Votar o no votar, ¿o construir qué?

Si me preguntaran, ¿cómo te gustaría que fuera un plan de gobierno local?, o ¿qué espero de la agenda de mis representantes en la cámara? seguramente haría una carta a santa clós muy larga.

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Pediría que hubiera un reordenamiento urbano. ahhh, el diablo!! que respondiera a la urgencia civilizatoria producto del caos sistémico que vivimos. Que se reubicaran los empleos, que se abrieran más escuelas alternativas, que se donaran o prestaran terrenos para crear huertas comunitarias, centros sociales en todas las colonias donde los vecinos pudieran decidir qué hacer, si tejer, si producir software, si generar programas sociales, si hacer cerámica, o cosas que les hicieran felices, aunque no produjeran “riqueza” como la entendemos.

Pediría que se sembraran más árboles y se le diera prioridad al peatón, que se cuidara el terreno donde se desarrolla la vida: espacios recreativos, cafés, teatros, escuelas de arte, centros de inclusión social, (ancianos que enseñan cosas a niños, jóvenes que aprenden oficios de adultos, madres que conviven con padres, sectores distintos conviviendo). Que se dejara de aplaudir y fomentar el uso del automóvil.

Que todos tuvieran derecho de hacer una pausa para preguntarse qué les hace felices, y no falte alimento, techo, salud, opciones. Que se planteara el desarrollo como OTRA COSA, que no tiene que ver con dinero. Que se cuestionara el modelo de progreso que seguimos como ovejas perdidas. Que se mejorara la alimentación, que se castigara carísimo el daño ambiental. Que por cada cárcel hubieran diez centros de formación y apoyo comunitario. Para que el crimen no se castigue sino que se deje de sembrar.

Si me preguntaran, le pediría a los políticos que el mundo cambie de tajo. Que las instituciones cambien, que la corrupción se acabe, que el amor y el servicio predomine por encima del interés privado. Que velar por el bien colectivo por encima del individual sea la constante, lo que se aplaude, lo que nos anima.

Pero eso no va a ocurrir ahora. Lo más que puedo hacer para que el mundo sea como yo pienso que tiene que ser, es además de formar un centro comunitario, de crear colectivos de trabajo comunitario, de generar intentos de empresas sociales y compartir lo que sé, y seguir aprendiendo, es ir hacia donde las tendencias políticas que pueden en algún momento en el futuro ser bastiones de cambio, y empujar hacia donde muchas más personas queremos que se empuje.

Esperar que el mundo cambie y sea lo que queremos sin meter las manos y arriesgarnos a inspirar a otros a que se vuelvan motores para volverlo eso que queremos es actuar como bebés. Ni votar, por sí solo, es solución. Ni dejar de hacerlo genera ninguna protesta. Pero en algunos lugares, con algunos casos, con buenos representantes, votar puede ser útil. Votar puede ser, por ejemplo, en Coyoacán, votar por que la mafia perredista (una que asusta mucho, de la cual les contaré después) se vaya.

No votar, según dicen quienes válidamente lo consideran una opción, es otra protesta más. Como si la vida entera no fuera un escenario para la protesta. Como si no tuviéramos manos para construir poco a poco otra cosa, la que queremos. Porque no va a llegar sola. Caer en idealismos sobre lo que “deberían ser” las instituciones, sin trabajar para formar nuevos elementos que las renueven, es llorar como un niño cuando no sale en la TV la película que querían ver.

México está dividido. No somos lo suficientemente inteligentes colectivamente para formar un frente que “tumbe” nada. Porque el poder enquistado, con sus prácticas, las mismas que reproducimos a escala en lo cotidiano, construyó junto con nosotros un sistema de vida que nos inmovilizó y nos ató a la hipoteca, al trabajo seguro, a la rutina obligatoria que nos quita tiempo, vida y nos hace temerle al poder propio. Quizá no lo hizo a propósito. Lo más puristas del estudio social, se preguntarán ¿quién es exactamente el poder enquistado? -Ése que hace del sobre análisis su mejor arma para poder hacer buenas preguntas sin dejar fuerzas para los ánimos que CONSTRUYEN con sus manos las respuestas. El mismo que nos impide aprender a trabajar juntos, el mismo que castiga la expresión y que genera protestas vacías y llenas de llanto y odio. El que debilita a la gente quitándole espacios para fortalecerse como comunidad y como individuo. El que fomenta su desarraigo, si anquilosamiento.

Formar otros partidos. Formar otras voces, Educar para otra democracia. Formar otras organizaciones. Salir a la calle y discutir con los vecinos. Celebrar la vida comunitaria. Intentar cosas. Equivocarse. Participar de lo colectivo: de las decisiones, el aprendizaje, el servicio, la vigilancia de lo público. Ponernos a trabajar. A trabajar para la vida. No es solamente votar, es cierto, pero solamente no votar… solamente criticar al “poder”. Los espacios de poder se alimentan de vacíos de poder. Alguien tiene el poder, poque alguien más no lo tiene. Nadie nos impide ahora formar un movimiento, quedarse a volantear después de una protesta para invitar a una asamblea. Generar canales de comunicación y participación ciudadana más efectivos. Estudiar los errores de los intentos pasados. Usar el tiempo de vida que tenemos para convertir todas las protestas en una acción que tome toda nuestra vida. Nadie nos obliga a no saltar a hacer lo que queremos. Nadie nos obliga a comprar un coche, a soñar con comprar, en vez de soñar con amar más o mejor. Nadie nos impide servir a los otros. Nadie nos ata las manos. Sólo nosotros.

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Yo voto por morena, donde me toca. Porque tengo la fortuna de verle de cerca. Y encuentro en el cerco informativo una de als más grandes razones por las cuales algunos no lo apoyan. Me gusta discutir con los anulistas. Respeto y admiro a gente en otros partidos. Tampoco creo que un partido sea la gran cosa. Sólo cajas, sólo nombres, la gente es lo que importa. Pero mirando los reflejos de otros países, conociendo la capacidad de respuesta de una ciudadanía crítica y organizada, creo que en algunos años, si mucha gente participa, puede haber otras voces en las cámaras. Pueden revertirse ciertas reformas. Podemos empezara hablar de cambios civilizatorios, por encima de cambios políticos. Del ser humano, y no de cosas.

Nadie me va a preguntar cómo quiero que sea el mundo. Yo tengo que nombrarlo. Y escuchar lo que otros tienen para nombrar. Y si logramos coincidir y dar un paso juntos, aunque sea pequeño, estaré satisfecha.

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