La filosofía del Sí

Hace poco tiempo aprendí algo que no era exactamente lo que quería aprender.

Mi socia es actriz de improvisación. Tiene incluso una revista que abarca experiencias impro en todo el país. Lleva la impro en la camiseta y en la sonrisa. En el teatro de improvisación el “Sí” es importante. Revista AlertaImproCuando un actor le oferta a otro una acción,o actitud, una frase, si el compañero dice “no” -dentro de sí, o incluso afuera, es posible que la acción termine ahí. Pero cuando entre ambos hay un “sí” constante la rueda de la acción sigue girando. Creo que sucede lo mismo en la vida real. En el mundo real, a menos que la predeterminación nos acartone, también vivimos de manera improvisada. A veces hay tiempo de reflexionar antes de actuar pero vivimos improvisando la mayor parte del día como si la vida cotidiana fuera un escenario y todos nuestros gestos se vuelven los rasgos importantes de un personaje. Ahora mismo, por ejemplo, mi personaje de bloggera está en pijama, tengo una taza de café al lado y sorbo mientras escribo con la mirada fija en la pantalla.

Ahora que lo pienso, mi intención el mes pasado era aprender a decir que NO.

(Todos tenemos que poner nuestros límites ante imagessituaciones de abuso u opresión, incluso para los más pequeños detalles. Me di cuenta de manera muy obvia de que al menos en la cultura mexicana, estamos acostumbrados a conceder y a tratar de agradar, diciendo “claro que sí” a casi todo, y eso acarrea problemas. Yo quería aprender a decir que NO. Pero la vida me mostró más bien algo sobre decir que “sí”.

Me di cuenta desde hace mucho que las personas que más admiro en el mundo generalmente toman decisiones drásticas que parece que no piensan mucho. Quizá hacen uso de las corazonadas, o conforme pasa el tiempo y toman más decisiones, se hacen más agudos y aprenden a ver oportunidades constructivas con más facilidad. Algunas de esas personas me han dado consejos como que cuando sienta algo positivo en las entrañas (ojo con los crushes que son nomás otra cosa) diga que sí a la oportunidad. Me han dicho que cuando te ofrezcan un trabajo del cual te sientes 90% capaz, si dudas por el 10% que desconoces, le hagas más caso al 90% que al mínimo de incertidumbre. Y sí, las mejores cosas que he hecho, tanto las que me han ofrecido como las que yo he ido creando, sola o acompañada, han venido de sitios más bien desconocidos, no ayuda a crecer ir por la vida con actitud de experto.

La fuerza de la oportunidad está en decir que sí.

Últimamente, mientras trabajo con diversos grupos en donde no todos saben de antemano exactamente cómo tienen que hacer eso que necesitan hacer, recuerdo lo que mis maestros de danza, pintura y hasta mis instructores de workout o mis antiguos jefes me han enseñado. Todos han sido duros y disciplinados por un lado, sí, pero me han hecho decir que “sí” cuando se trata de rebasar mis propios límites. Así se aprende mejor que sólo moviéndonos en nuestra zona de comfort. Creo que he aprendido más en la práctica, en el ensayo y el error  mientras trabajo de lleno en proyectos reales, que ensayando en ejercicios pseudo-educativos en escuelas. Claro, no se trata de pensar que vamos a ensayar cómo realizar una cirugía o un logaritmo hiper complejo del cual dependen millones o incluso vidas humanas, pero muchas cosas de la cotidianidad pueden resolverse si nos atrevemos a zambullirnos en ellas para aprender a manejarlas.

Finalmente, si no se trata de una cirugía a corazón abierto, o de una cuenta millonaria trasnacional, ¿qué tenemos que perder?.

También encuentro la necesidad del sí en las relaciones personales. Decir que sí a algo, -positivo y constructivo-, no tiene que volverse un grillete en el pie. Decir que sí a alguien no implica en la inmediatez firmar ningún papel, comprometer todos tus recursos y tu tiempo, y tus órganos de manera irrevocable en esa empresa. El sí es como el primer trazo para un camino que hay que recorrer. Cuando hay un silencio, en cambio, y la duda, y mucho titubeo, si el “sí” parece llevarnos por un camino oscuro y que nos pesa mucho, lo más seguro es que el silencio contenga tímidamente un “no”. Y el “no” también es valioso, aunque no tan luminoso como me parece hoy el “sí”.

