Activistas en el mundo real

Antes que nada quiero aclarar que la primera vez que alguien me llamó activista fue hace tres años en un programa de radio donde me invitaron a hablar de una divertida campaña en la que participaba organizando junto a una amiga performancera, la recolección de toneladas de cabello para limpiar el petróleo de las playas de Florida luego del derrame del Golfo en el 2010. Pueden ver la divertida experiencia aquí, (la campaña se hizo en verano cuando todo el mundo tenía tiempo de participar y la acción era sumamente básica, pero fue exitosa). Ahora trabajo con grupos de personas.

La experiencia de reunir una tonelada y algo más de cabello con la ayuda de muchas personas de varios estados de la República resultó muy buena, no porque el cabello fuera una solución al problema REAL de fondo de los derrames de petróleo, sino porque nos demostró a mucho lo que las redes de personas organizadas pueden hacer y además nos enseñó mucho el cómo crear movimientos replicables y campañas existosas.  Cuando conté esto en el programa de radio me dijeron activista, y la palabra me resultó muy incómoda.

Un activista es alguien que de primera instancia sale a la calle a expresarse. O es alguien que cree en el poder de la acción. Bueno, los performanceros hacen lo mismo, pero son performanceros, su objetivo es actuar y expresarse. Todos los activistas buscan un cambio, generalmente para bien, dependiendo del contexto de cada cual, sociales, ambientales de derechos humanos, nacionalistas etc…

Después de dos o tres años al pendiente de la situación ambiental (principalmente) y después de conocer diversas organizaciones y tipos de acción, tomando en cuenta la complejidad del mundo en que vivimos, ya no me gusta para nada la palabra activista ambiental. Ni lo que implica. A continuación dos de algunos de los rubros más conflictivos para mi cerebro en éste contexto “activista ambiental ” iugh;

Protestas

Está super bien tener visibilidad, usar el espacio público, cuando tenía 17 años fui como veinte protestas en un año, Irak, AMLO, etc etc. Todas las noches llegaba a mi casa, pensando que había hecho algo al respecto del problema en cuestión. #NOT. Las protestas sirven para visibilizar una causa pero no son acción por sí mismas. Entendamos por acción aquello que pudiera llevar a la solución del problema, o que fuera por sí mismo la solución del problema. Algunas veces muchas protestas, por muchos días, hechas por mucha gente modifican las cosas, sí, cuando no son los que protestan los que tienen que cambiar. Yo sé que a veces las protestas son el primer paso hacia una acción mayor y más específica, pero es peligroso pensar que son suficientes.

Activismo de Internet

Todos sabemos la fabulosa organización de los países árabes el año pasado y el papel del internet en la organización de las protestas. Sí, siempre se trató de organizar personas reales en espacios reales con un objetivo en específico. También fungió como medio de información y difusión del descontento y de las posibles salidas y propuestas de acción que la gente debía tomar. Eso es salir a la calle. No es nada más un click. Cuando internet sirve para organizar cosas afuera (tampoco el hecho de sólo organizarlas es la solución) puede considerarse como acción. Si no, es sólo un lavado de culpas. ¿Por qué?

Vivimos en una era post-industrial. Bauman la llama modernidad líquida, Lipovetsky la llama hipermodernidad. Eso quiere decir que las condiciones económicas tienen una repercusión en la psicología de las sociedades y sus procesos sociales se comprenden desde diferentes perspectivas, muy posmo, también. Sí. Aunque nos duela aceptarlo, o si quiera nos cueste considerarlo. Nada de esto que digo ahora puede descontextualizarse de mi entorno. Digo lo que digo porque soy quien soy, y soy quien soy por el lugar y el momento en que vivo. Esto suena muy aburrido y voy a poner una foto refrescante: 

Trabajamos tanto que no tenemos tiempo para ser. Aprendemos en escuelas militarizadas (sí, tengo algo contra la educación industrial) y aprendemos a obedecer y ser evaluados y calificados. Independientemente de mis miles de argumentos en contra de la educación como la conocemos la mayoría, no podemos decir que funcionamos lo suficientemente bien como individuos como para exigir un cambio radical al mundo y al sistema. Ay sí, ya sé que sueno super radical (qué paradoja) pero cuando un activista exige al mundo que cambie, no diré aquello de primero cambia tú mismo porque los procesos individuales NO existen, no puede cambiarlo él solo. Cuando un activista quiere hacer algo, necesita de más gente que lo apoye. Y ahí está la cuestión de porqué es importante conocer nuestro contexto integralmente.

