¿Escribir?

¿Escribir para quién? ¿Para qué?  El otro día estaba en la cooperativa pensando adentro de mí, muy profundamente, cuestionándome todas y cada una de nuestras políticas, acciones, cosas. Me sentí muy mal, siempre siento que caigo en eso que critico, ¿es que el mundo no tiene salidas de éste sistema viciado? ¿No? ¿no? ¡alguien dígame que sí! entonces unos compañeros de la coop me dijeron que ya me calmara, que ya, me diera espacio, que ya.. basta. Ya.

Ya.

Bueno, ya, sí, me calmé un poco, a veces hay que parar la cabeza, pararla. Stop.

Sin, buscar contactos para que vayan a la coop, sin hacer llamadas, sin revisar la agenda, sin sacar copias, sin leer a los griegos, mantener mi cuarto limpio, limpio ordenado para poder pensar mejor, sin pensar en entrenar, en que ¿y si no puedo volver a bailar igual? ¿y si nunca puedo hacer eso que quería, arte, creación, expresión? ¿para qué? sin tener que pensar en botas de viaje, mochila de viaje, consumir más, y escribir, un poema cada noche para sentir que avanzo internamente y el ajetreo urbano no me come la vida interior. Sin el pasado, sin los chismes de las provincianas sin vida que prefieren criticarme, sin las filosofías baratas que aunque valientes no solucionan nada. No, tampoco quiero en mi mente la renta, los papeles, revisar datos, querer ser congruente, sin perspectivas de género, sin toallas femeninas ecológicas, sin el hospital, el cateter, los estribos, la noche larga y horrible, sin Foucault y sus párrafos de treinta líneas que no siempre entiendo, sin mitologías, sin arte. ¡Alto! Que se pare todo el mundo, va demasiado rápido se fue una muchedumbre de días todos juntos muchos, lejos, y no me encuentro. Necesito tiempo, todos necesitamos tiempo para entender las cosas. El otro día fue a la coop un hombre que trabaja en grupos de estudios bíblicos a la coop. Lo escuché atentamente, pronto abrirá un grupo de estudios bíblicos ahí mismo. Hablamos un poco, me dijo, que le felicidad del cristianismo radica en que alguien, finalmente “amorosamete” nos responde todas nuestras preguntas, quienes somos, por qué estamos aquí, hacia dónde vamos. Quise creerle, pero me es impensable algo así. No sé ni siquiera, si esto que pienso lo pienso yo, o si mis ideas y mi voz de adentro sólo son otro eco más del mundo, mi voluntad, mis deseos, mi identidad bien podrían estar casi desdibujadas, puedo incluso, ni siquiera existir. ¿Quién tiene la verdad? ¿Cuál es esa verdad? ¿Un monje budista allá en una montaña ya la encontró? Y yo, aquí diminuta, con mi cuerpo diminuto, mis pasiones que lo acaparan todo, el corazón que siento que me explota si me enamoro, si me desenamoro, si no amo a nadie, me explota de cualquier manera. No necesito grandes hazañas para sentir que la existencia es avasalladora, sus implicaciones, el cuerpo, los sonidos, el frenetismo, la calma que siempre antecede a la tormenta, el movimiento, el universo dinámico, la pausa donde descanso en un gato de Schroedinger que aún no es, indefinida, me quedo quieta, si doy un paso adelante está bien, pero abandoné un camino, si abandono una relación duele, pero elegí mi propio destino, si no coincido con unas ideas abandono a alguien, a algo, a la causa, pero me quedo conmigo misma. En mi finitud, con las mismas preguntas y  el ceño fruncido sigo siendo un insignificante devenir que siente.  Con mis lecturas solitarias de Proust que sólo me roban la paz del pensamiento y me llevan en un río de palabras hacia un instante que no me dí cuenta que llegó por estarme pronunciando. No puedo dejar de pensar, no dejaré de pensar mientras esté viva, mientras estamos vivos estamos condenados a millones de procesos que se ramifican y se multiplican dentro de nosotros, esos pequeños flujos de energías, roces, brotes, aperturas, libaciones, somos un universo de proezas físicas, adentro en el cuerpo, y parece que puedo escucharme latir en medio del silencio, así de llena estoy, sangre, aire, tejidos, y después soy otro tejido, uno