Este monstruo se ha cansado

Esta es una confesión más bien personal. Es posible que sea aburrida así que pueden dejar la lectura en este punto y ver otra cosa en internet, si quieren. No sé si ha sido el cambio de año, la edad, que hoy sea cumpleaños de uno de los amores de mi vida y que él se encuentre ya en otra dimensión, o que tantas cosas a mi alrededor se muevan de la manera en que lo hacen. Que las personas a mi alrededor me digan las cosas que me dicen, y que me encuentre como en un salón de espejos, mirándome en los ojos de todos, distinguiendo el eco de mis pasos en los suyos. Es como cuando estudiaba danza y al hacer una coreografía en un gran espejo, junto con muchas otras personas, pudiera notar la calidad de mis movimientos y el desfase de mis distracciones.

He estado enojada con el mundo. Con todo el mundo y con muchas manifestaciones de lo que he visto como injusticias. Hay personas en el mundo que vivimos desde muy niños en la adultez, y no por ser maduras sino porque el momento inocente de ligereza y aprendizaje que viene con la infancia, supuestamente, pasa muy rápido. Somos niños preocupados por que aunque somos pequeños sabemos que hay un equilibrio roto, y algo tendría que suceder para restablecer ese equilibrio, y se nos frunce el entrecejo casi permanentemente. Ese tipo de niños suele convertirse en un héroe porque empieza a hacer demasiadas preguntas incómodas al mundo. Eventualmente pensamos que podemos cambiarlo todo y que nuestra tarea es esa. Y efectivamente, aprendemos a tener impacto en nuestro alrededor, y nos sentimos poderosos a partir de las revoluciones que vamos encontrando, una detrás de otra.

Yo me veo en esos espejos, los entiendo todos, su enojo, la desesperación por ver un mundo mejor, es natural que si conoces el sufrimiento, entiendas a quienes lo padecen y sientas que tienes que hacer algo, -porque siempre podemos hacer algo por los otros. Me acostumbré a pensar que el mundo tiene que cambiarse, las injusticias tienen que gritarse, las cosas malas deben hacerse a un lado. Hay que “mirar hacia delante” y dejar atrás a quien sea o a lo que sea. Pero algo ha sucedido en los últimos años que   me siento cansada de ir por el mundo con la misma voz, pensándome en lo correcto, alejándome de cosas y personas.

Este blog se llama Espiral de Alientos porque siempre he visto a la espiral como un símbolo del orden de la realidad. No creo en lo lineal, ni en lo puramente racional, uno es lo que hace de sus propias palabras, y nuestras palabras se construyen y reconstruyen de las palabras de otros, y todos terminamos siendo un discurso donde hay muchas voces en una nube de subjetividades que aún escapa a una comprensión total por parte de las ciencias. Somos lo que somos porque otros han sido lo que han sido. Mis ideas de hoy son como son porque otros han dialogado conmigo. Y la espiral de discursos nunca se detiene y poco a poco en nuestra boca ya están las palabras de otros y nuestra identidad lleva dentro miles de rostros. Posiblemente ahí radica la unidad de la humanidad. Nunca seremos iguales, ni estaremos juntos ni de acuerdo, pero todos bebemos identidad del mismo mar de voces. Por eso ahora escucho distinto mi voz, mi voz lleva años enojada con el mundo y con las cosas y con las personas, y repito el mismo discurso y hago notar aquello que está mal como si el sólo hecho de evidenciarlo contribuyera a construir su contraparte.

Creo que ciertas cosas valen la pena que salgan en la conversación masiva, pero no sé si eso dé forma a nuestras voces. No se trata de callar sino de construir otro discurso, que vaya en otra dirección. Estoy tan cansada de los gritos, y los insultos y las descalificaciones. Estoy harta del enojo, tanto que no puedo enojarme con el enojo mismo. No me sale la voz. Yo no quiero cantar la vida así. Mi voz ha estado enojada con el mundo, pero adentro de mi voz, otros discursos también han dejado su semilla y no solamente tengo notas de enojo y de insatisfacción. En realidad vivo en un paraíso si lo comparo con la suerte de muchos. Pero he notado que no sé decirlo, y no sé cómo expresarlo. Sé cómo nombrar las injusticias, pero las alegrías siguen en una nube que no logra pasar por el filtro de lenguaje. ¿Cómo aprende uno a habituarse a la felicidad? Quizá eso me sucede. Escribo en blogs, escribo para medios, escribo para otros, para mis amigos, mi pareja, mi familia, escribo para leerme porque sólo así creo en el orden que tiene el mundo. Por eso sé que las palabras son importantes. Uno construye enemigos con ellas. Construye familias, ayuda, desprecio, amor. Lo sabemos bien.

