Por qué “indignarse” no es suficiente

DSC00462

Cada vez que una tragedia pasa desorbitamos los ojos, y decimos un “qué barbaridad”. Y vienen las canciones de siempre, las marchas de siempre, las propuestas de siempre.

Salir a la calle está bien. Está más que bien en una sociedad como la nuestra, con tan bajos niveles de participación. Saber que otros piensan de la misma forma nos da fuerza. Es una herramienta, entre muchas, que también sirve de desahogo, de catarsis. Incluso para muchos, es la única forma de involucrarse. Marchar atrae la atención internacional, importante para los políticos que necesitan hasta cierto punto, estar “limpios” ante los medios de comunicación comunes y corrientes, por no decir vendidos.

Pero marchar también tiene matices tramposos, como pensar que la unión colectiva puede y debe darse en términos sólo de reclamo, de señalamiento a un otro. En pocas marchas he visto, o escuchado consignas como “nosotros, el pueblo, les soltamos las riendas, somos responsables de su desmadre”. No he visto que nos asumamos como agentes corresponsables. A pesar de que seguramente muchos lo piensan y lo aceptan, ello no se vuelve un discurso, ni parece darle poder a la aglomeración.

Sin embargo yo creo que si pudiésemos aceptar más que ante el desastre gubernamental somo cocreadores del desastre, también podríamos imaginar más formas para reparar el que es reaparable, y evitar el que viene. Eso nos haría ver que somos capaces, que nos toca, que nacimos con muchos derechos sí, que hay que demandar, de la misma forma que se nos pueden demandar más obligaciones, como participar en la democracia de formas más activas, que el fatídico teatro electoral donde como bebés decimos “sí quier de esta papilla, no de esa no”, “de esa fuchi”, sin decir, esa papilla apesta, pero puedo prepararme otra, o participar en la construcción de aquella.

Creo que caemos fácilmente en el ritmo de participación en la vida social y política que otros nos imponen, y lo aceptamos porque es muy cómodo criticar los sistemas administrativos, de seguridad, de desarrollo o decrecimiento. Luego nos quejamos del efecto que provocan nuestras omisiones en la vida política.

Hay muchos, “yo no quiero ser político”, “yo no quiero ser funcionario público”, “yo no quiero ser burócrata”. “Que se encarguen ellos que para eso les pagan”.

Es importante y urgente salir a la calles a ver que no estamos solos. Pero si después de años de marchar seguimos viviendo de la misma forma, usando el tiempo de sobra de nuestras vidas para “protestar” nomás, estamos dejando de fuera muchas posibilidades que en diez años podrían ser la causa de mayor justicia, eficacia institucional, y dicha social.

Si después de una marcha se vuelve a los mismos trabajos, a hacer las mismas cosas, a salir al cine los fines de semana, de vacaciones de vez en cuando, a las chelas de los viernes, las fiestas y los conciertos, los puntos de absorción de los salarios destinados sólo al placer, a pasarla bien, a hacer como hacían nuestros padres, a soñar con adquirir cosas, a hacer lo mismo que hicimos hace diez años, no podemos esperar exigirle nada a nadie.

Por que además de exigir a los políticos nos toca construir una clase política distinta, construirla en nuestros términos, bajo nuestra vigilancia, con nuevas exigencias. Seguir aceptando los discursos baratos de desarrollo económico de hace dos siglos de los políticos no sirve. No sirve postear memes de tal o cual presidente. Hay que hablar más, reunirnos más, probar y equivocarnos más.

Si no conocemos al vecino, si no hablamos con los que no pertenecen a nuestro círculo cómodo, si no enseñamos lo que sabemos al que necesita aprender, si esperamos sólo pagos en cheques y nóminas a nuestros esfuerzos, si solamente podemos imaginar la vida que nos prometieron antes de entrar a la universidad estamos perdidos. Si no somos capaces de organizarnos, aunque sea en células pequeñas para detonar acciones que vayan educando, abriendo espacios para otro mundo suceda.

Nadie de arriba ni de al lado va a venir a darnos el tiempo, el dinero, el espacio, para revolucionar la vida. Por que eso es lo que nos toca hacer a todos los que pensemos que tenemos que actuar distinto.

Pensarnos inútiles ante el desastre es hacerle el juego al enemigo. Pensar que sólo en sus términos ocurren los cambios, que los caminos conocidos son los únicos que funcionan. Creerle a la cultura de culto a la mediocridad en donde no podremos nunca mejorar nuestra propia vida, ni pedir ayuda, ni unirnos con otros para proponer algo, ni experimentar, sin defender con herramientas concretas las causas que quejan a los más débiles, es darle fuerza a la ignorancia que nos duele.

¿Por qué si te enseñan algo en una ecsuela no puedes compartirlo con otros? Aunque no seas maestro. ¿Por qué no pides ayuda si no sabes cómo iniciar un proyecto? -Por que nos da miedo aceptar que no sabemos. ¿Por qué después de ver las noticias no vas a la mesa y te sientas y piensas qué puedes hacer para vigilar la destinación de los recursos que acabas de ver que se malversan?.

Somos MUY poderosos, pero nos empeñamos en negarlo porque es más cómodo ser la víctima que intentar ser el escritor de nuestras propias historias. No es fácil soñar con otra cosa, con algo nuevo, imaginarlo también es un trabajo. Diseñar fomas para hacerlo es otro. Pero no podemos pensar en trabajos que no sean aquellos que nos enseñaron que eran dignos. Eso también debemos traerlo al mundo real.

Saldremos a marchar hoy, las veces que sea necesario, pero si después de las marchas seguimos viviendo de la misma forma que antes, perdemos tiempo. Jugamos con la emoción de los que han tocado fondo y nos necesitan no exigiendo sino construyendo otro mundo. Jugamos al héroe posmoderno de cinco minutos que obedece las reglas y protesta cuando y cómo se le dice. Dedicar la vida a armar nuevos sistemas no es fácil, pero es urgente.

¿A trabajar, México?

¡No a la sumisión como forma de vida, no al imperio de la mediocridad! Que salir a la calle sea la punta del iceberg de un trabajo profundo de cambio social.

Anuncios

Un comentario en “Por qué “indignarse” no es suficiente

  1. No quiero poner comentarios extras. Solo decirte que concuerdo completamente contigo. Gracias otra vez, por ideas y reflexiones que me ayudan a encontrar más puntos de vista y esperanza 🙂

Have you been there?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s