El verano que viene

Mientras miro la lluvia desde un chairo café de Coyoacán, me tomo un café aguado y repaso las publicaciones en internet de todas las noticias referentes al Movimiento Estudiantil YoSoy132pienso, sorpresivamente  en la muerte. Pienso en mi amigo que murió en el mar hace algunos meses. Recuerdo que después de haber sido un ratón de biblioteca, y pasar su vida frente a sus libros o frente a su guitarra, quería escribir sobre lo que está ocurriendo ahora en el mundo. Había escrito un cuento  acerca de dictadores y revoluciones internas. Además de su tesis, sus ensayos, su diario, estaba escribiendo un poco sobre los indignados en España, y la última vez que lo ví fue en la manifestación del 15M en México, en el Monumento a la Revolución.

Ya lo había olvidado pero una de las primeras veces en que salimos fue en  una manifestación en el senado, para quejarnos por la Ley Televisa. Era el 2006. Estábamos llenos de sueños y con ganas de decir lo que pensábamos del mundo. Tiene sentido, si se es jóven, uno se preocupa por construir el mundo en el que se quiere vivir. Aunque luego nos efrascamos cada uno, él en su carrera, yo en mis dramas urbanos.

Sé que Sergio quería “alzar su voz“. Amaba la literatura, pero detrás del arte – como viga de hierro que sostiene la voluntad creativa- estaba el espíritu revolucionario que compartimos siempre. Era un intenso sentir que empujaba hacia afuera en forma de crisis existenciales y entrega total al oficio artístico, y que derivaba en duras y apasionadas discusiones. Ahora pienso en la muerte, parece fatalista, lo sé. Pero no es así. Recordar la pasión detrás de esas peleas todavía me llena de vida. Uno a veces se equivoca, pone toda su fe en los conceptos, en las teorías en sus propias explicaciones, pero eso siempre se transforma, -la pasión no. La pasión crece, se alimenta, se transforma en cosas, transforma la propia vida, y el mundo que nos rodea. Sólo cuando se tiene fe en alguna idea, se trabaja con eso para construir algo genuino en el mundo. Creo que sin pasión las creaciones son hijas de la inercia, de la materia, lo grosero, lo fútil.

Cuando empecé a escribir esto no quería hablar de la muerte. Parece fatalista. Parecería fatalista si sólo escribiera que nada más  en éste sexenio han muerto casi 90,000 personas a raíz de una nula estrategia de combate (o permisividad) al narcotráfico. Y además están los pobres, los que no tienen acceso a una educación, que no nacen con la oportunidad de probar para sí mismos lo valiosos que somos. Buscar la felicidad, ¿quién tiene ese lujo?

Ahora pienso en el verano que nos espera a todos. Dicen que uno no debe pensar en el futuro, ¿y si me muero antes? ¿para qué me preocupo? Pero nuestro ahora es crucial, y lo será aún más en un mes, es inmediata la necesidad de pensarlo. Hace unos días tuve una acalorada  discusión con un tipo que me preguntó si creo en el movimiento “YoSoy 132”. Le dije que sí, pero que no se trata de decir “creo” o “no creo” absolutamente, porque no se trata de un dogma, ni de una cuestión reductible a si es legítima o no. Es más complejo que eso.

Mientras el chico depresivo amante de las chelas y los piercings me interrumpía cuando le explicaba que los movimientos sociales son importantes, me  enojé mucho. Me encabroné. Le dije; “si no sabes de lo que que estás hablando, cállate wey”. Porque no me dejaba ni terminar una frase. Porque tenía en los ojos y en su tono de voz un dejo de algo que no tolero, que no he tolerado nunca (porque soy terrible, suma y violentamente intolerante muchas veces) ni toleraré: la resignación.

Siempre me ha desesperado el mundo. -No me gusta cómo me hablas ¿sabes? pensaba cuando era niña, cuando cualquier adulto idiota trataba de entablar contacto conmigo  a través de una burla, de una broma, de un prejuicio. -No me gusta cómo me quieres educar-, pensaba cuando en la escuela no me dejaban tener mis propias ideas, defender mis posturas (por supuesto que los niños tienen posturas políticas, a menos que sean unos descerebrados hijos de la tele) o decir al menos lo que pensaba. -No me gusta que me juzguen por ser mujer, por mi apariencia. No quiero que tú, sociedad enferma, cuestiones mi salud mental. Yo creía en los libros, en el arte, en la solidaridad humana. Siempre he creído en la justicia. Yo veo espíritus grandes en las personas, y pienso en Wassily Kandinsky, y en su teoría que dice que los grandes espíritus siempre se adelantan, abren camino para el resto del mundo. Tiempo después se ven los frutos cosechados en las nuevas libertades de todos, en todos los ámbitos. Y encontramos humanidad ahí. Y cuando veo espíritus grandes, creo en la humanidad. Creo en nuestras infinitas posibilidades. Sueño, y dejo ahí mis objetivos.

