Otoño. El tejido, el órgano y el día

Todavía falta para que llegue el otoño. Pero algo en las células me dice que está cerca. Lo veo en la luz del sol que se vuelve más tenue y amarilla. Las calles adquieren una tesitura diferente. Mi cuerpo baila, siempre en otoño.

En casa los frutos de la primavera fueron cosechados a su tiempo, y quedan las flores de las lechugas, de las hierbas que se reproducen. Me gusta verlas diminutas.

Las recojo con cuidado. Las huelo. Las pongo todas juntas en la mesita que tiene las cosas bellas, más pequeñas. Las plantas. Me ha dado por reproducir brotes y esquejes. siento el instinto de reproducirles, y verlos crecer, y llenarme la casa de plantas que ya no sé dónde poner.

El otoño siempre me trae cosas brillantes. Muchos ratos y caminatas solitarias, mucha música nueva. Y la danza, que regresa cada vez con mas historias adentro, y más fuerza. Ahora bailo con más certeza de lo femenino que me habita. siento más algunos de mis órganos. Toco el cambio de los músculos y la postura.

Descubro nuevas propiedades de nuevas plantas. Mi mundo es un invernadero cálido. El día es rascar la tierra, meter ramas, cortarles, mirarlas. Sobre la mesa un ramo de flores blancas diminutas me mira escribir. Y una araña se sube a mi computadora.

La ciudad entonces es una jungla un poco menos agreste. Porque el año me deja construir espacios habitables. Huecos en el ruido. Atiendo a las minucias y las letras. Ser mujer se siente bien. Estar en esta piel, cerca del otoño.

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