silencioso y asbtracto, luego otro más complejo, orillado al orden y la lógica, yo no quería esto, no quería el albedrío, la responsabilidad, el ruido mental. Saldré a la calle, pensaré en que siempre pienso en el futuro, que no vivo el presente, en el presente suceden miles de millones de cosas que quisiera poder decantar, vivo distraída, absorta, parece, que estoy desconectada de la realidad más próxima pero sigo despierta escuchando el mundo,  me asusta, sólo me quedo quieta en el trasnporte público, no sonrío siempre, no voy a fiestas, tengo días que se me clavan profundo, y no siempre esa herida me lestima, pero se clavan profundo adentro muy adentro. No hay una máscara que usar, un muro que construir, todo viene y siempre estoy aquí. . Cuerpos, cabellos, historias, manos, uñas, pies, cada cual con su casa y su laberinto, sus cansancios, sus sonrisas, sus deseos, todos ahí aglutinados mientras me digo; somos una raza de millones de hermanos y todos compartimos mucho de lo mismo. Qué poca diferencia parece haber entre nosotros, y sin embargo, qué dificil parece que podamos entendernos. Cómo me duele haber pensado hace poco que los sentimientos no tienen forma. Abrí la caja de pandora, ahora siento más cosas. Cosas, no sentimientos nombrados, momentos irrepetibles de mezclas, ruidos, sensaciones, sudor, latir, respirar, querer explotar hacia la tierra y hacia el cielo. Que sólo son sonidos y escenas, son, cuando te dicen; “lo que te duele no es haber perdido a un hijo sino un abandono más en tu historia” un grupo de personas sin cara que adentro de ti golpean tus muros y tus límites y sus puños casi suenan adentro de tu piel. No es que haya un odio, no se trata de la palabra “odio” es sólo otra pregunta, una muy fuerte, muy profunda que anidó hace mucho adentro y que tiene ramas como un árbol que quiere llegar lejos, hacia el cielo, donde están las estrellas y sus ramas y sus hojas son una fuerte pregunta al infinito; ese es el odio, no es o d i o, no son cuatro letras, ni es solamente las lágrimas, tristeza. La vida humana no cabe en éstas letras, no cabe en un cuerpo, no cabemos adentro de un cráneo, hay que proyectarse, saltar al vacío, abandonarse a uno mismo. Abandonarse sí, soltar. Decirnos sin orden, respirarnos sin orden, descansar de ésta propuesta al infinito que somos. Y sí, antes de seguir hago una pausa, antes del silencio me digo; tienes que … y en ese punto, con las puntas de mis pies y de mis labios, en el borde, detenida ahí, respiro; saltar desde un instante al otro; ir hacia adelante no importa qué, abandonarme, sí, abandonarme en el pasado más próximo, ahí en donde todavía soy quien era, dejarme atrás, los sobresaltos, las imágenes, y dar un paso, DECIR; lanzarme encima del lenguaje, encima de mi barca de palabras a flotar encima del vacío, a ver a dónde llego, a ver para qué escribo.

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2 comentarios en “¿Escribir?

  1. Me gusta leerte, me identifico con algunas cosas que dices, me siento con calma de opir tejidos de pensamientos que se parecen a los míos y me siento menos marciana.
    Creo que a muchos les gusta decir lo que no saben, yo no sabía bien porque quería tener un hijo desde hace mucho, y luego supe, pero no era por las razones que otros decían, o dicen hoy.
    Espero no ser una de las provincianas, no creo haberte criticado,
    un abrazo.

  2. Es la primera vez que entro a la pagina, es tan cierto lo que dice, tiene tanta profundidad.. claro, es mucho más de lo que la cultura del lenguaje deja proyectar, es tanto y al final llegamos a un tal enredo que termina en conflicto con la razón, y si claro al dar un paso al mundo más exterior nada es nada.. tantas culturas, tanto de que hablar, ni millones siglos podrían alcanzar tan entendimiento, pero la realidad” lo siente, esa luz que somos en el aquí y el ahora logra sentirlo a través de la mente. Gracias por tu texto me encanto.

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