Abismos en la ciudad

Primer acto

Entramos en un callejón lleno de verduras en cajones, son las 9:00 de la noche y por azares del destino entro a conocer a unos comuneros de un barrio de Coyoacán, durante una de sus reuniones. Resulta que como muchos otros grupos en rezago en nuestra ciudad están siendo víctimas, además de la marginación, de la falta de oportunidades y recursos, de las afectaciones que las nuevas reformas a la norma 26 (de construcción de vivienda supuestamente social, y uso de suelo por constructoras privadas) están provocando en toda la ciudad. Veo a los señores sentados en bancas de madera. Se ven cansados, después de sus jornadas de trabajo y tienen caras de enojo y desesperanza.

Segundo acto

Es otro día de una semana larga de visitas a diferentes comunidades de la Delegación. En una reunión con vecinos que pueden fácilmente considerarse de buena posición económica y social, escribo notas en mi teléfono sin mirar a los asistentes. Los peores problemas con los que se enfrentan: el ruido de los comerciantes de la calle, los ambulantes que “invaden” las plazas y el mal uso de los recursos en la administración local. “Quiten a los ambulantes”, que se ven feos, que se ensucian las calles. Yo tomo un trozo de queso manchego de un plato, sigo escribiendo y pienso: ¿y la raíz de esos problemas?. ¿Serously? Eso es lo que consideran problemas…

Tercer acto

Vuelvo a casa un día a la noche. No puedo transitar por el tramo que va del transporte público de las afueras de la ciudad hacia mi casa a pie así que mi pareja tiene que recogerme en un punto previamente acordado. Cierro con celo mi mochila antes de bajar del vagón. Miro a mi alrededor para cuidarme de un posible asaltante. En esta ciudad monstruo, yo, Isa, temo ser asaltada durante buena parte del día.

Explosión después de estos tres actos

Ese entre muchos otros miles de problemas podría enumerar para exigirle a un político que resuelva las cosas.

La cuestión es que si fuera hija de un comunero, pediría educación, acceso al agua, limpieza en mis calles, seguridad para mi y mi familia. Y tal vez, como me ha tocado escuchar de algunas personas de zonas en barrios marginales, pensaría en cómo resolver el problema. Sería urgente, pues no tengo agua, ni alimentos sanos, ni tiempo para educarme ni oportunidades para mejorar mi calidad de vida. Si fuera hija de un comunero, y tuviera que vender pulseras en la calle, un señor de clase alta me consideraría un problema. Pediría que se me metiera a la cárcel, o se me multara.

Pero mi problema no es que puedan asaltarme en el tramo inhóspito que va del transporte a la puerta de mi casa, en una zona diseñada para los coches.

Mi problema es que no entendemos todos, con mayor responsabilidad quienes tenemos acceso a una educación, que los problemas de la ciudad no son pequeñas cosas que podemos resolver “siendo buenas personas”. Que debajo de la violencia hay pobreza y desigualdad. Debajo de la pobreza hay corruptos que roban dinero. Debajo de los corruptos hay una profunda ignorancia académica y espiritual que impide plantear verdaderas soluciones a los problemas de una ciudad. Que cada día se multiplican seguramente por miles.

La semana pasada tuve oportunidad de asistir a un foro sobre mega proyectos de construcción bajo el amparo de la norma 26 y las zodes y salí fastidiada y harta porque seguimos hablando de “desarrollo”. Porque hay quienes piensan que el empleo, no importa cuál sea, es una solución a la pobreza. Aunque éste consista en producir productos nocivos para la salud, o en participar en procesos de producción nocivos para el medio ambiente. En empleos cuya formación requiere hacer de lado aprender muchas cosas que mejoran y amplifican la capacidad de análisis de las personas. Y que pensemos que la única opción de sutento para una familia tenga que ver con las opciones de producción que no son sustentables y que sólo son mano de obra barata para marginados. ¿Y la sustentabilidad humana y ecológica dónde queda?

Hay quienes piensan que contar con un centro comercial (ay, cómo me enfurece esto) es más valioso que contar con una área verde. Hay quienes piensan que poner un estacionamiento beneficia a un barrio. -Beneficia a los que tienen coches. No piensan en cuánto afecta a la vida urbana que haya tantos automóviles. No tenemos pretexto de decir que vivimos lejos de donde trabajamos, porque poseer un coche es participar del caos vial y la contaminación, y quizá a un nivel personal no mejora más que la experiencia de los individuos, pero he ahí el problema: en una ciudad los problemas no son individuales, nos pertencen a todos. Y no se resuelven “haciendo lo que nos toca” porque “lo que me toca” acaba siendo obedecer a un trazado social y urbano que algunos diseñaron para su propio provecho sin pensar en eliminar los verdaderos problemas sociales. Y en su trazado nos meten a todos en su cajón, con sus reglas, y parece que pagar impuestos y obedecer las señales de tránsito nos vuelve héroes. WTF. Y de esto va mi post.

Mientras nuestra problematización de lo que ocurre en la ciudad y de las cosas que nos afectan, no considere las necesidades vitales de los otros con quienes compartimos esta tierra, estamos fritos como sociedad y como ciudadanos, y como padres de familia que estamos enseñando basura a nuestros hijos. (Yo no tengo hijos pero mis actitudes influyen en quienes me rodean, por lo tanto participo de la reproducción de una cultura).

Porque muchos problematizan en función de lo inmediato, de los privilegios que queremos tener, (que muchas veces no consideramos como tales, por ejemplo, contar con agua, alimento, techo o educación) o en función del resquemor en sus lagunas de comodidad, sin pensar en cuánto cuesta en términos vitales eso a lo que tenemos acceso que constituye la normalidad para una persona de clase media. Pero son cosas obvias: si promueves un sistema social que excluye a tantos, acabas por tener que poner bardas cada vez más altas en tu casa. Y a eso le llamas “seguridad”.

La injusticia y la desigualdad tienen una raíz, de entre muchas, que crece en el tejido urbano. En cómo están trazadas las calles, y cuánto se promueve la convivencia, la educación y la sabiduría humana. En la rudeza de las bardas de casas que por la inseguridad de afuera se vuelven fortalezas con vigilancia las 24 hrs. En que no haya espacios para que los jóvenes desarrollen lo que quieren ser. (Que no sólo son las escuelas) Porque en muchas zonas, la gente acaba siendo el resultado de un diseño urbano de antros, bares de chelas, centros comerciales y vías hechas sólo para autos que sólo fomenta el abismo entre el ser humano y su entorno real, SOCIAL inmediato, y con ello se acrecenta la ignorancia sobre las problemáticas sociales que acaban afectándonos a todos.

Si sólo pedimos rendición de cuentas a los gobiernos local o federal, sobre las cosas que sólo nos afectan a nosotros, merecemos la corrupción que nos pudre en lo cotidiano. Esa es la política y la participación ciudadana que fomenta a los gobernantes ineptos, egoístas y rateros que tenemos: pensar sólo en nosotros mismos. Pensar que el bienestar, si no es comunitario, si no se cimenta en prácticas sostenibles, no es bienestar: es atole con el dedo. Y creo que ya estamos bastante empachados.

DSC02454 DSC02461Y éste fue mi post enojado en tres actos y una explosión de frustración y fastidio. Pero no se crean, poque ya estamos trabajando en abrir una red de centros comunitarios y en seguir promoviendo los huertos urbanos.

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