“F” de Feminismo

La primera vez que escuché esa palabra tenía como siete años. Fue una pesadilla para mis maestros, mi suepr poder tematizador de cualquier cosa ya existía entonces, a los 24 fue la menstruación, a los ocho era el machismo y el feminismo. Obviamente no sabía muy bien de qué trataba, pero creo que me ayudó a pensarme de maneras constructivas.

De niña por ejemplo, me hacía cuestionarme porqué debía usar cosas de color rosa. Luego, por qué si no me gustaba hablar de novios y esposos se me veía como a una nerd. De todas formas acabé siendo ñoña. ¿Por qué las niñas no jugamos juegos de video como los niños? ¿por qué se nos ve como débiles?

A los 18 las preguntas ya eran otras, ¿tengo que casarme? ¿qué tipo de mujer quiero ser? ¿por qué a todo el mundo le importa si estoy bonita o fea, gorda o flaca, buena o plana?

Y fueron cambiando: ¿por qué tiene que ser tan importante tener pareja? ¿por qué hay tantos productos de belleza? ¿por qué los grupos sociales más vulnerables son los de las mujeres? ¿qué rayos pasa con este mundo violento?

De ahí, atravesar la mitad de la década de los veinte fue un pequeño torbellino sociológico. Si eres feminista, se te cuestiona ¿cómo puedes ser tan radical? Si no usas maquillaje y no te rasuras, ¿por qué quieres transgredirlo todo? Si lo usas, ¿por qué traicionas tus ideales? Si no tienes pareja: ¿por qué te cierras a esa posibilidad? Si la tienes ¿por qué sigues los mismos esquemas?

Las personas que no expresan sus ideas deben vivir más tranquilas. Cuando uno intenta ser congruente con las ideas, siempre recibe comentarios de fuera. De repente me cansé de tener que dar explicaciones y sentirme culpable si me ponía lápiz labial o si me quería sentir bonita. Si no quería enarbolar la causa feminista, era una tibia. Si sí, me alejaba de las personas. Rayos.

MENSTRUAR

Tuve una etapa en la que era fan de la menstruación. Me gustaba el color rojo, y la metáfora de la sangre y la vida, y los ciclos, y me preguntaba ¿por qué duele tanto a veces menstruar? Y a todo eso le fui dando muchos significados. Hablaba de la menstruación casi todos los días. Claro, yo tenía un especial interés en eso porque vivo unos cólicos que todavía no puedo explicar. Pensaba que todas las mujeres debíamos acercarnos a nuestra menstruación para conectarnos con la madre universal y sanar nuestro útero para sanar el mundo… bueno, sí, me viajé mucho. Lo tematicé como quien tematiza algo que le hace ruido en la cabeza. Y con mis tendencias extremistas, pensé que todas debíamos hacer lo mismo. Ahora me ha bajado la fiebre menstrual. Cuando uno se mete en la piel de la propia ideología tanto tanto pasan dos cosas interesantes: se prueba el costoso y contradictorio sabor de la “congruencia” y se conoce el lado oscuro de la ideología. -A menos que se vuelva uno un fanático que no cuestiona nada, ni su propio escepticismo. A veces prefiero cometer muchos errores actuando en consecuencia con lo que creo, que no cometiendo ninguno porque mejor no actúo -no se vaya uno a equivocar. Mi filosofía es: “que nadie me venga a contar”. Y funciona, me ayuda a matizar y regular mis ideas. De mi etapa de fan menstrual saqué mucho sentido del humor, mayor libertad para conocer y relacionarme con mi cuerpo, para tocarme sin culpas y quererme, usar una copa menstrual en vez de las toallas convencionales, y una mayor conciencia de cómo la industria de la higiene nos manipula según nos desconectamos de nuestra naturaleza.

Pero ya no me siento especialmente fan de menstruar. Una amiga de la India, Deepa, vive la menstruación de otro modo. Y es feliz, y no necesita de mis ideas ni mis significados ni mis teorías. Y eso está bien. Cuando cada quien puede ser soberano de su propio cuerpo, una gran gran batalla se ha ganado.

El problema es que somos afortunadas. Y somos muy pocas (aunque lo seamos más que hace veinte años pero no lo suficiente como quisiéramos).

La realidad en el mundo no es que las mujeres sean todas individuos libres de tomar sus decisiones. Muchas no tienen herramientas, recursos ni libertad. Y para eso sirve el feminismo, creo. Para MIRAR con cuidado y atención las estructuras que nos anteceden y determinan el mundo donde hay violencia hacia todos los géneros. Sufrimiento, explotación, abusos. No sólo las mujeres sufrimos de esas injusticias, los hombres, los homosexuales, las lesbianas, los hermafroditas, padecen del mundo judeocristiano heteronormativo.

Barquitos de papelpaper ship

Ya no veo al feminismo, y a las ideologías como barcos en los que uno se sube para no volverse a bajar. Sin embargo no me imagino mi vida de ahora sin mis descubrimientos del mundo; si no me hubiera subido tan convencida a tantos barcos. Luego me bajé, pero fueron lindos viajes.

Creo que si nuestra educación incluyera más preguntas que respuestas podríamos saber mejor qué hacer en la vida. Si los exámenes evaluaran nuestra capacidad de hacer preguntas cada quien pensaría por sí mismo. Esto viene al caso porque si bien ya no veo al feminismo como algo que tengamos que aprender de una sola manera con sólo algunas teorías, sí me parece que sin él no existiría la perspectiva de género. Y sin la perspectiva de género incidiendo en políticas públicas, en la creación de una cultura de mayor tolerancia y respeto el mundo estaría yendo mil veces peor de lo que va.

Este es un video que me ha vuelto a conectar con el tema de la menstruación y el patriarcado. La poeta se llama Staceyann Chin. El poema se llama “Mi primer periodo” y espero poder traducirlo pronto:


Después de un par de años mirando de reojo y con desconfianza el feminismo, Escucho este poema y lo vuelvo a ver ya no como un grito que clama por justicia sino como una energía creadora, de reconocimiento de las heridas y las fallas. Me gusta pensar en las cosas que he vivido gracias a cuestionar el orden del mundo. Y me da un poco de miedo asomarme a todas las otras ideas  que quiero romper y cuestionar. aunque bueno, si tantas personas están luchando por mejorar nuestra manera de vivir a través de la inclusión y el reconocimiento, pienso que podría no ser tan difícil. No quiero ser el tipo de feminista que siempre está enojada con las injusticias, que mira al opresor en la mitad de la gente. Debe haber formas de animar a las reflexiones individuales que se traduzcan en acciones concretas y contundentes, organizadas, para que las cosas cambien para mejorar.

El primer proyecto de la Cooperativa La Reunión es un taller de género para jóvenes, en esta ocasión, financiados por el IMJUVE, el equipo de trabajo de La Reunión y yo trabajaremos con temas como los cánones de belleza, la violencia en las relaciones inter personales, narrativas eróticas y demás, usando herramientas periodísticas y de investigación antropológica. Es uno de los proyectos que más me emocionan estos días.

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Prometo subir pronto la traducción del poema.

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