La estrategia de la ruptura

Miré a las chicas a través de la ventana largo rato. Pagué, entregué las notas, hacía frío afuera. Ellas son como versiones desprendidas de una imagen propia: unas se mueven bien, no puedo ver su rostro, otras titubean, ¿era otro paso? miran a las demás, repiten desde el inicio la secuencia. Todas son distintas, pienso, mientras las espío por la ventana y los espejos, y añoro -como cada vez, bailar “de nuevo”, porque siempre, todo el tiempo la danza es abandono, -hasta hace poco.

Siempre hice de la duela una tortura, aunque suene obvio el juego de palabras: la duela duele, porque el espejo enfrente, porque toda la vida es un espejo. Demasiados espejos, demasiadas metáforas: sostener: contraer, recuperar: recuperarse: saltar: atreverse: soltar: vivir. Respiro. Tengo que dejar de interpretar los movimientos. El aire de la calle es frío: las estaciones ya no existen como las esperábamos. Poco a poco después de la separación voy encontrando más indicios del constructo esquizofrénico que hice de mi vida: me hice demasiados canales, demasiados lugares-desde-donde, demasiadas voces, proyectos, notas, obras sin concluir. Demasiadas yo abandonadas en distintos sitios. Todas distintas. Todas están ahí en el salón intentando coincidir en algo: en la coreografía de mi propia vida. Incluir en un sólo momento, aunque sea, a la que baila, la que escribe, la que quiere cambiar al mundo así y asado, la que quiere ser protagonista y héroe de su propia historia.

Creo que escribo, -cuando no aquí, mi diario, una reseña, una nota, en el trabajo, para no sentir que me desintegro: todas las yo son volátiles y se detestan la una a la otra. Siempre están todas queriendo irse.

El héroe siempre se va para volver un día transfigurado. En el intrincado complejo, caótico mundo, quedarse en el claro en el bosque es impensable. No se trata de eso la vida. Se trata de gritarle a los dioses y de romper cosas. De romper cosas, y cuestionar el orden. Y llorar en medio del desastre doméstico que resulte de ello. Siempre es más fácil irse así. Que todas mis yo sean partícipe y testigo del desastre, para que no cuestionen, que no se piensen que no fue cierto, que no se inundó la casa y acabó destruida, para que no quieran volver.

A todas ellas las encuentro, me estaban esperando. We broke the world again. Entro a una librería, compro un libro de los que siempre quise, una categoría infinita que conviene considerar para valorar la vida entera. Me siento en el piso a mitad de un concierto underground y cierro los ojos para quedarme en otra parte. Posteo cosas sin parar durante horas y respondo a múltiples comunicaciones: eficiencia, velocidad, furia, voracidad. Camino rápido, muy rápido, hasta sudar y romper los récords que mis gadgets registran. Los mensajes religiosos de quién …. cada mañana y cada noche se asoma a este lado del mundo y me hace sonreír. La novela que molesta tanto ahí, encarpetada, dividida en capítulos que no sé cómo conectar. Esto fue lo que hiciste Isa: separarlo todo en cajones diferentes como si cada estaño de la vida fuera repelente de los otros.

¿Por qué Pizarnik no pudo recuperarse nunca? ¿qué busqué para encontrar en su voz? Los momentos más prolíficos de letras en mi vida son siempre, las tristezas. Aunque claro, una vez que se agotan uno a uno los recursos literarios para personificarlos y volverlos parte de un relato personal, se va volviendo más difícil siempre ser demasiado dramática, hasta que no se llora tanto, ni se rompen macetas cada día, sólo se ponen con más fuerza los ojos sobre el mundo y sus cosas. No se puede usar dos veces un mismo recurso en una obra. Antes había en los relatos de los otros depresos, (depresivos no suena tan bien como depreso, depreso es una palabra que inventé hace días, por si se preguntaban). Había en el relato de la melancolía, en su uso literario, una fuerza inspiradora, ahora no más. Uno también se aburre de la tristeza que no acaba. Que no se transforma en otras cosas. Hoy España. Redes, no parar el trabajo, ganar por encima de las mafias, bailar, te vamos a quitar de donde estás, nuevos comienzos, nuevos cuerpos incluyendo el mío. Y todos los dedos ocupados en trámites, que rápido, igual que como camino resuelven cosas, sin parar. Cambia la manera de darle sentido al mundo.

Sólo era poder ser capaz de leer con todos los lentes con que he aprendido de la vida, lo que tenía delante. Hallarle sentido. Escribirlo. Decir: esto se parece a un… como cuando era una máquina de metáforas. Buscaba eso. Todavía estaba aquí, no se había ido, pero algo en la vida quieta y blanca no me dejaba verlo, ni bailarlo, ni escribirlo.black2band2bwhite2bseacoastclouds2btlg2011

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