I’m sorry darling, I married myself first -Sobre los rituales creativos

Recuerdo una discusión de pareja que tuve en un café del barrio Almagro. Había despertado después de una noche intensa, estaba cansada, y no porque hubiese sido una noche de sexo pasional, sino porque mi cabeza no paraba de dar vueltas sobre cualquier cosa escupiéndome frases que sentía que tenía que escribir porque eran parte de LA novela. Pero el cansancio de dar vueltas sobre Buenos Aires todo el día me tenía exhausta. “Necesito escribir”, había dicho a Javier varias veces, necesito sentarme y pensar. No era tener veinte minutos extra en un café. ¿Por qué parecía un lujo incomprensible? un acto aburrido. No era el rato de la mañana que lograba salvar de la rutina, ni la noche fatigosa en que había que aguantar para no quedarse dormida, tiempos suficientes para escribir me. Pero Javier no entendía, y la cuestión es que yo tampoco lo entendía.

Discutimos ese día sobre metodologías de medición de estadística. Compartir “Esto es lo que me apasiona”, sí, pero yo pensaba, ¿por qué te apasiona?. ¿cuáles son esos pequeños códigos inscritos en un tema que se conectan con tu humanidad? ¿sobre qué códigos leo tu humanidad ahora?, lo miraba con la angustia de estar perdiendo mis frases nocturnas, si no las escribes se te van por el caño, pensaba, y en efecto se fueron todas, en la discusión sobre líneas, números, comparaciones entre datos de un grupo A y un grupo B.

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Las pistas del camino..

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Entonces no lo tenía tan claro, me sentía loca, inestable defectuosa, pero escribir de manera decente requería de buenos ratos de preámbulo. Y sin eso uno se asfixia. Se necesita de tiempo de calidad como para hacer el amor, para decir algo inteligente. Y yo quería escribir. También las otras dos, ¡pero escribir! escribir no era sentarse y en el automatismo que podría permitirnos hacer una ecuación, soltar lo que sea para decir lo que sea. No sabía cómo hacerlo tampoco. Tenía un estudio enorme donde la posibilidad de crear estaba inscrita en cada rincón. Todo excepto el tiempo para lograrlo. ¿Por qué no estás escribiendo? me decía Sergio desde mi cabeza muchas noches. -No sé por qué, pensaba yo con angustia. ¿Y si escribir es algo que se seca cuando ya no tienes más belleza qué ser capaz de ver en la vida? “Tienes todo, pero no tienes nada” es la frase cliché que puede resumir mucho de la época de sequía. La noche que pasé adentro de mi cabeza me cambió el rumbo. Era el segundo momento de revelación, después de sentir que mi vida no era un trabajo estable de oficina, en una casa estable de oficina, en un office-love. En un cuerpo de oficina que administra su tiempo y su energía internos para sobrevivir a la madeja urbana que la ciudad hace de nosotros.

Este momento era un grito hacia adentro. La revelación de saber algo, sin saber qué es ese algo. Hubo indicios: me crucé con algunas cosas, algunos libros, palabras, calles, eran todas pistas. Hay momentos en la vida en los que adentro se siente una nube oscura, no en el sentido negativo, sino en el sentido de una condensación del yo y el mundo de afuera. Crear es eso. Sentirse conectado con todo a partir de una voz propia, que nombra y es nombrada, y que marea tanto como una botella de vino o dos. Y que perfuma todo con sus tentáculos de sentido. Yo pensé que sabía hacia dónde iba, y que sabía qué cosas quería hacer. Pero terminé reencontrando esa nube condensada, y no era ese el plan. Creo que seguir las intuiciones y los golpes en los pulmones, -eso que sientes cuando te sabes empujado a ir hacia un lugar irracional, con mucha fuerza, nos lleva hacia donde realmente tenemos que ir. Lo siento ex pareja, ex vida, ex yo. Si uno no vive desde su centro auténtico acaba por construirse cáscaras falsas en todos lados. No era con mala intención. No era yo.

Ahora comprendo que los rituales son importantes. Como respirar. Sin ritmo no se puede ir hacia adelante. He evitado leer en el pasado sobre hábitos de artistas o escritores porque sentía que uno se pone encima gestos de otros para lograr cosas y eso no se siente auténtico o sincero. Pero ahora entiendo un poco sobre lo imprescindible de los rituales. Levantarme temprano no es un defecto. Pasarme horas leyendo, viendo videos y oyendo música sin orden no es ocio. Darme tiempo de digerir el mundo no es un lujo. Todo es materia de trabajo, de trabajo creativo. La propia comprensión de los procesos es lo que da forma a la obra, al trabajo personal. Hay que darse espacio, burbujas de cocción, para recodificar todo a partir de los nuevos símbolos y sus interacciones.  Espacio para la síntesis y la gestación. Yo no podía decir a nadie, ni a Javier, ni a los amigos, ni a los jefes que abandoné, sobre esto, porque las intuiciones no se traducen de inmediato en un lenguaje comprensible. ¿Cómo decirlo en una charla hueca de café?

-ME VOY

-Y hacia dónde vas?

-NO SÉ

Todavía no sé qué entendí de todo eso. Pero sé que el mundo está cayendo y uno tiene que seguir la brújula que se tiene adentro. Quizá nos quede solamente el placer de poder armarnos construcciones bellas a pesar del derrumbe, antes de la devastación. Al menos ahora sé que sin rituales no hay nuevas arquitecturas, y que no podemos institucionalizar las intuiciones.

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