Mexicanos al grito de gol ¿por la democracia? ¿en San Lázaro?

“Peña Nieto llegó”

Murmuramos dentro de los pequeños grupos de conocidos, los organizados o no organizados que compartimos la calle y la consigna este verano pasado en que constatamos algunos sin mucha sorpresa, el éxito del vínculo entre los medios de manipulación masiva y los más altos sectores del poder. Ya no hay nada qué hacer para impedirlo. No lo mencionamos tanto porque parece que es difícil de aceptar y mientras sea posible no lo traeremos a la vida cotidiana tan fácilmente. Se trata de una presencia desagradable, un recordatorio incómodo. Lo peor que podía suceder pasó.

En el verano soñamos con que habíamos despertado, tarde pero al menos abrimos los ojos, dicen algunos. Pero y ¿entonces qué?. ¿Qué sigue en términos de movilización masiva? Se lograron muchas cosas. Sin una violación a la democracia así de obvia y evidente hubiera sido difícil que la sociedad civil asumiera una postura. Algunos aprovecharon sus experiencias pasadas en el quehacer militante para estar más agudos en la lucha presente. Algunos incursionaron por primera vez, se estrenaron en asamblea, aprendieron a escuchar. Aprendimos a detectar a los que no trabajan, a los que gustan de hablar mucho. Pudimos reflexionar en torno a nuestros derechos; manifestarnos, no ser reprimidos, actuar.

Recurrimos a organismos observadores de derechos, supimos de la importancia de proteger a los compañeros, de lo necesario que es trabajar y accionar con personas de confianza, que se vuelven amigos o amores y que sabes dónde viven, cómo viven, por qué hacen lo que hacen junto a tí. Y posiblemente leímos y vimos y escuchamos más atentos aquello  que estaba ocurriendo en el país. Hubo pláticas en asamblea, en grupos de trabajo, en la familia, en el taxi, en la cama. Algo pasó.

El 1° de diciembre está a la vuelta de la esquina. San Lázaro ha sido cercado como si se tratara de un cerco sanitario a una amenaza nuclear. En internet, algunos memes con faltas de ortografía llaman a acudir a San Lázaro como sea. “Lleva lo que puedas” es la consigna. Hace dos días corrió la noticia de que un tuitero había sido golpeado solamente por ir a “ver qué pasaba”. Se sabe del carácter represor del nuevo partido en el poder. Se sabe del uso de la fuerza pública para acallar las voces que cuestionan -y con razón- su legitimidad. No veo manera de modificar esta situación por ahora, y no creo que sirva de mucho pensar en evitar su llegada al poder. Sin embargo creo que es necesario hacer evidente el fraude y las condiciones sobre las cuales el fraude ha sido ejectuado, validado y lo peor, reconocido institucionalmente. El fraude debe quedar asentado en nuestra historia, eso jamás lo cuestionaría. El cero que han instalado en San Lázaro es también una violación a los derechos de los ciudadanos, habría que mostrar públicamente que éste es una evidencia de la ilegitimidad del nuevo gobierno.

Lo que cuestiono es el uso de la violencia por parte de una sociedad desesperada y que actúa fácilmente bajo el ardor del momento y movida por el coraje. Nunca voy a estar de acuerdo con los manifestantes que dicen groserías o que promueven la violencia verbal o física con cosas como “que le den en su madre” a un político. A veces la izquierda padece de una imagen de las propias capacidades -las físicas, las inmediatas- muy distorsionada. Somos muchos los que estamos en desacuerdo, pero no somos suficientes, no somos mayoría, aunque nos guste pensarnos así. Los golpes inmediatos, la violencia, no soluciona nada. No sin un tejido social de base, cuya construcción tendríamos que poner como prioridad, antes que el sencillo salir a la calle a gritar nuestro odio. ¿Que no aprendemos nada? ¿Cuándo la labor de construcción social se hará con la misma pasión con la que sabemos ofender, golpear y gritar? ¿Pasión en el estadio pero apatía en el quehacer social?

