Perros cotidianos de la vida real

ESTOY AQUÍ / Intervención Urbana from Felipe Carrasco G. on Vimeo.

Últimamente mi convivencia con los perros ha ido en aumento. Al principio, crear una empresa que se ocupara de cubrir algunas de sus necesidades ofreciendo servicios de atención de distintos tipos era el objetivo primario. ¿Cómo hacer que una empresa sea social y ecológicamente responsable? Además de promover el uso de la bicicleta, la cultura canina de las adopciones, la esterilización y el respeto, además de usar productos cuya huella de carbono fuera muy baja y de trabajar con redes de atención y cuidado animal, el objetivo era crear empleos sanos y socialmente responsables, pero más que nada, crear empleos para jóvenes.

Esto me ha llevado por largos caminos de reflexión sobre lo que las empresas ofrecen y la cuestión de si sus mecanismos de producción o distribución son necesarios o benéficos para el mundo. Aún no lo sé de cierto, y sería difícil asegurar algo sin sonar muy socialista. Lo que sí sé es que encontré en la cultura canina algo que desde mi todavía presente educación humanista-artística no me esperaba.

Las redes ambientales me han puesto en contacto con personas y grupos preocupados y dedicados al cuidado de los animales. Estos grupos se dedican a promover la cultura del respeto animal y la defensa de sus derechos y muchas veces ayudan a los animales heridos o sin hogar. Su trabajo es en la mayoría de los casos impresionante. Dedican tiempo y recursos, y sobre todo cariño.

Cariño hacia los animales… aunque no lo crean, es un tema cuestionable entre muchos de mis conocidos. He escuchado cosas como: los animales no son seres humanos, “que no se me acerquen”o “simplemente no me importan”. Uno que ha crecido acompañado de un perro o gato sabe que estas visiones vienen probablemente del desconocimiento de lo que implica tener un compañero de vida de otra especie.

Otros incluso piensan que es antinatural tener mascotas aunque el perro y el ser humano tengan una relación simbiótica desde hace miles de años. Es verdad que algunos discursos de propiedad y disposición de las vidas de los animales pueden ser peligrosos e injustos, pero en todo caso es responsabilidad de los individuos crear nuevas formas de aproximarnos a las temáticas que nos importan.

Cuando escucho las posturas que desconocen la empatía hacia los animales o que simplemente no la comprenden, pienso en todas las cosas que mis compañeros caninos han hecho por mi y en las cosas que me han dado y me cuesta trabajo arrebatarles sus personalidades, sus sentimientos y las expresiones que hacen evidente que son seres sensibles.

Ahora que no sólo convivo con mis perros sino que conozco a otros y convivo con ellos esporádicamente me doy cuenta de la fuente de aprendizaje tan grande que son. A veces unos cuantos minutos de saludo y caricias me ponen de buen humor para el resto del día. Puedo reconocer en perros que no viven conmigo, rasgos de personalidad muy elaborados y de diálogo profundo que antes pensaba que eran difíciles de encontrar en los animales. Gratitud, alegría, juego, cariño, protección, complicidad. Ver los ojos de un perro me hace pensar en muchas cosas. Su nivel de comprensión de la realidad quizá no sea tan complejo como el nuestro, pero definitivamente ENTIENDEN las cosas importantes. Le agregan a nuestra rutina un lado salvaje e instintivo que nos ayuda a mantenernos alertas en muchos aspectos de nuestra vida. La mirada de un perro me hace pensar en las cosas que compartimos aunque seamos especies tan distintas, y finalmente, lo que nos hace humanos y nos diferencia de ellos, algunas veces se opaca ante la noción de que ambos desconocemos muchas cosas del universo. Ambos hemos nacido sin desearlo de antemano, hemos tenido que aprender y hemos tenido que adaptarnos para vivir, y aunque los seres humanos tengamos alrededor estructuras y creaciones tan complejas que nos distinguen, seguimos compartiendo las cosas más importantes con muchos otros organismos. El hambre, el frío, la necesidad de protección, la necesidad de compañía, la complicidad con otros, el Cariño.

Para muchos los animales y los perros son accesorios de la existencia. Yo admiro y respeto mucho a quienes se dedican a defenderlos y cuidarlos, a pesar de las críticas sobre si es mejor ayudar a un niño que a un perro, o si es mejor tomar acciones políticas que acciones directas (que también son política) creo que encontrar empatía varias veces al día es bueno para nuestra salud colectiva. Mi vida no gira en este momento entorno a los animales solamente, pero me importa el mundo, y creo que promover el respeto y el cuidado de los otros en todos los ámbitos es sentar precedente y multiplicar diferentes formas de expresar amor. La compasión puede ejercitarse cada momento. Por las mañanas, cuando medito sobre lo que quiero que esté presente en mi día,a veces pienso en la calidez de mi relación con los animales. Mi perro me saluda al despertar como si hubieran pasado semanas desde la última vez que nos vimos, recuerdo imágenes de personas teniendo gestos amorosos con los animales, sé que en esos pequeños gestos está el ejercicio para que podamos aprender como colectividad a ser compasivos, a cuidar de otros y preocuparnos por algo más allá de nuestra realidad más inmediata.

Adentro de los ojos de mi perro a veces veo a Buda y sonrío.

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2 comentarios en “Perros cotidianos de la vida real

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