Huertos urbanos en el D.F. Chisme, drama y complejidad

Ayer me debatí unos minutos entre la pereza y el sueño antes de decidir ir a la junta de tequios programada desde hace más de una semana. Me monté en la bici y emprendí un insulso viaje hasta Coyoacán.

Tengo problemas con los huertos. Son muchos, me veo a mi misma hace dos años cuando todo mi tiempo estaba dedicado a ese tipo de cosas y me asusto. Mi nivel de obsesión por cualquier tema puede ser gigantesco, podría decir que estaba loca por la ecología y es así, pero ahora me doy cuenta de que mi carácter de activista tenía un fallo tremendo en el fondo de mi perspectiva.

Yo criticaba las cadenas injustas de producción, la explotación laboral, el consumo inconsciente y demás, pero yo no participaba en ninguna cadena de producción y mi sustento venía de mis padres. Oh, ahora me doy cuenta y mi opinión está un poco más matizada. Cuando tienes tiempo de leer, investigar, cuestionarte, irte a la selva a pasar meses filosofando y leyendo, es más sencillo adoptar una postura crítica hacia el mundo, el problema está en la paradoja del conocimiento de la realidad. La visión no puede ser objetiva cuando el observador se encuentra dentro del sistema que mira, y a menos que estemos muertos, siempre estaremos dentro del sistema y nunca tendremos en la boca algo que sea totalmente verdadero.

Amilcar y Andrea en Narnia hace tres añosLa primera vez que me acerqué a la idea de huertos urbanos fue hace tres años. Unos amigos tenían unos amigos que tenían acceso a un espacio con tierra donde se había empezado a formar un huerto comunitario. Fui un par de veces y no me acuerdo qué hice ni qué sucedió. Lo que sí recuerdo es que luego me involucré en proyectos muy absorbentes y la idea del huerto pasó de largo conforme mi rutina en la ciudad se hacía, como normalmente lo es, vertiginosa.

Un año después, cuando estaba muy enojada con las ideas radicales con las que conviví gracias a los caminos de la vida que nunca son lo que uno piensa ni lo que uno cree, regresé a la idea de producir la propia comida. Era una forma de cuestionar la postura de comer desperdicios y abandonar la vida consumista. Para mi, comer sin trabajar, parecía muy injusto. Entonces apareció Ileana y luego nació Laboratekio, tuvimos mucha suerte. Crear grupos de afinidad para aprender juntos es maravilloso, es tomar las riendas del propio aprendizaje y desafiar las estructuras fracturadas de las instituciones educativas. También tienen sus problemas, como los huertos, y como todas las cosas que se hacen en la vida. El error siempre está presente cuando se están creando cosas y cuando nunca se deja de aprender.

Mi mayor problema con los huertos y los tequios de trabajo era -y sigue siendo- el tiempo de trabajo. Los huertos comunitarios en los que participaba no me daban ninguna ganancia monetaria. Miles de otras ganancias había, sí, primero está el contacto con la tierra y las plantas, el tejido social, aprender a trabajar con grupos, exponer, coordinar, organizar, pero conforme el proyecto de coordinación de tequios avanzaba había que dedicarle mayor tiempo y esfuerzo y mis papás ya no me mantenían para entonces. Entonces me dí cuenta de que si queremos hacer algo bien debemos dedicarle tiempo y mucho esfuerzo, y el tipo de tareas se va volviendo cada vez más complejo. Había que balancear trabajos y proyectos remunerados con el tiempo de organización de trabajo en huertos y era imposible. Y entonces entendí muchas cosas.

Esto también es una comunidadAh, estúpida juventud, ¡claro! los huertos urbanos aún no son una realidad en las ciudades porque las personas que las habitan viven de acuerdo a los mandatos de una ciudad. Los mandatos de una ciudad responden a la velocidad del consumo y la producción. Yo no sé si realmente producimos lo que necesitamos. ME parece a veces que producimos demasiadas cosas que no son necesarias -para mí. Y dejamos de lado el desarrollo de otras que -para mí, sí lo son, como la educación, la salud y la calidad de vida por encima del nivel de consumo.

Para pagar una renta, usar ropa de moda, consumir gasolina, alcohol, electrodomésticos, comprar comida lo suficiente para desperdiciarla, hay que trabajar muchísimo. A menos que seas un ladrón, pero no me desvío. Sin embargo producimos conocimiento y sistemas de producción, distribución, administración de recursos, entretenimiento, objetos y demás cosas de una forma tan compleja y a una velocidad tan alta que no podemos ver desde adentro, el mundo en donde va nuestro vagón de producción.