¿En serio la oposición a Peña Nieto está lo suficientemente organizada para que la consiga de “Somos más y ellos nos tienen miedo” tenga sentido este 1° de diciembre? ¿En serio seremos más? ¿Ser´que el 132 logró rebasar su discurso academicista y de salvador de una sociedad mediocre con una valiente espada de evangelización democrática en estos seis meses? -Quizá sí, y ahora somos millones apoyando la lucha… la que sea.  Quienes justifican la violencia arguyen que si el estado ejerce una violencia estructural entonces ¿por qué nosotros no? Que sí exigimos como sociedad pero que no nos hacen caso.  ¿Qué hacer cuando no se atienden las demandas sociales? Bueno, tampoco es que como sociedad mexicana sepamos demandar, ni exigir nuestros derechos. Nuestra cultura política y de derechos está por los suelos. Realmente tenemos el gobierno que merecemos en la medida en que no hemos sido capaces de desarrollar una cultura democrática que haga uso de las herramientas de representación y participación ciudadana en función a los gobiernos locales o nacionales que tenemos.  Y no, no sabemos tampoco pedir ni exigir. Somos una sociedad apática. Cuando tenemos el agua hasta el cuello protestamos, mientras tanto nos conformamos con la comodidad. El hecho de que el ejercicio corrupto del estado se traduzca en violencia no es justificación para actuar de manera ineficaz, por parte de las reacciones de oposición, con violencia. ¿Qué se logra con las acciones violentas de la izquierda? NADA. La población crítica se debilita si se pierden vidas. Surgen conflictos de violación a los derechos humanos que hay que atender y que requerirán que un ejército de abogados y defensores de derechos humanos tenga que trabajar dentro de un sistema penal con un índice de efectividad de menos del 5%. El sistema penal mexicano es tremendamente ineficaz. Ridículamente ineficaz y corrupto. Con él habrá que lidiar. Con discursos que fomentan la violencia la población que no ha participado en las protestas se asusta, se aleja y deja de apoyar o lo hace aún en menor medida debido al peligro. Una menor cantidad de personas puede participar en la lucha ¿no éramos incluyentes? o ¿sólo los hombres y las mujeres fuertes que saben golpear pueden participar? Y si se derroca un gobierno, en un contexto social tan debilitado como el nuestro, ¿qué sigue? ¿no importa mientras haya una cabeza caída? generalmente la caída de un dictador trae consigo la llegada al poder de grupos oportunistas, más caudillos. Ojalá estuviéramos listos para afrontar lo que implica una acción violenta por parte de una sociedad civil “molesta” sin pies ni cabeza. Los grupos que llaman a la desobediencia civil al menos en el D.F. no saben ni cómo desobedecer. No se trata de “cada quien hace lo que cree mejor” eso es un caos. Los grupos que llaman a la violencia, también en el D.F. son los menos organizados y más proclives en  a caer en manos de  inflitrados por parte del gobierno y los partidos: provocadores que ven en el descontento social la mecha perfecta para generar un caos que sirva a los medios de justificación para la criminalización de la protesta. No cabe duda que la televisión ha hecho su trabajo perfectamente y ha educado a una población con una visión Disney cuyos argumentos son el infantil “Si el me pegó ¿por qué yo no?” y que imagina que una guerra es una batalla y que la estrategia de guerra se desarrolla en una escena de dos minutos en un cuarto blindado que después hace un llamado por facebook.

También en la militancia, la posmodernidad

El mundo en que vivimos es veloz. Esto no es una novedad. Si necesitamos un tomate vamos a la tienda y lo obtenemos. Lo mismo con la música. Las relaciones. Todo es rápido, “”Time is money” y en el frenesí de la rutina cotidiana nos vemos envueltos en el día de mañana cuando apenas es hoy, y pensamos que iremos a gritar a la calle diez veces, tendremos un par de recetas, la garantía de que al menos habremos tirado una cabeza y luego; ¿la libertad?. ¿Qué imaginamos cuando pensamos que llegaremos a San Lázaro a … encontrar el cerco blindado que hace días está bloqueando el paso de los automóviles y las personas? Parece que la era en que vivimos no nos da para más que para soñar con una batalla donde hay ganadores y perdedores, donde sale un arcoiris y todos al otro día tenemos más dinero, trabajo, escuelas y justicia. Yo personalmente creo que independientemente de las acciones tomadas por los gobiernos, la ciudadanía tiene mucho trabajo por hacer. Levantarse temprano, aprender a luchar, estar al tanto de las legislaciones, difundir los derechos y las leyes, defender lo primero y exigir el cumplimiento y la sanción entorno a lo segundo,  procurar educación para nuestras comunidades, fomentar la solidaridad y la crítica social de muchos hacia las instituciones hará un diferencia sólida en los años futuros. Solamente si lo tomamos en nuestras manos y si obligamos a las instituciones a enmarcarse dentro de nuestras necesidades éstas lo harán. Si sólo somos capaces de realizar una lucha por algunas horas o días, esa será la magnitud de sus efectos. No debemos olvidar que una revolución es hija de su tiempo, y cuantos más participemos en ella y más involucremos todo nuestro quehacer hacia una lucha nutrida por muchas voces y muchas manos, más garantías tendremos de que la batalla no ha sido en vano.

Me preocupan mis amigos y los jóvenes que quieren ir a San Lázaro sin protección jurídica, sin organización de base, solamente a ver con qué parte del cuerpo vamos a disparar, porque sé que este gobierno que viene es quizá el más represor de todos los que hemos tenido. Tiene más y mejores armas que los anteriores, y aunque puedo decir lo mismo de nosotros, también puedo decir que nuestro bando adolece en la constancia, el compromiso, el respeto y aquellas cosas que ser hijos de esta era veloz y desechable nos conmina a ser. También tenemos la tendencia y la necesidad a hacer de el bando propio el bueno, y del otro, el que sea extraño, el malo. Necesitamos un villano sobre el cual montar todas nuestras frustraciones y una espalda sobre la cual colgar toda la responsabilidad que parece que el hecho de pagar impuestos nos arrebata. Ha habido un fraude, las instituciones son corruptas, pero los gobernadores no nacieron gobernantes. Los ciudadanos se vuelven políticos, y los políticos llegan al poder. Los ciudadanos construimos la realidad política, por agencia u omisión, pero tenemos un impacto.

La tragedia humana en que el país se encuentra, los 90 000 muertos, no merecen llevar una lucha a medias, en la prisa, producto del momentum. Tantos muertos, luchadores sociales asesinados, periodistas, niños, mujeres, jóvenes, la vida, se merece algo mejor que esto, y somos totalmente capaces de realizarlo. No podemos llevar una lucha a una zona de guerra que tiene la calidad de una contención políciaca a una muchedumbre en un estadio de fútbol. Nuestros objetivos tendrían que ir más allá. Y tomarán días y noches, y horas largas de trabajo, y aprendizajes, intentos y ensayos y errores, pero sólo si escapan al tinte de la inmediatez pueden dar frutos.

Por favor cuídense chicos, la lucha cuenta con ustedes.

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