En nuestro tiempo, en nuestra realidad física, las personas que tenemos acceso a una computadora padecemos de un grave mal contemporáneo. No sabemos interactuar humanamente. Lo digo en serio. Sabemos obedecer en la escuela, y sabemos quitarnos los zapatos en casa, y sabemos socializar en fiestas. Pero la cuestión colectiva la tenemos en blanco. Nadie nos ha enseñado a trabajar en equipo. No sabemos escuchar a los demás. Tampoco sabemos cómo llevar a cabo trabajos colectivos. No sabemos cómo lidiar con las diferencias y no hemos aprendido a conciliarlas. (Lo digo después de ver y participar en muchos proyectos, movimientos y organizaciones).  Quizá podemos salir a la calle y caminar juntos. Quizá podemos hacer click en una página para salvar a las ballenas. Pero esas cosas no solucionan nada.

Y no, no creo en la caridad. La caridad sólo hace que las condiciones injustas perduren y se miren como merecedoras de migajas. -Las migajas de un sector social que no está interesado en poner en tela de juicio ni sus prácticas ni sus ideas, y que prefiere quitarse la culpa dando todo aquello que le sobra. Tiempo, dinero, clicks. ¿Estamos hablando de cambiar todo el sistema entonces? ¡Claro! pero no es cosa de un año o dos. Tenemos que ser realistas, ser ingenuos sólo nos aleja de lograr la meta.

El mayor reto de todos los intentos de cambio no es lograr la mayor cantidad de clicks. No es pensar que ganamos una vez que conseguimos una cosa. No es reunir 50 000 000 000 000  firmas y lograr una política (aunque no está tan mal) pero quien se considere dispuesto a actuar por aquello en lo que cree debe estar consciente de que la lucha es una lucha en muchos ámbitos porque la realidad es compleja. Hay mucho que cambiar poco a poco, mucho que desaprender, mucho que deconstruir. No hay fórmulas. Y sólo nos tenemos a nosotros mismos (a los millones que somos) por lo tanto lo más urgente ahora es aprender a TRABAJAR en equipo.

He conocido muchos proyectos que surgen llenos de esperanza como remansos de posibilidades ecológicas, como intentos de contención social, incluso como focos educativos. Pero aún estamos llenos ( e infectados, incluso yo) de individualismo. Aún dudamos de los otros y preferimos ver por el porvenir propio antes que por el común. Mientras los proyectos sigan conformándose por activistas individualistas que buscan aplausos, que buscan seguidores o buscan sólo perfección, nada va a cambiar. Esto es un proceso de aprendizaje, y la mejor manera de aprender es intentando, trabajando, yendo al fondo, siempre dando más de lo que pensamos que podemos dar. El sistema funciona perfectamente, hay razones psicológicas que nos hacen socialmente ineptos. Perdemos la capacidad de ser empáticos y en un mundo donde los estímulos son inmediatos y la satisfacción se busca de inmediato no le damos tiempo a las cosas para germinar, y menos para crecer. Conozco activistas que un día lucha por una causa y al siguiente por otra, y las calles se llenan de personas dispuestas a marchar, a festejar, a quejarse, pero que no están dispuestas a comprometerse de ningún modo más profundo. Todos nos estamos buscando a nosotros mismos, sí, pero hay muchos activistas que viven un sueño hippie en el que andar descalzos, cantar amor y paz y comer flores son opciones de cambio para mejorar nuestro mundo, como si las grandes corporaciones, las políticas internacionales, las violaciones a derechos humanos y el crimen organizado estuvieran cantando al rededor de una pila de dinero “odio y guerra odio y guerra”.

Conforme pasan los años aprendemos que la ecología es recursos naturales, política, educación, urbanismo, comunicación humana. La realidad compleja requiere de acciones complejas. Y éstas acciones implican trabajo, sin embargo no se trata de un trabajo como normalmente lo conocemos. Se trata de una labor ardua, constante, posiblemente fatigante, pero sumamente vital, esperanzadora y llena de alegría y satisfacciones.  A veces parece que hacemos del activismo un hobbie para conocer otros inconformes que tienen sed de pertenecer a algo, aunque no tengan sed de trabajar. Yo me pregunto si conocemos el mundo que queremos cambiar. ¿Sabemos lo que tenemos que hacer? ¿Estamos dispuestos a asumir el reto? ¿Necesitamos protestar solamente, visibilizar los problemas es lo mejor que podemos hacer? Seamos ambiciosos y pensemos en grande, somos miles de millones de seres potencialmente inteligentes, potencialmente activos, si pudiéramos organizar la acción, el mundo que soñamos dejaría de ser imposible.

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