Caos. Caos feminista

Llevo un montón sin escribir. Tengo muchas razones. No, sí, claro (me dicen al oído que corrija) mis otras yo tienen un montón de razones para no venir a escribir.

Mi Isa feminista me recrimina un montón de cosas, que hoy tengo puesto el labial ese que nunca uso pero que si me pongo me dicen “ay qué guapa te ves”. También me recrimina no escribir sobre el porno feminista, sobre las cuitas de una “relación” (cuántas cosas neuróticas se nos ocurren a la mierda urbana que tiene tiempo de reflexionar) que si estar en pareja me quita, me resta autonomía, que si es re lindo enamorarse pero, está la predisposición social a caramelizarlo todo y hacer de lado el “proyecto personal” que es cierto eso de que las mujeres nos marchitamos entre otras cosas si hacemos de la pareja el centro de nuestra vida y la dirección de nuestro destino. Bueno, algunas. Bueno, las que me caen bien escapan del estilo muégano. Mi Isa feminista me recrimina no ir más allá en mis reflexiones y HACER algo por tantos problemas en el mundo con respecto a la perspectiva de género. Me recrimina. Me está mirando del otro lado de la mesa con cara de que quizá hoy estoy siendo alguien pusilánime y eso está mal, muy mal, me doy golpes de pecho y sufro.

Mi Isa ecologista me recrimina todo el tiempo. Todo el tiempo como mal, compro mal, trabajo mal, me transporto mal. Como la canción esa de Erika Garcia que dice “positiva.. todo muy bien” pero cambiando el positiva por “consumista… todo lo que vives mal… matas a la tierra”. La verdad es que desde que vi a dónde llevaba el radicalismo ambiental y su efectividad me alejé de algunas prácticas y me puse a hacer lo que sí estaba en mis manos: “quién sabe qué carajos”. Ahora uso una bici, una fleurcup. Digamos que no compro tantas cosas, da igual, no tengo tanto dinero ni se me ocurre qué comprar. Ya no soy del todo vegetariana, no. Gran sacrilegio. Saben rico las verduras uno se siente de maravilla, pero aquella sensación en el cerebro de las personas con quienes compartes la mesa siendo vegetariano o vegano y haces sentir mal la mayoría de las veces gracias a que tus prácticas parecen “mejores” que las suyas, es horrorosa. En serio chicos, disculpen cuando les hice cara de fuchi a sus salchichas. Una pena. No creo que sirva al medio ambiente que sus defensores sean tan antipáticos. Maneras más simpáticas habrá que sí generen cambios sociales, la culpa, sólo en las conciencias católicas impulsa. Creo. Igual me equivoco. Quien sabe.

Mi Isa bailarina ni habla porque está desinflada en algún salón de danza lleno de polvo y sangre de bailarinas desangradas.

Mi Isa pseudo artista llora con un vaso de vermouth en una esquina de algún lugar sucio y fatal de ciudad Neza.

Pero la Isa normal, la Isa que tiene a todas esas recriminaciones adentro está acumulando indignación. Si junto mi indignación con la indignación de millones de mexicanos más seguro algo sale. Hay iniciativas, grupos a los que pertenezco, medios, una pluma para decir cosas. Este país me indigna, el presidente es el rey del estado de los feminicidios, y una buena parte de la población mexicana sigue adormilada sin tener idea de que la justicia y la democracia que estamos perdiendo tan rápido como se pierde la selva amazónica cada segundo, la estamos soltando con los brazos abiertos.

El mundo apesta y a veces uno quiere mandar todo al carajo. Así que eso haré. Váyanse al carajo todas ustedes. Todas.

Así que este fue el post mediocre de martes por la tarde. Ya me reportaré con más anti aventuras de nena conflictiva citadina.

Chau

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