Diario de una necia / cap. 3 EL DESMADRE

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He tenido dos revelaciones estos días, importantes para el trabajo de La Reunión. 1.-Es bueno echar desmadre y 2.- no es bueno para mi enfocarme en una sola cosa. Sobre concentrarme mi madre me lo decía siempre y muchas personas cerca también, “Tienes que hacer una cosa a la vez”. Y lo intenté mucho, pero no me funciona. Sobre echar desmadre: siempre he sido algo ñoña entonces mi concepto de diversión hace años era quedarme en casa leyendo, oyendo música, escribiendo o pintando. SOLA. Ya no más…

Bueno, todo cambia. Y entre que no he logrado adaptarme mucho al mundo convencional escolar ni laboral (ni planeo hacerlo ya) y que ahora concibo mis espacios de vida como un todo que no distingue entre trabajo, amigos, fiesta, y emociones,  estoy justificando mi “desorden” y mi caos usándolo como artífice de la creatividad para trabajar. ¿Por qué no?

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Han sido días de mucha fiesta y movimiento. Cumplir 31 pasó rápido entre compromisos de trabajo, cobertura de eventos, escribir, muchas reuniones y viajecillos. He logrado superar mi marca de aguantar dos cervezas a aguantar ¡tres!, grandes evoluciones de la vida… en serio que sí. ¡Me sirve para trabajar! La base de la organización que formamos lo dice todo “La Reunión” se trata de cambiar el mundo compartiendo la mesa, el trabajo, el tiempo, la vida. Y abrir las carpetas para trabajar temas, y abrir diálogos para construir esos temas ha tenido que ver con acercarme a muchas personas.

Gente con sueños e ideas, que se lanzó al vacío, o que creyó en maneras propias de accionar en el mundo. Pues eso, compartir, mirar a muchos a los ojos, escuchar sus historias, hablar y hablar, eso es lo que construye un proyecto sobre comunidades. Duh, gran descubrimiento…Claro, no podía seguir en mi onda de eterna eremita si estoy trabajando sobre precisamente lo contrario como herramienta para cambiar esta realidad .

DSC08028Me he dado cuenta de que a veces tengo un montón de pendientes en un día, de trabajos y tareas distintas de la vida, desde los huertos, las asesorías de cosas que doy, los grupos de trabajo donde estoy, lo que escribo, lo que reporto, ¡los amigos! y todo eso donde meto las manos y toda mi nerd humanidad. Y antes esto me causaba culpa: “me estoy dispersando”, sonaba fuerte y rigurosamente, como esa vocecita de la maestra de danza que decía que uno debe dedicarle todo a su danza, todo al oficio. Ufff… sí, debe ser padrísimo, me imagino, pero hoy no me veo sólo haciendo una cosa. Siento que todo lo que hago se comunica entre sí y se enriquece. Los diferentes escenarios donde me paro, donde me toca ser alguna versión de mi misma, todos se conectan.  Creo que nada de lo que hago parte de verdades o métodos ya hechos, todo de cierta forma se va construyendo de manera aparentemente desarticulada (pero con sentido). Uno que yo le doy, cuando quiero.

Cuando me da la cabeza. He descubierto que los ritmos de la creatividad tienen ciertos patrones pero siempre son irregulares. Para tejer proyectos, redes y comunidades se necesita dejar que cada semilla crezca a su tiempo, en su momento. Finalmente trabajar con y para las personas me ha traído -quizá a la obvia- conclusión de que lo más importante son las personas mismas, ¡y yo soy una!, así que para conectar con otros necesito poder conectar conmigo. Con mis demonios, las verdades que una va encontrando. Necesito conectarme mucho con mi cuerpo y las cosas que me pide. Conectar con mis deseos, poder elaborarlos, entenderlos. Resignificarlos, re diseñarlos. Mi sueño es ese también, para los otros: que podamos tener espacio para ser nosotros mismos, y descubrirnos cada vez más en quienes nos acompañan. Con arte, con tiempo para hacer errores, con espacio en la hoja del cuaderno para rayar y tachonear.

Encontrar nuestras propias historias de crecimiento, de lucha, nos ayuda a entender mejor las de los demás.

Mi cuarto está todo desordenado. Se llena de libritos, de cartas, de fotos, de plantas nuevas, cosas sucias, cosas limpias. Me gusta así. Me gusta tener la libertad de quedarme en casa un día si quiero, de no ir a la redacción si hay algo qué cubrir por acá o allá. De decidir si uso una bici. De quedarme a papalotear más tiempo del planeado en casa. De leer. De ver videos. Ver a todas las personas que quiero. Respirar. Crear, tomar fotos, cocinar, bailar, dibujar. Pensar. Desde ahí funciono. Ahora que tengo 31 me gustaría decir a la Isa de 18 que estaba aterrada con tanto caos al rededor que todo iba a estar bien. Que el caos construye. Que lo que no tiene sentido es tanto sufrimiento en este mundo aparentemente ordenado. Y me gustaría decirle que se tenía que haber divertido más, quizá. Pero bueno, al menos ahora en las fiestas me siento como un pez en el agua: de un río nuevo. Aunque los ríos no son siempre los mismos. Bueno al menos ahora ya no vomito en el río porqueeee puedo beberme tres fabulosas cervezas! (Niños, digan no al alcohol, yo sólo lo pruebo como divertimento social).

¡La fiesta Isa, la fiesta! es el final de la cadena del bienestar, de la vida que hacemos, como dice Jaime Martínez Luna, (de quien hablaré en el próximo post)

A veces el trabajo es esto. Ponernos dentro cosas que terminan un día por brotar.

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