Los medios de comunicación señalan presuntos culpables, los países se inventan enemigos, los maestros construyen bullys, muchos queremos justificar nuestros mecanismos de acción mediante la relación con un contrario, queremos ser “los buenos”, “los justos” , a partir de ésta necesidad le damos sentido a la identidad de los otros y empezamos a ser en función de los demás, como un acto superficial porque de todas formas ya somos en función de quienes nos han rodeado. Somos reflejos similares o resistencias a lo que nos abrazó al crecer. Es como si por las noches escucháramos una cinta de grabaciones que nos dicta lo que debemos decir-nos para vivir el día a día del modo en que estamos predispuestos a hacerlo. Por la mañana nos vemos al espejo, creemos en esa cinta de palabras y salimos a la calle repitiendo el mismo discurso, las mismas razones, defendiéndonos de los mismos enemigos para ser nosotros, siempre, el mismo tipo de héroe que pensamos que somos.

Esta semana me di cuenta de que a veces decimos cosas hacia afuera y hacia dentro de nosotros mismos porque queremos creerlas. Nosotros nos contamos una historia, que es el mundo, y elegimos creerla. La llevamos adentro de la maleta, del bolso, del bolsillo, lista para justificarlo todo en el momento en que sintamos un hueco en el estómago, o un poco de incertidumbre. Estoy muy cansada. Estoy tan cansada que no puedo seguir hablando con la misma voz. Cuando me miro decir las mismas cosas, las mismas quejas, siento náuseas, ya no me reconozco ahí. No quiero ser una persona buena que esté sola, y no puedo, porque afortunadamente me rodean personas maravillosas. Si es así no quiero ser buena. Tampoco quiero ser diferente a otros, de todas formas aunque no nos esforcemos en serlo, todos somos distintos. No sé de dónde viene el cansancio, la cuestión es que la canción de lucha y oposición me resulta hueca. No tiene un contenido bueno, ni malo, simplemente no tiene nada adentro, o eso me lo parece. Es como la voz que sale del susto que es mirar la realidad como es, que imagina que por ser un grito asustado es una contribución al problema que lo hace emerger.

El mundo está de cabeza. Es un hecho. Nos codeamos con graves injusticias cada día y un grupo de personas que se dicen sanadores, psiquiatras, los que dicen lo que es la cordura nos recetan pastillas para soportarlo. Duele ver el mundo tal y cómo es, pero si no somos víctimas verdaderas, no entiendo porqué debemos seguir gritando. Qué cansancio me da pensarlo.

Y por contradictorio que parezca a todo este cansancio lo acompaña una cantidad de energía que nunca había sentido. Estoy cansada de hacer las cosas y de decirlas de una cierta forma y creo que tengo que inventarme otra. No sé cómo se hace. Cuando la vida cambia uno no sabe en qué se está convirtiendo, quizá termine siendo más monstruosa de lo que soy. ¿Les ha pasado que se levantan por la mañana muy temprano con el corazón latiendo muy fuerte porque sienten que algo muy importante está pasando?  Que tienen demasiada energía y no les para la cabeza. Y todo el mundo parece un escenario donde uno puede elegir qué papel interpretar, y hay un mar lleno de olas a las cuales es posible subirse, o una mesa llena de herramientas y materiales para construir, ahí enfrentito, como un manjar exquisito que uno mira desde afuera de la habitación, y que sabe que está ahí, listo para devorarse, y solamente hace falta estirar la mano, girar la perilla y abrir la puerta. Y el placer tampoco se termina ahí.

huída reciente“We must be willing to let go of the life we planned so as to have the life that is waiting for us.” ― Joseph Campbell

Ésta canción es melancólica pero bonita:

Debe haber canciones más felices para hablar de las cosas tristes, pero no las tengo cerca. Las buscaré.

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2 comentarios en “Este monstruo se ha cansado

  1. Leo tus palabras y reconozco recovecos en ellas, creo que llegas al punto 0 donde el concepto “libertad” se estrecha y necesitarías buscar horizontes más amplios. En verdad espero que no te sofoques en esa densa nube de pensamientos que pululan en tu andar. Vuela y no mires atrás… vuela y si es en espacios totalmente distintos a los que conoces, mucho mejor..

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