Yo no entiendo a los agachados. Y no los puedo tolerar. Y yo defiendo mis ideas, que cambian, por supuesto que siempre cambian, pero me gusta ponerme adentro de ellas, como si fueran mi pellejo. Puedo poner todo mi cuerpo adentro de aquello en lo que creo. Creo en la revolución, por supuesto. No podría creer que estamos irremediablemente casados con la indignidad. Soy realista, pero eso no me impide avanzar, buscar, intentar, darle oportunidad al mundo.

Yo Soy 132

Muchas cosas suceden en el mundo actualmente. En muchos lugares hay movimientos y luchas. Hay quienes no creen que podamos lograr algo que valga la pena mediante un movimiento social, yo siempre digo que no podemos darnos el lujo de ser ingenuos. Hay quienes no apoyan un movimiento porque “no los representa”. Por que por ejemplo, tienen en mente que la sociedad necesita cambiar su sistema “capitalista” (vaya ingenuidad mayor, pensar que se puede cambiar así, con un Occupy de tajo) y que si eso no es el objetivo, no pueden apoyarlo. No se dan cuenta de que quizá, si ahora tenemos al menos la libertad o el derecho de PENSAR es gracias a las luchas de muchos otros en el pasado. Los derechos civiles o el voto femenino, es verdad que aún muchas cosas faltan por cambiarse, pero el proceso es lento, largo, complejo y se requiere de trabajo, y en el pasado muchos han trabajado movidos por ideales para elevar a la humanidad. Si bien es necesario tener una postura crítica y observadora, es más necesario aún construir en conjunto un proceso colectivo. Hay “revolucionarios” que viven detrás de sus computadoras. Como si el mundo ideal que tanto añoran y piensan imposible pudiera construirse de forma separada. Como si fuera a llegar un día en que dejará de llover y se podrá salir a jugar. Para cuando llegue ese día (si es que llega) esos revolucionarios no sabrán formar parte de ese mundo, porque no habrán aprendido a interactuar. Esos revolucionarios simplemente no saben escuchar al otro, ni tomar decisiones en conjunto. No saben ser empáticos, no pueden conectarse, no pueden comprometerse. Y eso sólo se aprende afuera. Tocando a la gente, cometiendo errores en grupo.

Posiblemente “YoSoy132” no va a cambiar el mundo como soñamos. Eso tomará tiempo, y por alguna parte hay que empezar. Lo que sí es seguro es que nunca antes en México se había dado un movimiento de esa naturaleza -contra los medios de comunicación masivos- viniendo de sectores diversos, estudiantes de todo tipo, que tienen acceso a computadoras, tecnologías (es verdad que hay una mayoría que no tiene esos medios, o que no los utiliza como fuente de información u organización, pero todos somos agentes de cambio) y pueden adquirir una postura definida en cuanto a la realidad política y económica.

El verano no va a ser fácil. No sabemos si la campaña que ha emprendido el movimiento tendrá éxito en impedir que Peña Nieto llegue a la presidencia. Posiblemente no. Pero es un gran logro que haya procesos asamblearios, que se levante la voz por lo que se busca y no se busca. No todos estamos ahora pensando en el pico del petróleo, en resolver los peores problemas que aquejan al país y al mundo. Pero empezamos a hacernos preguntas, y en el diálogo con el resto del mundo algo está saliendo a la luz. En todo el mundo nos hacemos las mismas preguntas. ¿Dejaremos de consumir? ¿Dejaremos de buscar sólo el bienestar material? ¿Comenzaremos a procurar un bienestar colectivo? Quizá no del todo en ésta década.

Sin embargo, hablando con jóvenes de diferentes estratos sociales y económicos, encuentro una tendencia: no podemos seguir así. No todos queremos tolerar la realidad como es. Queremos escribir nuestra propia historia. Dentro de un tiempo dejaremos un poco de lado las computadoras, pues hemos visto que debemos ir a la calle; realizar el cambio ahí. Entonces vendrán los verdaderos retos, y los mayores aprendizajes, se gane o se pierda: es seguro que algo hemos aprendido en los últimos años, luego del fraude electoral del 2006. Algunos todavía creen en los logros personales, los adornos profesionales, la casa, el celular el coche (el pico del petróleo a la vuelta de la esquina nos va a obligar a cambiar de dirección de todas formas) pero otros ya tienen en mente otras cosas.

