Retazos cotidianos

I

El otro día soñé que tenía las rodillas muy huesudas. Y tenía frío. Entonces me ponía unas mallas hechas de carne tibia. ¿De quién era esa carne? No lo sabía, pero se sentía bien. Al despertar toqué mis muslos y mis rodillas. Aquí están, -pensé. Hace mucho que no bailo, y que no me muevo. A veces me entran cosas, cosas como olores de la calle, o de las nubes, y me dan ganas de bailar, como el otro día que hice este video para mi amiga I. Otras veces nada, me conformo con ver la danza citadina de cada día.

II

Hoy en el transporte público una muchacha me sonrió mientras yo pedía a una señora que no obstruyera el acceso a un tubo de apoyo. La señora no respondió. Sólo frunció el ceño, y se volteó, y no dejó de obstruir nada. Pero la muchacha y yo entablamos una larga conversación sobre la amabilidad, y el ir tantos tan juntos en un solo espacio, y ser tan despreocupados del bienestar del otro. Somos muchísimos, en una ciudad habemos suficientes manos como para hacer de la vida de todos un algo más armonioso, menos hostil, menos solitario. El transporte público podría ser un espacio de convivencia entre amigos fugaces. Quizá no, quizá exagero. Pero cuando nos veo acudiendo todos al destino diario pienso en que somos potencia y energía que podría volverse un poco más de cariño en conjunto. Un poco más cuidarnos los unos a los otros. Dos extrañas dijimos todo esto en el transporte público. Los demás escuchaban, y bajaban la mirada. Yo pensé ya muy al final, que estas ocasiones sirven para sembrar algo de reflexión en todos nosotros. Escuchar lo que el otro, el extraño tiene para contar… Entonces dijimos que nos tratamos como si al lado hubiera alguien frío, seco, malvado. Pero no es así, seguramente todos tenemos algún sueño, todos damos algo de la propia vida por amor a alguien, todos quisiéramos una vida linda para quienes amamos. Y todos amamos, o deseamos serlo. Ví a una señora a nuestro lado, con la mirada baja. Y un silencio entorno nuestro. La muchacha y yo nos despedimos, y yo me quedé muy feliz. Pensando todo esto. Palestina y sus fotos, y saber lo complejo del terreno lo dejan a uno pensando y sintiendo. ¿En serio no podemos ser un poco más cuidadosos, compasivos, atentos al otro…? Qué lejos esa sangre. ¿Y acá?

III

Me gusta hablar de Espora más que de cualquier otra cosa en el mundo. Me gusta sobre todo entrar al diálogo diciendo algo como ¿te gustan las plantitas? ¿qué plantas tienes en casa?. Es distinto a cuando intentaba convencer a todos de algo, como algo ecológico. Ahora entro por las pupilas imaginaria del verde llamativo, y cuando estoy ahí, en el cable del diálogo, me brillan los ojos. Digo todo cuanto puedo, y si alguien tiene dudas sobre sus plantas escupo todo lo que sé, que es bien poco. Y entonces digo, ¿quisieras una pequeña planta de jitomate? y si mi interlocutor está vestido de oficina, y me dice que sí, que sucede frecuentemente, entonces los ojos me brillan aún más. Espora incepciona plantitas en los edificios de cristal. Me gusta pensar que pase lo que pase, hemos sembrado alguna especie de semilla en lugares que no imaginábamos hace años. ¿Espora podría ser la vida misma, luchando por reproducirse, como un meme complejo complejo, a través de las emociones de cinco chicas… ? ¿y si somos solamente vehículos de esporas hechas de información?

Me voy a la danza, y a Wim Mertens. Ha sido un largo día…

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