Hablar de sexo, ser mujer

Obra reveladora sobre mi vida sexual en tres episodios. No sé cómo ponerle. Pero he descubierto una cosa sobre el placer que me tiene asombrada.

1er acto. El despliegue de los asombros.

Había reposteado hace días un artículo sobre masturbación femenina en mi blog que mi amiga Ileana escribió en su espacio LaLunitaenMi y algunos amigos lectores me comentaron al respecto. Parece que la palabra masturbación le pica a muchas conciencias, no es digna de un espacio respetable, que no se ve “bien”, que es mejor no hablar de ello, o referirnos al placer con risas y en voz baja. Lo que más me dejó pensando el artículo es que la masturbación debería ser algo mucho más común en la infancia, un tema no vedado, es delicado sí, pero ¿y si dejando que las mujeres jóvenes aprendieran a obtener placer por sí solas se disminuyeran los embarazos adolescentes y las enfermedades a los que somos tan vulnerables sobre todo en la adolescencia?

No lo había pensado, pero quizá por eso no tuve mucha prisa en iniciar mi vida sexual muy joven. Me bastaba sola desde hacía mucho. Y eso me ayudó. ¿A qué? Aquí viene el asunto, mientras me preguntaba para qué servía la masturbación me di cuenta de que había muchos momentos y circunstancias placenteras en mi vida que no estaban narrados. El placer que encontraba en mi cuerpo me ayudó a ser más consciente de mi misma, a saber que el placer no depende de una pareja, y a no tener urgencias propias qué satisfacer de manera descuidada. Y más, quizá, pero todo esto estaba concebido como imágenes abstractas en mi memoria.

Imágenes abstractas sin palabras.  ¿Por qué no me hablo más a mi misma del placer y la historia de mi cuerpo?

2do acto. Las páginas están casi vacías.

Z ha venido a revolucionar mucho de mi escritura y mi manera de ver la vida. El amor, la pareja y el placer siempre hacen así, pero no sé si en este caso esto se ha vuelto tan revelador por que tengo más de 30, porque me siento más segura de mi, porque cuento con amigas con mucha fuerza en su discurso y disfruto de un mar de interlocutores vivificantes, o porque Z es de otro continente y sus visiones son muy distintas a las mías. No lo sé. Pero la necesidad de compartir desde un lugar de mayor libertad para con mi memoria me ha hecho tener que narrar cosas que no tenía narradas. La interlocución ha abierto la puerta para poder ver mis historias, y verme en ellas. Y ¿qué he visto allí?

3er acto. Compartir la tinta

Mi amiga A me decía el otro día mientras desayunábamos hot cakes que leer sobre el auto placer había abierto nuevos temas en su vida. Porque el placer no es sólo ese momento de orgasmo, y líquidos, y soledad y secrecía. La realidad es que al menos en mi caso, e imagino que en el de A, el placer, el sexo, había sido una cosa que habitaba sólo los momentos de sexo. Cuando escribo de ello lo hago un poco sabiendo que la escritura sobre el sexo es un juego literario que se sube al tren del erotismo y se maneja en ese nuevo mar de tema. Pero la realidad es que no escribo tanto de eso, para mi misma. Y tampoco me pronuncio tanto mis propias historias ni las recuerdo, y no sé qué lugar ocupan en mi vida. He descubierto que las mujeres, (hablo de nosotras porque es con quienes he hablado de esto, y pues soy una, me uso de ejemplo) quizá no exteriorizamos tanto sobre nuestras vidas sexuales. Podría tachársenos de “sucias”, “putas”, porque el placer es algo que se debe habitar en lo íntimo y hay vergüenzas, o riesgos. Pero ¿y si pudiéramos ser más libres de escribir nuestras propias narrativas sobre el placer?

Y si pudiéramos contarnos a nosotras nuestras propias historias del placer, del erotismo, sin tantas influencias y oídos, y voces (ruido) alrededor.

El placer es una cosa. Pero el erotismo es una cosa construida socialmente. A veces el erotismo se vale de símbolos y formas reproducidas de manera compleja, como estereotipos y alegorías tradicionales. No he descubierto el hilo negro de nada, la teoría feminista (alguna de tantas) dice que en efecto, muchos de los símbolos eróticos más comúnmente habitados han sido construidos por visiones masculinas. (La mujer objeto que debe ser hermosa, la mujer que recibe el falo/semen, la mujer que debe servir al placer del otro o de muchos). Y así el placer parece estar mucho más identificado con imágenes y prácticas que no necesariamente dependen o sirven sólo a la mujer. No siempre somos protagonistas de las historias de placer que habitamos. 

Y más aún, no siempre somos el narrador de esas historias. Quizá sólo me haya pasado a mi. Y es a mi, que me es siempre tan necesario narrarme, que me preocupa el silencio interno sobre el placer. Una cosa es segura, y es que desde que consideré todo lo que implica poder contarme a mi misma mi memoria placentera, propia y compartida, siento que puedo escribir más, sobre muchas cosas. Y sonreír, sonreír un montón.

 

 

 

Anuncios

Have you been there?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s