes que lo nuestro es imposible. (En esta parte se pueden reír)

 ¿Qué? Imposible… sí, pero ¿qué sentido tenía todo? a veces creo que buscamos un poco de drama y aventura sólo porque nuestra vida es vacía y nunca estamos satisfechos. El amor se me pasó pronto, entré a la facultad, regresé con el novio arquitecto, (luego fracasó todo pero esa historia quizá merece ser contada con más cariño) tomé mis clases, me enamoré de otro, y “R” quedó en la historia como un regiomontano que quería ser músico, con una novia moralista que lo empujaba a desahogarse (ay, qué victoriana sueno) con otras inocentes, crédulas muchachitas…

Tiempo después “R” llegaba a escribirme que estaba muy triste, que había fracasado en el amor y que lloraba por las noches adentro de su clóset porque no sabía qué hacer con su vida. con el tiempo sus cartas se hicieron cada vez más esporádicas y menos sustanciosas. “Iré pronto al D.F. ¿cómo estás? ¿cuando nos vemos?” “Estoy en el D.F. Isa” “Hotel el Diplomático hab 345” …

Nunca le respondí.

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3 comentarios en “De amores imperfectos 1 “Norte”

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