paraíso

Estoy segura de que existen huecos en el tiempo. El golpe constante de su fortaleza nos oxida. En esa fortaleza hay grandes torres, construcciones que parecen infinitas, una habitación que lleva a otra, un salón cuyas escaleras parecen no acabarse, pasillos que terminan en el mismo momento en que el aliento se termina el mundo de lo visible, lo que nos toca o nos sacude el cuerpo vive adentro de esa plaza gigantesca que juega a ser mansión de piedra.Pero existen pequeños espacios escondidos. Y sólo si me quedo callada, si tengo cuidado de quitarme una por una las prendas y los pensamientos, y me escabullo de puntitas, cuidando que mi respiración no rompa con la sagrada luz que difumina mis límites y mis comisuras, así, apenas sosteniéndome con el mínimo aliento posible, puedo encontrar las puertas. Siempre supe que estaban ahí, esperando a que alguien las abriera con gentileza y se encontrara con aquello que espera en los huecos del tiempo, a donde pocos llegan.

Ahora mientras se mueve mi mano al escribir el aire se despierta. La falsa quietud me desenvuelve. Sólo estoy yo sin atavíos, con la mente apenas alerta a lo que existe. no me siento pero miro cómo han aparecido jardines nuevos sobre mi superficie. Fui una mujer, después un reloj me quitó el sueño de la vida, alcancé las rejas de lo que fue volviéndose secreto; la entrada a este sitio.

Me volví polvo, arena, gotas de lluvia diminutas. Recuerdo haber sido una nube que se acerca y se aleja al mismo tiempo disipándose, y la lluvia, la sal, un poco de sangre sobre su cuerpo. Fui el aliento que le dio la vida, la memoria inmediata de la compañía. Aquí todo es muy quieto, los ojos no saben cuál es la dirección de los sucesos, el humo se condensa y regresa por los labios, el vapor cambia a líquido, su abrazo es un soltarme y envolverme al mismo tiempo. Llegué a este lugar siguiendo extrañas siglas de perfume, y lo vi ahí, como ahora mismo, durmiendo. Me acerqué para dejar de ser, en una danza de imposibles.

Antes de la tormenta el durmiente parecía el único durmiente capaz de soñar sobre la tierra. Adentro de sus ojos había un mundo donde vivían seres de viento, ni perfectos ni maravillosos, jamás habría de haber sobre la tierra un ser como aquél que vivía adentro del negro de sus ojos. Pero un día llegó la lluvia, inusitada como la tormenta que llega después de cientos de años de sequía. Y ese día lleno de luz su mundo se volvió mi propio mundo. Lo observo tendido sobre un lecho que resiste sequías,  muy quieta y muy callada para no despertarlo, porque sé que soy sólo una nube que rompió el tiempo entrando al paraíso. Y tendré que salir sin despedirme, porque el durmiente ignora que lo amo, y si lo pronuncio romperé su sueño. Debo volar antes de que despierte, me pondré de pie, miraré mis pies desde lo alto, mis piernas, mi vientre, mi pecho, mis manos tristes que no quieren partir. Me volveré aire, rocío, un pájaro que sepa volar hasta la puerta del rincón secreto. No sé si volveré, se queda atrás un rumor de alientos, atravieso el umbral invisible poco a poco, vuelvo a vestirme sin saberlo, la puerta me devuelve las máscaras, un ángel silencia la memoria con un dedo en mis labios, cierro los párpados para dejarme ir.

Volar al paraíso está prohibido. Por eso escribo que te encuentro, como si el tiempo y el espacio tuvieran una puerta que los niega, entre dos árboles.

Anuncios

Un comentario en “paraíso

Have you been there?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s