Éste es el Laboratekio.

un premio para el que explique la relación entre Antichrist de Von Trier y el LaboratekioEn algún momento del año pasado caí en la cuenta de que la vida radical y el “activismo” llegaban a muy poco cuando se planteaban objetivos tan ambiciosos como cambiar el mundo de tajo en un día. Uno es jóven y atrabancado, ¿qué quieren que les diga?  Eso me hizo replantearme mucho de lo que pensaba que quería hacer. Siempre podemos adoptar los hábitos más radicales y podemos pensar que si no consumimos unicel entonces empezaremos un gran cambio en todo el mundo y el unicel desaparecerá de nuestras vidas. Bueno, si pueden, intentemos no consumir unicel, pero eso no soluciona el problema.

Como muchos otros intentos de cambiar el mundo, si no entendemos nuestro entorno, poco podemos hacer para modificarlo. Cuando me di cuenta de que criticaba al sistema de producción y consumo de alimentos sin saber cómo podía producir un jitomate me sentí un fraude. Y eso no era todo. Si yo aprendía a cosechar un jitomate, eso tampoco solucionaría nada en lo inmediato, (cuando uno madura se da cuenta de que las cosas toman su tiempo, así que empecemos a olvidar el concepto de inmediatez, es putrefacto).

Entorno al problema del calentamiento global y la producción de alimentos hay muchos factores que tomar en cuenta si queremos cambiarlo. Yo vivo en una ciudad. Podría producir parte de mis alimentos, pero yo, como muchos millones de personas, no tenemos acceso a un terreno donde cultivar. Además ni sabemos hacerlo. Si sólo yo cultivo mis alimentos, tampoco soluciono nada. El problema es la escala de la necesidad, y la escala en que esa necesidad se cubre, de forma inconsciente. Toda acción que nos planteemos como solución, si la realizamos estando solos, no sirve para nada. Ni siquiera como ejemplo, porque las personas no aprendemos viendo, aprendemos haciendo.

Tenía un gran problema en mente, hasta que hablé con mi amiga Ileana, que llevaba tiempo desarrollando actividades para fomentar y aprender de nuestra relación con la tierra y los alimentos. Tuvimos una idea. ¿Qué pasaría si lleváramos a la práctica el principio de la permacultura  que dice que hay que “integrar” en vez de dividir?

Tenía sentido, queremos cambiar el mundo, tenemos que cambiar antes nuestra forma de pensar también para lograrlo: tendemos a ver los problemas y los obstáculos como un alto ineludible cuando en la naturaleza, que lleva preservando y multiplicando la vida desde hace millones de años, la muerte y los problemas son cuestiones naturales, y nada sucede que no sea parte de un plan.  Suena extraño, pero si estamos rodeados de problemas, ¿qué pasaría si unimos todos esos problemas? ¿Todo sería peor?

Analizando las razones por las cuales una mayor cantidad de personas no logra aprender a cultivar sus alimentos, o sin ir más lejos, la razones por las cuales no podemos acercarnos siquiera a una mejor comprensión de los procesos de la tierra y nuestro papel en ella, notamos que existen algunas constantes-obstáculos:

1.-No tenemos información, no tenemos manera de entender nuestro contexto.

2.-Quisiéramos aprender, pero pensamos que es muy difícil.

3.-No tenemos tiempo para tomar un curso, o pensamos que sólo podemos aprender tomando clases.

4.-No tenemos dinero para pagar un curso.

5.-Pensamos que no tenemos espacio para cultivar.

6.-No nos interesa. (pero no nos interesa porque no es una cuestión socialmente valorada, y esto es un reto, debemos promover el cuidado a la tierra como un valor)

El panorama parece devastador. (yo soy super fatalista y disfruto diciendo las palabras “fatal”, “debacle”, “devastador”, ustedes disculpen) y parece que tenemos todo en contra para lograr una Revolución Verde. Pero cuando Ileana y yo analizamos el caso, quisimos aplicar otro principio de la permacultura: la colaboración.

Nada puede lograrse sin colaborar. NADA. Lo que sea que fuéramos a hacer, tenía que tener el elemento colaborativo presente todo el tiempo. En alto. Como bandera. Así que empezamos a atar cabos:

Si había gente que quería aprender, se necesitaba gente que enseñara.

Si había gente que podía enseñar, se necesitaba ayudarla o darle algo a cambio.

Si había gente que no sabía, ni quería aprender, pero que tenía un espacio y lo podía prestar, los dos grupos anteriores podían prestar mano de obra a cambio de aprendizaje, y conocimiento a cambio de promoción. Lo que hicimos fue unir las necesidades de algunos, con las posibilidades de otros, estableciendo relaciones colaborativas. Y funcionó.

Unir debilidades para generar fortaleza

Así funcionan las cosas en la naturaleza. Incluso después de muertos, todos los organismos tienen una función nutritiva. La basura no existe ¿ya habían pensado en esto? En el esquema natural el desperdicio no existe. La vida es tan poderosa que encuentra las maneras más intricadas de perpetuarse, y para esto utiliza complejos sistemas de inter-conexión con los millones de elementos con los que dispone. (De nuevo quisiera decir que cuando planeemos cambiar el mundo, seamos ambiciosos, entre más organizados estemos, más cerca estaremos de lograr la meta)

Empezamos con el primer Tekio en octubre. Desde entonces cada quince días reunimos un grupo de personas  en distintos lugares donde se necesita mano de obra para construir huertos. Siempre añadimos a la jornada sesiones de aprendizaje donde aprendemos juntos, aplicando directamente el conocimiento.

Hemos creado una red muy positiva, y estamos aprendiendo a trabajar en equipo, cuidando de no crear líderes o centros de decisión, sino promoviendo el liderazgo en cada uno de los miembros.

Mi deseo secreto es que éstos espacios sean lugares de aprendizaje y enriquecimiento espiritual que nos permitan ver de cuántas cosas somos capaces cuando trabajamos en equipo creando nuestras propias reglas. Hemos ido a otros espacios a ayudar con la construcción de casas con materiales naturales y ahora estamos duplicando los espacios que intervenimos. Los huertos podrían volverse un movimiento viral de reverdecimiento en la ciudad, y eso revolucionaría nuestra forma de vivir. (me encanta soñar).

Hasta ahora, sé que cualquier acción que realicemos debe estar bien planeada. No es sencillo, aunque lo parezca, reunir a muchas personas en un lugar, definir responsabilidades y resolver problemas. Creo que es cuestión de ubicarnos en un momento en el que necesitamos APRENDER juntos a vivir con comunidades.

Y es importante que sepamos que si vamos a formar nuevas comunidades, éstas deben ser comunidades libres, creativas, autónomas y divertidas.

Si quieren conocer más sobre el proyecto pueden visitarnos en Facebook o en nuestro blog; http://laboratekio.blogspot.com

Los movimientos pueden volverse virales fácilmente cuando aprenden a actuar como lo hacen los virus en la naturaleza. ¿Con qué otros objetivos podemos crear más movimientos de éste tipo? Seamos realistas, pero no dejemos de soñar, y planear ambiciosamente. Tenemos millones de personas con quienes contar. 🙂

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