Lunes en la ciudad 132

Durante la noche los ruidos de las paredes me despiertan. Recapitulo entonces, es la ciudad de México, son los temblores, el volcán. Y además es la ciudad de México, donde en la avenida que está lejos de casa se pueden escuchar los accidentes de coches, donde se adivinan los asaltos que tienen asaltos-espejo en muchos otros puntos. Donde las injusticias y la corrupción etc…

El domingo fui con mi pareja al festejo-evento político (¿cuál era la diferencia en estos días?) del 1er aniversario YoSoy132. No sé si habría ido sola, asistir fue celebrar un encuentro amoroso-militante y hacer ritual de cierre de ciclos. Los fines de semana no salimos mucho, compartimos el placer de la sociopatía consensuada, si es que eso existe. Pero esta vez recordamos por la mañana que se cumplía un año desde que unos alumnos abuchearon a Enrique Peña Nieto en la Ibero. Ese fue el parteaguas de un cierto año… en la Estela de luz que no conocíamos, en medio del reggae y los bailes slam que miro con asombro, las consignas que los distintos grupos gritaban no dejando oír los comunicados, ahí sentados en el cemento cubierto de peticiones, en medio de mi incredulidad y mi cinismo, me emocioné un poco. Algo en el transcurso del año me hizo renegar de la alegría de la lucha de masas.

Popocat-petl-registra-exhalaciones-1767118El 132 fue un semillero de acciones. Toda su efervescencia era necesaria, pero no hay forma todavía de mantenerla a flote traduciéndose en rumbos firmes y claros. Después de las elecciones muchos nos desanimamos, algunos con sorpresa, otros de nosotros con el mínimo gusto que nos quedaba tener la razón al constatar la compra de  votos para alimentar el cinismo calcáreo que construimos para enmascarar la desesperanza. Qué bien organizados habríamos tenido que estar desde mucho antes, para equiparar el aparato corrupto perfectamente maquinado por el PRI. Luego vinieron las divisiones naturales que las masas sufren cuando las necesidades diversas empiezan a flotar en el mar de la desesperación. El río que nos lleva a todos lleva esperanza, deseos de conformar luchas, pero también lleva la duda de la posmodernidad, como burbujas en el agua de las cañerías lleva flaqueza, banalidad, sospecha, y el río va lleno de ojos infiltrados y de consignas demasiado cosidas a la piel. La identidad de muchos, más que su razón, está puesta en las frases que se gritan una y otra vez en la calle durante la marcha. Hay mucho en juego debajo de las consignas.

El Cenapred informa desde hace días la actividad constante del volcán Popocatépetl. Dice que el día de ayer se produjeron varios “tremores” armónicos. En una hermosa foto del volcán en un día despejado, se anuncia la alerta amarillo fase 3. He leído que algunos pueblos están listos para ser evacuados, que tienen miles de cobijas y corrales para los animales. Algunas veces noto un morbo que arropa las noticias de los desastres. Parece que las creaciones de los humanos pueden separarnos, pueden no unirnos, pero cuando la naturaleza nos acecha estamos totalmente encontrándonos, unidos al menos por la perdición. Mientras tanto el periódico El País de España dice que el volcán amenaza a 70,000 de nosotros los mexicanos. ¿Seré una de ellos? ¿saldremos en la televisión? Me imagino en una línea de desplazados, descalza con un saco lleno del resto de mis pertenencias, avanzando hacia un sitio incierto, siendo una de esas personas evacuadas, o sobrevivientes a un terremoto, o  huyendo de una dictadura. Qué dulce es la tragedia cuando podemos cambiarle el nombre y el color a la nota roja del periódico que nos imaginamos.

Hoy está nublado, llovió toda la noche. Hace un momento quité mis plantas del quicio de las ventanas porque siento que la lluvia está sucia, exponerlas así a la lluvia de anoche sería como asumir de una vez por todas que nuestra lluvia es ácida, pero mis acelgas no, mis acelgas podrían ser orgánicas -pienso en tono burlón incluso para mi. Eso es lo que he aprendido del grupo de hortelanos urbanos, que ahora han encontrado otros grupos como nosotros. Como los terrícolas hallando vida de otros lugares, ahora parece que seremos más y crecerá el círculo, y espero que se abra y que dejemos de ser siempre los mismos clase medieros activistas vegetarianos con tiempo para aprender cosas “nuevas” los que estamos pensando en plantas y sembrando “alimento”.

Ahora salgo a la calle a vivir la semana. El periódico la Jornada esta mañana dice que en España los Indignados salieron a la calle, ¿cuánto hace que empezaron? dos años.. tres… Hessel dijo: “Indignaos” y todos nos indignamos. Yo termino mi café, reviso las plantas, reviso los documentos, tomo las instrucciones para el día en la ciudad de México: abrigo y calma para llegar a tiempo a las reuniones. ¿Se necesita poco para ser feliz? Se necesita un Cenapred de salud mental para ciudades como ésta.

Que un semáforo nos avise cuando la locura empieza a carcomer el cristal de los ojos con su ceniza indiferente. Podríamos saber cuando hemos ignorado demasiado la falta de vínculos y espacios para respirar, en todos los sentidos. Habría puntos imeca qué contar cuando los niños crecen sin oportunidad de ser felices. Cuando los jóvenes son excluidos o uniformados para volverse arma de guerra en la batalla por la subsistencia. Tendríamos que saber que es posible evacuar, abandonar el barco, y si la ciudad quedara un día vacía y todo el esqueleto burócrata, y las instituciones y los teatros fueran nada más tierra para las enredaderas sería lindo recordar, gracias al destierro, que todo se construye encima de memorias. Que no estamos tan atados al desastre urbano que se avecina. Y la propia locura y el desconcierto ajeno tendrían razón de ser, detrás de la alerta, más allá de la consigna y algo podría hacerse, aunque sea huyendo. Pero quizá no.

Quizá me equivoco.

“What if they’re right, what if we’re wrong
what if I’ve lured you here with a siren song?

But if I be wrong, if I be right
let me be here with you tonight”

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Un comentario en “Lunes en la ciudad 132

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