A veces pienso que la educación que recibimos hace que los errores se vean todos por un lente de aumento. El lente de aumento que el sistema homogenizador de humanos necesita usar para medir y calibrar la calidad de su labor política. Tenemos terror de cometer errores e ir por la vía equivocada, como si éstos fueran a verse todos en una boleta que al final de la vida le entregaremos al que cuida las puertas del cielo. Podemos terminar con la boleta limpia pero todas esas acciones de las cuales pudimos aprender se quedan flotando en la dimensión platónica de lo posible. Lo mismo sucede cuando alguien más comete un error y es señalado por la mitad del mundo, y el juicio parece recaer sobre él durante mucho tiempo, como si no fuéramos todos seres capaces de rectificar y re-significarnos. Claro, no estoy hablando de errores irreversibles en los que se daña o se hiere a otro de manera profunda, ni de cometer errores que cuesten la salud o la vida.

De lo que hablo es del riesgo de decir que sí a cosas que normalmente haríamos de lado porque pensamos que no somos capaces de llevarlas a cabo, antes de siquiera haber intentado unas decenas de veces para descubrirlo.

En todos los proyectos en los que he estado, siempre hay dos polos. El que dice “yo no sé hacerlo” y el que dice “yo no sé hacerlo pero puedo y quiero aprender”. Pensando en un proyecto autogestivo, donde el aprendizaje es el pan de cada día, los segundos terminan estando más satisfechos del proceso de trabajo porque cada minuto se vuelve una escuela “gratis”, en donde el error no se observa como un peso ni un costo extra, sino como una inversión en experiencia y aprendizaje y un elemento más como el aire que se respira.

Uno necesita saber a qué cosas hay que decir que no. A mi, decir que “no”, me suena a protección, a poner límites, a defendernos de algo, y aquello es parte necesaria de la vida. Pero también me suena, en términos de oportunidades y de accionar en la vida, a levantar una barrera hacia lo desconocido, y eso significa que estamos quedándonos en la zona de comodidad, donde nada puede sucedernos, ni bueno ni malo.

Los grupos de personas que emprenden proyectos, cuando me cuentan su historia, no me dicen nunca que estaban completamente listos para empezar y que tenían todos los recursos en puerta, y ya sabían qué hacer con ellos. Generalmente escucho que querían hacer algo, y no sabían exactamente cómo, pero sabían por qué. Saber qué quieres hacer te ayuda a llegar a ese objetivo, y saber porqué te ayuda a que cuando vengan los tiempos difíciles, sigas adelante. Pero sin muchos “sí” listos para salir en los tiempos venideros, es muy difícil lograr cualquier cosa. Sobre todo porque el mundo está lleno de recursos y oportunidades, y sin ser capaces de afirmar que estamos listos para ellas, es imposible hallarlas. Hay que estar alertas para decir que sí.

Si se asume que el error estará ahí enfrente porque es parte de la vida humana, y que uno tiene derecho a cometerlo, se vuelve más fácil accionar a partir del sí. Si la vida te propone algo, y puedes visualizarte ahí adelante de modo que te sientas feliz con esa imagen, habrá que trazar un camino hasta ese punto, eso depende de tu creatividad. No de la suerte. Las condiciones no son totalmente  ajenas a la voluntad propia, la mayoría de ellas puedes generarlas tú. O eso he visto.

Conozcan a Ken Robinson

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Este fue mi post sabatino inspiracional. Mi personaje está improvisando sacar su lado optimista, han de saber que el pesimista me está viendo muy feo del otro lado de la mesa. Voy a tener que guiñarle un ojo, e invitarle otro café.

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Un comentario en “La filosofía del Sí

  1. Isa: Me gustó mucho tu post acerca del Sí, cada vez confirmo la madurez que existe en tus planteamientos a pesar de tu juventud (los casi 30 son nada). Y me agrada mucho tu enfoque pues es algo de lo cual carezco: el análisis del yo. Felicidades!

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