La revolución es una fiesta

El año pasado apareció en la escena política y social del país el Movimiento Por la Paz con Justicia y Diginidad. Yo tengo familia en el norte del país, que vive una amenaza de violencia en su vida cotidiana. Y yo vivo la amenaza y la intranquilidad, pues me preocupo por ellos. No quiero ser parte del mundo que permite que vivan bajo tanto riesgo. Yo sé que la estrategia de guerra de Felipe Calderón, para empezar ni existe, ¿cómo pensaban combatir el narcotráfico? ¿quién se cree que quieren hacerlo? ¿quién le cree aún a los poderosos?  Ya van casi 90,000 muertos según cifras extra oficiales, y nadie hace nada… seguimos durmiendo. Concretamente yo ¿qué puedo hacer para encontrar, paz, lograr justicia a las víctimas, y vivir con dignidad? ¿algo individual? ¿entonces qué sentido tiene tener un movimiento? No lo tengo claro. Hace un par de años, una amiga y yo comenzamos un mini movimiento que logró juntar (sobrepasó su objetivo) casi dos toneladas de cabello para limpiar el Golfo de México del derrame petrolero. (ok, ya sabemos que eso no soluciona el problema de fondo, pero como campaña funcionó) El mensaje era claro, y estaba en el mismo nombre de la campaña: “Juntar cabello para limpiar el Golfo de México”. La gente juntó cabello, lo llevó a centros de acopio, y hasta saturamos el mecanismo de envío y captación.

La acción era sencilla, y concreta. La gente puede responder así. Si se pide a la gente que cambie toda su estructura de vida, ya podemos esperar sentados el resto de la nuestra. Tenemos que ser realistas. Tener objetivos concretos, dar al público propuestas y nichos de acción directa. Y atacar distintos niveles de corrupción en la sociedad. Fortalecer las debilidades, y debilitar los vicios. Oh, suena tan fácil!! …

Pero nadie va a seguir al dolor, por duro que parezca. Nadie va a seguir la queja (lo sé pues soy sumamente quejumbrosa, y no funciona para inspirar a los otros) Nadie va a entrar a un río de desesperación, porque vivimos en una sociedad que para sobrevivir, enseña al individuo a desentenderse de la realidad del otro. Sería demasiado avasallador estar abiertos emocionalmente a la realidad de los otros. Es natural, no fue a propósito. El mundo funciona así, para cambiarlo debemos conocerlo. Yo noto en el movimiento “YoSoy132” ánimos festivos. Hay una burla social hacia los represores, hacia el teatro político/patético. Después de la experiencia de varios movimientos, masacres en el país, injusticias, debemos estar ya aprendiendo algo de cómo contrarrestar los problemas. Prevenirlos y hacer contrapeso en el mundo real. La revolución es un acto vital que necesita celebrarse. En una sociedad que aplaude al que da la muerte, deberíamos construir rituales que celebren la vida por sí misma. Eso funciona. Se sabe. Hay que replicarlo. Y replicarlo. Y volver a decirlo, y hacerlo. Y hacerlo una y otra vez hasta que nos hagamos viejos.

El Himno a la Alegría de Beethoven habla de la libertad de toda la humanidad, es un canto revolucionario universal, muy poderoso. Schiller dice en su Oda a la Alegría <- ésta es la versión para piano de Franz Liszt:

¡Oh amigos, no esos tonos!
Mejor prorrumpamos más agradable
y alegremente.
¡Alegría! Alegría!

Alegría, bella chispa divina,
Hija del Elíseo,
Entramos, borrachos de fuego,
Divina, en Tu santuario!
Tus hechizos reúnen
Lo que la costumbre severa dividió;
Todos los hombres serán hermanos,
Donde repose Tu suave ala.

Quienquiera que logre el gran éxito
De ser amigo de un amigo;
Quien consiga una dulce esposa,
Que entremeta su júbilo!
¡Sí, también quien pueda reclamar
Un alma sola de toda la tierra!
Y quien jamás haya podido, que se hurte
Llorando de esta banda.

Alegría beben todos los seres
Del pecho de la Naturaleza;
Todos los buenos, todos los malvados,
Siguen su sendero de rosas.
Besos nos dio y vides,
Un amigo, probado en la muerte;
Voluptuosidad le concedió a los gusanos,
Y el querubín está plantado ante Dios.
Ante dios!

Felices, como vuelan sus soles
Por el maravilloso plan del Cielo,
Recorred, hermanos, vuestro camino,
Alegres, como un héroe a la victoria.

Recibid un abrazo, millones.
Este beso para todo el Mundo!
Hermanos, por encima del cielo estrellado
debe vivir un Padre cariñoso.
Os postráis, millones?
Presientes al Creador, mundo?
Búscadle sobre el cielo estrellado!
Sobre estrellas debe vivir.”

Friedrich von Schiller

Sergio tocaba la guitarra, escribía poesía, y podía escuchar con el corazón. Quería ver revoluciones y escribir para ellas, y de ellas. Él ya no puede ver todo esto con ojos humanos, (quizá tiene unos ojos más grandes ahora) pero puedo ver yo, adelante, muchos otros corazones, seguir teniendo fe.

…menos enojo y más alegría… ¿no Serge?

Anuncios

Have you been there?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s