Si nuestro nivel de extracción de recursos, producción y consumo fuera un tren, y los recursos naturales fueran las vías, nuestro camino se terminaría muy rápido. No hay vías suficientes para vivir a la velocidad a la que lo hacemos. Quienes vivimos en la ciudad, lejos de conocer los ciclos y la complejidad de la REALIDAD natural, es decir, del medio ambiente, adoptamos un modo de vida que responde a las improntas del mercado y la especulación. De un mercado financiero que NO EXISTE. Detrás de los números de los bancos, que dicen cuánto hay que producir -para pagar deudas-, cuánto se debe trabajar, -para pagar más deudas a los dueños de los bancos que especulan con el dinero de sus clientes, y cómo las empresas deben competir entre sí, para vender más, sin importar que lo que produzcan sea necesario o útil, no hay nada. Estamos viviendo encima de un cristal muy frágil que nos hace creer a través del bienestar superfluo que todo está bien. No importa a costa de qué, podemos acceder a algún momento de felicidad.

Antes pensaba que esto estaba muy muy mal, que quienes vivíamos así estábamos ciegos y la indiferencia 17roof600.1era un rasgo de egoísmo. Malo, malo, muchacho malo. Ahora lo veo con algo más de estoicismo. No es tan sencillo crear formas de interacción que funcionen tan bien como lo hace (aunque su funcionalidad no tenga futuro) el capitalismo. Entonces bien, pensar en huertos y en agricultura urbana ya no es solamente desear que muchas personas tengan plantas en sus azoteas. Es pensar cómo hacer para que quepa un huerto en nuestra rutina, y se conecte con nuestro mundo emotivo, económico y social.

El contacto con las plantas es magnífico. Mejoran la calidad del aire que respiramos, nos tranquilizan, nos 1-FARM-(5)sdejan mirar hacia adentro y sus ciclos nos enseñan mucho acerca de los ciclos de la vida. Pero si seguimos trabajando tanto para producir y comprar cosas que no necesitamos poco podremos disfrutar de ellas, no podremos crear espacios complejos de interacción con el reino vegetal. Un huerto significa varias horas de trabajo. El trabajo por supuesto es gratificante, pero la atención debe ser muy específica. Si creamos espacios comunitarios de trabajo es importante que sepamos cuál es nuestro alcance. ¿Cuál es la próxima meta? Qué tanto debemos enriquecer el sustrato donde haremos crecer un tipo de propuesta más compleja. No es difícil si pensamos que cada día usamos una avanzada tecnología para resolver problemas o necesidades que no son tan apremiantes. Si tenemos a nuestro alrededor herramientas tan sofisticadas y dejáramos de verlas como diversiones podríamos encontrar muchas soluciones a los problemas que enfrentan las revoluciones.

Ayer en la reunión con los otros dos grupos de huertos tuve una extraña sensación.

200901062235Pensé en la película Melancholia de Lars von Trier. Era como ver un planeta vecino, casi idéntico al de Laboratekio diciendo las mismas cosas. Pasando por los mismos conflictos, considerando exactamente los mismos cuidados y direcciones que hay que dar al trabajo. Era como ver una realidad paralela con personas muy parecidas a nosotros.

Trabajar en un huerto no es sencillo, pero es una de las cosas más emocionantes y gratificantes que he hecho en toda mi vida. No es algo que pueda hacer todos los días pues tengo que hacer otras cosas por ahora, pero no dudo en que llegará el día en que tengamos que hacerlo más a menudo, sin regalar a ello el tiempo que nos sobra, sin hacerlo solamente por probar. Cuando veo a otras personas haciendo lo mismo con tanta pasión imagino cosas muy grandes y toda la pesadumbre de la ciudad se esfuma.

Tal vez necesitemos más tiempo, o más dinero, o más espacios y más capacitación, mejores redes y DSCF7517mejores sistemas de administración, plataformas de organización, apoyos gubernamentales, privados o internacionales. Habrá además, que defender un día el derecho a tener plantas y semillas que no pertenezcan a determinadas compañías. Siento que se trata, para integrar más de lleno en la rutina urbana a los huertos, de buscar acomodar los recursos que ya están cerca, y nada más. Tenemos demasiado material, personas, ganas, sed de aprender, convivir, compartir, energía y tecnología. Para entender porqué esto es necesario debemos salir un poco de nuestros zapatos, y mirar de fuera. Si ya estamos dentro, hubo razones para ello. ¿Qué nos trajo? ¿Cómo traer a otros? Cuando invitemos, ¿qué hará que vengan a jugar, a compartir? ¿Qué se los impedirá?

Yo no creo en la destrucción de los sistemas antiguos para permitir que nazcan nuevos. Creo que es posible construir de lado del caos, adherido, incrustado como el musgo, un mundo nuevo que sirva de soporte cuando el viejo sea obsoleto. Pasarán muchos años para que le demos a la naturaleza el lugar que necesitamos que tenga en nuestras vidas, pero si no empezamos ya, listos o no, sólo vamos a prolongar el tiempo del asfalto. Habrá problemas, coaliciones entre grupos, separaciones, apertura de nuevos huertos, algunos se cerrarán, pero esa práctica nos hará mejores. Hay mucho qué decir sobre este aprendizaje, podemos platicar de ello si quieren en el próximo tequio: Tequio del 25 de mayo

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