Una habitación propia

4421690924_38881df11c_b

Dé donde viene la creatividad

Hay quienes tienen la mirada en una cosa que no todos ven. El gris del mundo se pasa cuando uno es capaz de imaginar aunque no se puede imaginar tampoco  nada sin ayuda del mundo. La cultura tiene sus reglas, sus espacios, sus tiempos y uno tiene que adaptarse a eso, y cuando no nos sale muy bien se nos llama inadaptados, INADAPTADAS, pero no es poca cosa detenerse y querer abrir los ojos y querer mirar. Lo más sencillo es pensar que la inspiración llega en momentos inesperados, afortunados. Entonces uno puede tener la suerte o no de mirar de frente la inspiración. Es importante. No es poca cosa estar preocupado porque no se encuentra el punto de partida para decir, hacer, crear. Ese punto es la base, la semilla. Uno se preocupa y piensa que alguna divinidad le ha quitado su gracia cuando hace mucho que no se siente inspirado. Y llega la culpa, y el menosprecio, y el castigo. Mal artista. Lo hiciste mal. Pero no es así. Me resisto a creerlo. Uno tiene que obligarse a quitarse el polvo de los ojos, y callar las voces que le dicen a uno como tienen que ser las cosas, cómo se tiene que ser hombre cómo se tiene que ser mujer, cómo se tiene que trabajar, cómo se tiene que hablar, y el dinero, y el deber ser, y todo todo eso que suena en la cabeza.

Hablé con mi espejo sobre eso y la importancia de amarrarnos a la posibilidad de ver con ojos de maravilla el mundo. Mi estrategia es simple, a penas le he ido descubriendo. El momento clave es la mañana, es el silencio, las lecturas, y el deber de imaginarme el día y la vida como una hoja en blanco en donde pueden hacerse y crearse muchas cosas. Y entonces busco atisbos de genialidad que me despierten. Encuentro pistas en la luz en la banqueta, la manera como la gente se sincroniza con el flujo en las calles, la forma de las plantas, breves poemas, las fotografías que atesoramos, las obras de otros, y los otros creadores. Últimamente me inspiran mucho las mujeres, no es que sea un elemento distintivo su género, más allá de pensar en feminismos, ismos, la casualidad me trajo universos femeninos. Son muy hermosos.

De repente he encontrado en la rutina una constante, y es una cosa casi imperceptible, entre el café y la lectura y las imágenes y la simpleza matutina, lo que siempre había estado buscando para crear. El otro día recordé gracias a una conversación en el transporte público “A room of one’s own” de Virgina Woolf, y entonces todo tuvo sentido. Había escrito una pequeña biografía para un trabajo y me di cuenta de cuántas veces he crecido gracias a poder vivir un espacio a solas. Han sido pequeños rincones que se construyen sin que uno se de cuenta, silenciosos, sin nombres ni forma, lugares donde uno es su propia autoridad, su jefe y su anarquista y su beneficiario y su víctima. Era eso. Hablé con una ilustradora sobre el proceso creativo, hablé con una socia sobre hacer lo que amamos, pude pensar en ciertas cosas gracias a seres humanos que me comparten algo de su tiempo y me devuelven alguna cosa a partir de lo que digo, y nos decimos juntos. No es que sean todos momentos epifánicos, todos grandes revelaciones. Son mínimos, una especie de miniatura como los genes que no se ven, no se sienten,  no se tocan pero le dan forma al mundo, y a nosotros.  Esos ratitos de claridad en el propio caos le dan sentido a todo. En mi infancia sucedían en el escritorio, luego en una habitación, después llegan muchos escenarios nuevos “uy, ser adulto”  y llega también el reto de crecer en pareja y lograr mantener esa habitación como propia. Lo siento amor, te amo pero este es mi lugar. Y no es que no quiera invitarte a pasar una noche, dos una semana, pero luego tendrás que irte. Y todo aquél que lo pise eventualmente tendrá que irse porque es un mar donde las burbujas que uno respira son de soledad, y sin esa soledad uno se asfixia. Y ¿cómo voy a amarte desde la asfixia? Y ¿cómo voy a amarme a mi?

DSCF6353Virginia Woolf decía algo parecido a “Les dije que bebieran vino y que tuvieran una habitación propia”. Hablando de las mujeres, considerando que su trayectoria en las letras era desigual a la de los hombres. Considerando que las mujeres no tienen espacios propios en donde imaginarse qué tipo de ser quieren ser. Los cuartos de una casa llamaban a la mujer a atenderlos, limpiarlos, llenarlos de muebles, niños, comida, ropa limpia, una base para la sociedad tendrá que llenar ese hueco, y se llena con todo eso que sale del cuerpo de la mujer, de su trabajo, su cuidado y su vientre. Si los vasos le dan forma al agua que contienen, supongo que los lugares en los que vivimos también nos dan forma y sentido. ¿Es una casa para una familia el único lugar que una niña puede soñar para sí? ¿Es una oficina? Supongo que si pudiéramos soñar de niñas con más espacios donde ser, podríamos construirnos de muchas más maneras, no lo sé. Pero como artistas, o como seres creadores, necesitamos espacio. También tenemos la tarea de imaginar y diseñar nuestro modo de crear.

Un artista y un creador comparten la constante de tener referentes, maestros, modelos a seguir. No es cualquier cosa, a tu vida pueden llegar personas que querrán enseñarte cosas, pero siempre uno acaba eligiendo de quién aprender. No se puede obligar a nadie a que tome de tí algo que valoras, tampoco pueden obligarte a tomar algo que no quieres. A veces unos minutos con alguien te enseñan mucho, también, y en secreto te vuelves un alumno por un tiempo. Pero en la habitación propia del creador no puede haber otras voces que quieran imponerse, ni maestros que se instalen a mirar y juzgar nada. Si lo que digo, hago o no digo se vuelve una y otra cosa, no le toca a nadie evaluarlo, al menos hasta que acabe la gestación. Ya tenemos bastante introyectado el “deber” que el mundo le cuelga al sexo, a la condición social, al lenguaje que usamos. Y está el juicio, y el prejuicio, y la creatividad no sale cuando hay tanto ruido afuera.

En ese lugar se le da sentido al mundo. Uno se vuelve mucho de lo que logra elaborar sobre el exterior. El sitio que ocupamos, la zona a donde queremos movernos, la manera de bailar, lo que usamos para decirnos, nace y se gesta en gran parte ahí.

Viento

Hice el cuadro del vestido pensando en las mujeres suicidas de mi familia. Usé unas gasas para curar y puse muchas capas de pintura blanca encima. Usé mucha pintura toda del mismo color. Lo hice desde la soledad acompañada de mi habitación propia. Tomé ideas, aquí y allá. Tiene una flor de color rosa que le puse en el vientre. Elisa, el antepasado a quien lo dedico murió envenenada con arsénico después de una decepción amorosa. Siempre me pregunto de dónde viene ese hueco tan grande que imaginamos tener cuando se nos rompe el corazón, ¿por qué parece que no hay contrapeso cuando la vida que imaginamos en función de otro se esfuma? Quizá no tuvimos el tiempo o el espacio para hacer a un lado el mundanal ruido, y construirnos a nosotras mismas como el ser que podemos, cada quien a su ritmo, desde su propio cuarto, imaginado, de madera o de ladrillos. Hombres y mujeres.

Me pregunto en qué medida el mundo está construido a partir de las verdades que se encuentran en los rincones solitarios de la gente. Yo los celebro.

Anuncios

Have you been there?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s